China obligará a los ‘influencers’ a tener un título universitario para poder opinar

Cuando uno piensa en el edén de la libertad, lo primero que te viene a la cabeza no es China. El país nipón tiene, desde hace unos años, todo tipo de políticas opresivas contra su población. No es libertad, es libertinaje, podría argumentar un ciudadano conservador de aquel país. Pero lo cierto es que China es una especie de laboratorio mundial. Las cosas más disparatadas que a un occidental se le pueden ocurrir, seguramente ya han ocurrido allí. Porque en su política de crecimiento y expansión económica nada les va a frenar, menos sus propios ciudadanos, contra los que no dudarán en emplear mano dura. Por ejemplo, se ha normalizado que miles de trabajadores hayan fallecido en pésimas condiciones laborales en medio de esta construcción masiva de China, peones que trabajan de media 60 horas semanales, se ha establecido que haya ciudadanos de primera y de segunda, con diferentes condiciones y dificultades, se vigiló con drones que los chinos permanecieran en sus domicilios durante el COVID, se han implantado millones de cámaras en las calles para controlar a la población, con el pretexto de reducir la delincuencia, etc. No hay más que viajar hasta allí para comprobar que aquello ‘es otro mundo’ y que el pensamiento local, básicamente ser un eslabón más en una inmensa cadena de producción, es la tónica. Semi-esclavitud, desde nuestro prisma.

Mercado chino en plena ebullición

Y en ese mundo todo vale para la consecución del objetivo final, que no es otro que implementarse como la primera potencia mundial. Un estado que funciona como una empresa gigante, donde cada trabajador cumple una función y nada puede fallar. En el fondo, un capitalismo salvaje por encima de cualquier atisbo de humanidad. Y en medio de esa situación, para el gobierno chino, comunista en lo social, los ‘influencers’ empiezan a convertirse en una facción molesta. Hablan de lo que quieren, comentan la actualidad, interactúan con sus seguidores, en definitiva, influyen sobre el pensamiento social, sobre todo juvenil. Así que se ha puesto coto a esta libertad. Ahora, el gobierno de Xi Jinping ha decidido tomar la medida por la que es obligatorio tener un título universitario para poder opinar. La ‘titulitis’ en su máximo expresión. Una idea un tanto clasista y poca efectiva, en vista de que pasar por la Universidad no te hace contar con un mejor raciocinio o sentido común. Abundan los casos de personas que no han pisado una facultad y son muy inteligentes y viceversa, estudiantes que aprendieron un oficio pero no se les da bien pensar ni razonar. Un parche rápido con el pretexto de luchar contra los bulos y la desinformación. En la China orwelliana, la única información posible es la que te cuenta el Estado.

En vista de que las opiniones molestan, han tomado una medida que difícilmente va a poder ponerle puertas al campo. No es de extrañar que, en vista de que no funcione, se opte por medidas más contundentes. No es de titubear demasiado el gobierno nipón a la hora de proteger su imagen pública. Es un táctica habitual del país asiático infiltrar a agentes chinos por todo occidente para hablar de las bondades de su sociedad y tapar lo que no se debe ver. Aquello de «quien controla el discurso, controla». Cada día parece más difícil ser ‘tiktoker’, ‘influencer’ o personaje famoso en un país donde la libertad no es el bien primario ni se protege, sino más bien un mal menor que puede desencadenar problemas que no estaban en el estricto guion del país.