La mayoría de ciudadanos entendimos que la Iglesia en España había pasado página. Había cerrado una etapa en su historia para seguir adelante con diferente visión de la actualidad. Entendíamos que, tras la finalización del régimen anterior, el régimen liderado por Francisco Franco, la Iglesia de nuestro país había abandonado los “pasillos” políticos. Estábamos convencidos que las sotanas habían reorientado su labor dejando a un lado labores extrañas para dedicarse de manera íntegra a llevar el mensaje de Dios por las tierras de España. Estábamos convencidos que la Iglesia había recuperado el lugar que le corresponde en el estado democrático. Pero nos habíamos equivocado. De nuevo la cúpula de la iglesia española ha renunciado a la independencia política. Ha regresado a los tiempos del régimen anterior donde las sotanas y las mitras se dejaban ver alrededor del poder. En las cercanías del consejo de ministros.
La jerarquía eclesiástica se ha colocado a la par como los sindicatos, UGT y CCOO, en relación a los comicios de la comunidad andaluza. En plena campaña electoral, la Iglesia se ha incorporado al equipo socialista defendiendo la acogida de inmigrantes. Es decir, se muestran abiertamente favorable a la regularización de inmigrantes, sin matices. La iglesia parece no haber valorado de manera adecuada lo que puede significar, más allá de que numerosas voces expertas denuncian que se trata de una medida errónea. La desastrosa medida de la legalización de inmigrantes que han violado la frontera, que el gobierno socialista está llevando a cabo, va a significar un coladero de delincuentes. Además de ser una sangría para las arcas públicas ya que hemos comprobado que, en demasiadas ocasiones a ese inmigrante ilegal, pese haber llegado a España “por la puerta de atrás” se le premia con más de 1000 euros mensuales y sin nada a cambio. Además, algunos emigrantes no han mostrado su voluntad de integración, protagonizando capítulos delictivos graves como violaciones, asesinatos y robo con violencia.
La intromisión de la Iglesia de España no se ha reducido a formar parte del equipo socialista. Ha contribuido a integrarse en el equipo de campaña electoral socialista en la comunidad andaluza, instando a los ciudadanos a ejercer el derecho al voto. Lo ha hecho de una manera aséptica, pero el haberse colocado en paralelo con el proyecto del gobierno, delata esa parcialidad en la pedida del voto. La Iglesia no se ha pronunciado a quién se debería votar, pero tras defender esa acogida de emigrantes es fácil deducir que, muy diplomáticamente estaba indicando el sentido del voto. Es decir, al PSOE o a partidos que defiendan esa mala regularización. Por supuesto, y deja muy claro que desaconseja el no decantar su voto a partidos como PP y VOX, que se han mostrado contrarios a una regularización desordenada, como en la actualidad se está llevando a cabo. Por si todo ello fuera poco, los obispos subrayaban .
Casilla en blanco
Una intromisión, como digo, muy curiosa de alguien que se ha incorporado, sin el pase correspondiente, en la“melé política». Al igual que la inmigración ilegal que aprovecha la debilidad y la mala gestión del gobierno socialista para ‘colarse’ en nuestro país, la Iglesia parece no ser consciente de que apoyar a pie juntillas sin ninguna discrepancia esta clase de regularización lleva aparejada el incentivo a las mafias de trata de personas. Son las que hacen caja a consecuencia de la irresponsabilidad del gobierno de España y sus paladines, sindicatos e Iglesia. No soy portavoz de los católicos, pero creo que estarán molestos. A buen seguro, hay católicos de diferentes ideologías y como consecuencias habrá quien vote a diferentes partidos. A formaciones políticas, tanto de izquierdas como de derechas. Pero coincidirán la mayoría de esos electores católicos, que la postura de la Iglesia, al tomar partido,no le beneficia y menos a los católicos.
En unos tiempos de crisis en cuanto a las vocaciones, el posicionamiento de la cúpula eclesiástica no es la mejor decisión. El apoyar al gobernó en este capítulo de gran relevancia para toda la sociedad no es la mejor fórmula para fomentar e incentivar las vocaciones. Las iglesias que antaño se llenaban para asistir a la eucaristía, en contraste con la actualidad, en las que el eco de las iglesias es el denominador común de todas ellas. En una época en la que estamos presentando la dolorosa declaración de IRPF, no ha sido muy inteligente, por parte de la dirección de la iglesia española, colocarse al lado de los socialistas y la izquierda. Esa falta de independencia con el poder hará que la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta quede en blanco.


