Se produjo una retención de las 22 embarcaciones que conformaban la tropa y se publicaron imágenes de condones y «un polvo blanco»
El Ministerio de Exteriores de Israel ha informado de la detención de unos 175 activistas que participaban en la Flotilla Global Sumud con destino a Gaza, tras la interceptación de varias embarcaciones en aguas internacionales próximas a las costas de Grecia, en una operación desarrollada a más de 1.000 kilómetros de la Franja.
Según el comunicado oficial, los detenidos proceden de más de una veintena de embarcaciones y están siendo trasladados a territorio israelí tras la operación naval. Israel sostiene que la intervención se ha ejecutado en el marco del bloqueo marítimo sobre Gaza y que responde a criterios de seguridad y legalidad internacional, en defensa de su control sobre el acceso marítimo al enclave.
El Gobierno israelí difundió además imágenes de algunos de los activistas ya bajo custodia, a bordo de embarcaciones israelíes, en las que aparecen realizando actividades físicas. La publicación se enmarca en la estrategia comunicativa del Ejecutivo para rebajar las acusaciones de violencia durante la operación y proyectar normalidad en el traslado de los detenidos.
Previamente, las autoridades israelíes habían publicado fotografías de objetos supuestamente incautados a la flotilla, entre ellos preservativos y una sustancia en polvo sin identificar, acusando a los participantes de instrumentalizar la misión con fines de impacto mediático y de generar un “espectáculo” en torno a la ayuda humanitaria.
El Ejército de Israel ha defendido la actuación asegurando que su objetivo es garantizar el mantenimiento del bloqueo marítimo sobre la Franja de Gaza, y que la operación se ha desarrollado siguiendo distintos escenarios operativos previstos para este tipo de situaciones en alta mar.
Por su parte, la organización de la flotilla mantiene una versión opuesta de los hechos y denuncia la interceptación de al menos 22 embarcaciones en aguas internacionales, insistiendo en que la operación se produjo lejos de la zona de conflicto y que supuso el abordaje directo de sus barcos por fuerzas navales israelíes.
En su comunicado, difundido a través de Telegram, los organizadores afirman que los buques fueron dañados en sus sistemas de navegación, lo que los dejó sin capacidad operativa y a la deriva en condiciones adversas en el mar, lo que a su juicio agravó la situación de los civiles a bordo.
La flotilla sostiene además que la intervención se produjo en un contexto de tormenta inminente y que se bloquearon las comunicaciones de varias embarcaciones, lo que impidió la coordinación entre tripulaciones y la solicitud de asistencia durante el operativo.
Los activistas califican la acción como una intervención violenta en alta mar y acusan a Israel de intensificar el bloqueo sobre Gaza y de poner en riesgo deliberado a civiles, al dejar embarcaciones averiadas en condiciones de deriva.
El enviado israelí ante la ONU, Danny Danon, ha defendido la operación afirmando que la flotilla fue interceptada antes de alcanzar su destino, calificando la iniciativa de provocación y enmarcándola en el contexto de la seguridad marítima.
Camps critica la actuación
Desde el ámbito humanitario, el fundador de Open Arms, Òscar Camps, ha criticado la actuación de la Unión Europea al considerar que no se activaron mecanismos de rescate durante la intervención en aguas internacionales, lo que interpreta como un incumplimiento de obligaciones básicas.
Camps ha señalado también a la Guardia Costera griega y a la agencia Frontex, a las que acusa de haber presenciado la operación sin intervenir para garantizar la seguridad de las personas implicadas en la flotilla.


