Si algo no necesitaba el festival de Cine de Cannes era el aburrido y repetido discurso endofóbico habitual de Javier Bardem, que odia profundamente a España y lo recuerda a cada rato. Con estos famosos hay que tener cuidado porque viven en particular burbuja alejada de la realidad y nadie quiere estar cerca cuando explote repleta de estupidez, no vaya a ser que se te contagie algo. De los creadores de «esos judíos son muy nazis», llega el «vengo de un país muy machista llamado España». Es lo que pasa cuando se da altavoz a cualquiera.
La endofobia es el rechazo, desprecio o aversión hacia lo que se considera propio en favor de lo ajeno. En psicología, se entiende este hecho como una consecuencia de una escasa vida interior, de modo que todo lo que percibes en el exterior es un reflejo de tu mundo interior. Y a Bardem todo le parece horrible. Es igual su carrera, su familia, su cuenta corriente… está amargado y no puede dejar de mostrarlo, No sé si le parecerá que hay machismo en países islámicos por aquello del burka, entre otras cosas, o en países de religión judía donde se les prohíbe a las mujeres conocer la Torá, por ejemplo, o en diferentes puntos de Asia o Sudamérica.
De esos países nunca dice nada, a él, mientras vive en EEUU, le preocupa el machismo en España , donde la mujer tiene todos los derechos, donde una cajera llegó a ser ministra con el feminismo por bandera, donde muchas otras ministras son mujeres. Javier, en un país donde muchas mujeres se abren cuentas en Only Fans para enseñar carne a cambio de dinero de los hombres no parece muy machista. Me parece que en otros sitios no les dejarían enseñar ni los tobillos, pero tú sabrás más.
Y es que en su particular burbuja, cada vez que abre la boca, no es para bien. Porque Javier vive en una contradicción que no le deja tranquilo. “Es terrible la desigualdad provocada por el capitalismo salvaje”, arguye, mientras abre la puerta de su mansión en Hollywood. Un Hollywood que descargó sobre el propio Bardem toda su furia capitalista y le llenó de millones al pobre por actuar delante de una cámara. No fue fácil aceptar semejantes pagos, porque él es muy de izquierda. Pero esa izquierda de mayordomo y ama de llaves, que no quiere que los demás tengan hijos ni que estropeen el planeta, mientras enciende ese motor fueraborda de cuatro tiempos en un domingo familiar.
A estos prototipos extraños les gusta mucho hacer apología de fronteras abiertas y ven racismo por todas partes, mientras conectan las cuatro alarmas de su mansión con seguridad privada y cámaras por todos los lados. Y sus hijos, al colegio internacional, nada de juntarse con ‘chusma’, eso es para los demás. Bardem es la enésima demostración de que ser bueno en oficio no te exime de decir las mayorías estupideces posibles sin ningún tipo de rubor. Así es Bardem el contradictorio, el que se labró su carrera en base a una clara imagen de macho rudo español y ahora persigue «la masculinidad tóxica». Un galimatías de ser humano.


