Nerviosismo y violación deontológica en la televisión pública. Por Fernando Cuesta

El presentador del programa de RTVE, MAÑANEROS 360, Javier Ruiz, ha cometido un notable error. Es público y notorio que este señor, al frente del programa citado de la televisión pública, no goza de la audiencia que se podía esperar y considero que menos tendrá desde que los pasados días Ruiz negó, en uno de los programas, conocer al ex comisario Villarejo. Rechazó que habría tenido ningún contacto con Villarejo, pero ya se ha desmentido. Villarejo mandó a OkDiario unas grabaciones en las que se demuestra que el señor Ruiz había mentido. Demostró que conocía al ex comisario de una manera muy clara. Un hecho que debería tener algún tipo de respuesta por parte de la dirección de la televisión pública.

La RTVE no debería permitir que este señor continuara presentando el programa MAÑANEROS 360. La falta de credibilidad ha quedado suficientemente clara debido a este episodio. Aunque no es la primera vez que miente. En un pasado reciente también trato de hacernos creer que estaba entrevistando a una doctora y se demostró que solo era personal de cocina del hospital. Desde hace mucho tiempo la televisión publica no está sirviendo a los intereses de la sociedad. No está sirviendo a la sociedad de manera independiente. La RTVE se ha convertido en un apéndice de la izquierda y el nacionalismo de este país. Su deterioro ha llevado a cotas insospechadas. Año a año está rompiendo récord de déficit.
Es realmente insostenible mantener una televisión que para nada está cumpliendo con su papel de independencia que debe mantener en un estado de derecho. Desde que el socialismo llegó al gobierno hace casi ocho años la televisión pública ha ido perdiendo audiencia progresivamente, pero en los últimos tiempos esa pérdida de cuota de pantalla se ha acelerado.

Los informativos y muchos de sus programas como el citado se han convertido en altavoces de una ideología que se encuentra en la UVI, lo cual está ‘empujando’ a los espectadores a cambiar de canal. Porque la televisión pública no solo ha perdido prestigio, sino que también credibilidad. No debe sorprender esa falta de credibilidad de los ciudadanos en los programas informativos de RTVE, ya que este mismo presentador ha tratado de manipular incluso los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística. Esta institución informaba que más del 43% de los delincuentes sexuales son de nacionalidad extranjera. Mientras, el señor Ruiz, durante el trascurso de una entrevista a un miembro de VOX, afirmaba que nueve de cada diez violaciones eran cometidas por españoles. Un hecho que ha llevado a la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo, a resolver que Ruiz incumplió el código deontológico de la profesión periodística al no contrastar dicha afirmación.

Traición a una profesión

Desde hace ya mucho tiempo se barrunta un progresivo cierre de las televisiones autonómicas y una despolitización de RTVE. Cada día que pasa el coste de todas las televisiones públicas es más que insultante. Los recursos que se emplean para poder mantener los diferentes canales públicos en demasiadas ocasiones, sirven para colocar a diferentes personajes afines a los partidos políticos que dirigen los diferentes canales audiovisuales oficiales. Un hecho que hace que cada vez más nuestra democracia se parezca más a regímenes dictatoriales como el cubano, venezolano, chino o ruso.

Es muy preocupante, por ello, que existan en nuestro país personajes que pagamos todos como Javier Ruiz, que lejos de una independencia que debe practicar, se haya convertido en un vocero de la izquierda más extrema y obscena y que encima ha enchufado también a su novia. Es muy urgente que esta serie de personajes sean expulsados de medios públicos. No pueden seguir ocupando un lugar tan destacado como es la pantalla de una televisión pública personajes como Ruiz, que lo único que siembra es la división de los ciudadanos españoles a través de bulos, mentiras y, lo que es más grave si cabe, traicionar a la profesión periodística como hace cada día que ocupa las pantallas de la televisión.