ENTREVISTA: Jesús Devesa, endocrinólogo: «Logré demostrar por qué un Premio Nobel estaba equivocado»

Jesús Devesa (Vigo, 1946) sigue al pie del cañón a punto de cumplir 80 años. El endocrinólogo y fisiólogo gallego, Doctor en Medicina y Catedrático Jubilado de Fisiología, tras cuarenta años de docencia en la Universidad de Santiago, se erige en una de las eminencias médicas nacionales e internacionales por sus logros en el campo de la rehabilitación neurológica y medular humana. Recientemente fue condecorado como uno de los diez investigadores mundiales más importantes de la hormona del crecimiento, lo que se une a otros 26 premios nacionales e internacionales. Y este endocrinólogo de formación no tiene intención de parar. En el centro sanitario Foltra, que fundó en 2012, a raíz de una promesa vital ha tratado a más de 15.000 pacientes, con algunos resultados asombrosos. Y la vocación sigue intacta. «Aprender y enseñar siempre fue mi principal diversión desde niño«.

-Empecemos por el final, recientemente ha sido nombrado entre los diez investigadores más influyentes en el mundo en la hormona del crecimiento, ¿le llenan los premios, lo siente como un reconocimiento a toda una trayectoria?

-Evidentemente sí, me llenó de satisfacción. A lo largo de mi vida como investigador he recibido 26 Premios de investigación nacionales e internacionales y he impartido más de 100 conferencias en prácticamente todo el mundo y, tras una de ellas, en Colorado (USA), un muy conocido investigador australiano, el Dr. Michael Waters, de la Universidad de Queensland, me escribió: “Querido Jesús, tu presentación ha sido lo más importante del Congreso para mí. Durante 20 años he estado buscando estudios humanos que confirmasen nuestros estudios en ratas, y tú los has proporcionado ahora”. Creo que ese email, que conservo, fue algo tan importante como los premios recibidos o esa nueva nominación, o como lo son los cientos de correos y y fotos dedicadas de pacientes de prácticamente todo el mundo.

¿Cuando empezó a descubrir las posibilidades de la hormona de crecimiento? ¿cómo surgió?

-Estando en Granada, en el Departamento de Fisiología del Dr. Osorio, adonde había ido invitado como profesor en el año 74. El propio Dr. Osorio me enseñó a purificar esa hormona a partir de hipófisis humanas. En aquella época no había hormona de crecimiento biosintética y los déficits de crecimiento se trataban con hormona extraída y purificada de hipófisis de cadáveres. Ya de vuelta en Santiago empecé a hacerlo en ratas y ahí empezó todo, a nivel experimental. Fue entonces cuando comencé a descubrir las múltiples posibilidades de la hormona de crecimiento (GH), ampliadas cuando a partir del 85 surgieron las GHs biosintéticas. Todo un mundo nuevo.

¿Fue la razón que le impulsó a abrir el centro sanitario Foltra, al lado de Santiago de Compostela?

-No, mucho antes de Foltra ya había hecho y publicado muy importantes descubrimientos, a nivel experimental con alumnos voluntarios, que cambiaron muchas de las ideas que se tenían respecto a esa hormona y aún hoy, casi 40 años después, se siguen citando mis publicaciones de entonces. Foltra empezó como consecuencia de una promesa que me había hecho a mí mismo si era capaz de sacar adelante a mi hijo mayor tras un gravísimo accidente de tráfico, con gran daño cerebral y bulbar, lesión axonal difusa, coma, y un pronóstico casi vegetativo si vivía. Buscando soluciones leí un trabajo publicado en esas fechas por un italiano en el que concluía que la prolactina (hormona que induce la producción de leche) era capaz de aumentar el número de células madre y de estas neuronas en el bulbo olfatorio de las ratas lactantes, de forma que la rata lactante aumentaba su sensibilidad olfatoria y ello le permitía discriminar entre las que eran sus crías (y amamantarlas) y las que no. Ahí se me hizo la luz, ya que pensé: Si la prolactina hace esto, la GH debe hacerlo también, ya que ambas hormonas proceden de un gen común del que divergieron hace tan solo 10 millones de años (muy poco tiempo en la evolución). Comencé entonces a inyectarle GH biosintética a mi hijo, con la anuencia de los médicos de la UCI (exalumnos), haciéndome a mí mismo, en presencia del jefe de Neurocirugía, la promesa de que si sacaba adelante a mi hijo crearía un Centro para recuperación de pacientes similares. En poco tiempo mi hijo, de 22 años salió adelante y cumplí mi promesa.

-¿Pudo hacer vida normal desde entonces?

-Incluso, acabó su carrera de Biología Molecular en tiempo y forma, luego comenzó a hacer investigación conmigo en Medicina. Después, en el extranjero defendió su tesis doctoral ante un tribunal extranjero, en inglés, por lo que obtuvo el título de Doctor Europeo, luego consiguió ser ‘Qualified Deputy’ en Terapias avanzadas (Ingenieria genética) y por último hizo también Medicina, o sea que es médico y trabaja conmigo. Está casado y es totalmente normal en todos los sentidos. Es importante resaltar que cuando me hice la promesa que comenté también me prometí no cobrar un solo euro, algo que he mantenido en todos estos años. Las consultas se ingresan para el mantenimiento de las terapias de rehabilitación en Foltra.

En el centro ha tratado ya a más de 15.000 pacientes. Díganos uno o dos casos de los que se siente más orgulloso.

-Es difícil, pero quizás un niño que nació en parada, sin actividad cardíaca ni cerebral, con grandes daños cerebrales al que iban a desconectar, pero nos lo trajeron a Foltra y un año más tarde una nueva resonancia magnética cerebral detectó que las lesiones existentes un año antes habían desaparecido, algo que la doctora que le hizo ambas resonancias decía en el informe que no podía entender. Ese niño, de 16 años hoy es totalmente normal y hace unos meses me regaló un libro escrito por él contando su historia. Otro caso impactante es el de un joven boliviano que sufrió en su país un accidente de aviación que le produjo la pérdida prácticamente completa del hemisferio derecho y un tercio del izquierdo. Doce meses en coma, llega una visita de dos neurólogos de la clínica Mayo a Bolivia para analizar sus posibilidades y les dicen a los padres que no hay nada que hacer. Lo traen a Foltra, en coma, y tras tres años conseguimos que ande, hable, entienda, lea, estudie, o sea prácticamente normal. Y entre tantos casos hay que reseñar el que por vez primera en el mundo hemos conseguido recuperar cinco casos de síndrome de regresión caudal y agenesia sacra (dos españoles, un polaco, una rumana, y una argelina), algo impensable ya que les falta una porción terminal de la médula vertebral con lo que no tienen motricidad ni sensibilidad en piernas ni controlan esfínteres. Hemos recuperado a todos ellos, creando nuevas raíces nerviosas y conexiones a partir de la última existente antes de empezar el tratamiento. Casos publicados también.

-Aun así, usted, quizás por ser pionero en ciertas prácticas en la instauración de tratamientos con hormona del crecimiento y melatonina en altas dosis ha tenido problemas con la administración debido a esa aplicación, digamos novedosa, que ha usado en sus terapias. ¿Le ha quitado el sueño este tema?

-Sí he tenido muchos problemas, por denuncias de centros de rehabilitación muy conocidos en España. Me sancionaron con una muy importante cantidad de dinero y la prohibición de usar esos tratamientos; siete años de lucha, pero al final el TSJ me dio la razón y continuamos. A mí no me quitó el sueño, sí a
mi esposa Ana, auténtica luchadora y triunfadora en esa triste historia motivada por celos e incomprensión científica que todavía hoy se vive.

Incluso, usted ha publicado tesis en las que has desmontado a Premios Nobeles, da la sensación de que usted es un guerrero de la medicina, que no se da por vencido independientemente de las circunstancias, ¿es por la obstinación típica gallega o es algo genético?

-No fueron tesis sino publicaciones y lo voy a contar como muestra de lo que prima el interés personal sobre el conocimiento. Un Premio Nobel había publicado tiempo atrás que la estimulación alfa adrenérgica producía la liberación de GHRH, péptido hipotalámico que induce la liberación de GH.
Nuestros experimentos en ratas indicaban que no era ese el mecanismo y analizando la publicación del Nobel a fondo encontramos en qué se había equivocado, lo que era entonces un dogma de fe. Inmediatamente, en un Congreso internacional, presentamos en un póster el mecanismo real. Vi entonces que una muy conocida investigadora norteamericana se paraba a analizar el póster junto con el editor de una importante revista científica. Me quedé tras ellos, escuchando lo que comentaban y entendí que la científica norteamericana asentía y le decía al editor de la revista que tenía que publicarlo ella primero por la importancia del descubrimiento. Lo que entonces hice fue escribir el trabajo y enviarlo a la revista de ese editor. Para mi sorpresa, a los pocos días, recibí su contestación rechazando a publicación del trabajo porque los revisores no lo consideraban aceptable. Le respondí inmediatamente comentándole que había presenciado su conversación con la científica norteamericana y entendido que ambos se habían quedado sorprendidos y que intuía que rechazaba mi trabajo para que fuese ella la primera en publicarlo. Mala praxis… A los pocos días recibí la respuesta diciendo que el trabajo estaba aceptado y se publicaría en 10 días, como así fue. A partir de ahí, publiqué en otras revistas más datos sobre el tema y lo que había sido un dogma de fe establecido por un Premio Nobel durante años cambió radicalmente. Por desgracia, muchas veces así es la Medicina y las publicaciones científicas.

Respecto a la influencia genética no lo sé; mi padre era un gran cirujano, pero a mí no me gusta la cirugía. Sí hay algo que puede parecer ‘un cuento‘ pero que nunca se me olvidó: A los 8 años salí a conocer con mi abuela materna los alrededores de la nueva casa a la que nos habíamos mudado. Allí, en el campo, había un hombre con aspecto muy raro, vistiendo una especie de túnica hablándole a un grupo de gente. Nos acercamos y al verme llegar se calló, mirándome con unos ojos penetrantes, me dio miedo, se me acercó y poniéndome la mano en el hombro me dijo: “no tengas miedo, naciste para sufrir, pero harás feliz a mucha gente”. Tras repetirlo se marchó y nunca se supo nada de él, pero hay constancia de lo ocurrido y lo que me dijo se cumplió al 100 por cien o casi.

Usted fue profesor durante 42 años años profesor de Endocrinología de la Universidad de Santiago. Empezó en el año 70. Ahora que supongo que sigue en contacto con la Universidad o con los docentes, ¿observa diferencias con la educación que usted vivió respecto a la de hoy? ¿es un reflejo de la sociedad en la que vivimos?

Fui catedrático de Fisiología, aunque soy también endocrinólogo, y si la Fisiología es clave para un médico, la Endocrinología lo es también, no en balde las hormonas regulan todo en nuestro organismo; por eso, aparte de impartir Fisiología, dedicaba a mis alumnos horas extra de Fisiología Endocrina. He perdido contacto con la Universidad desde 2014, aunque aún colaboro con cirujanos vasculares para solucionar las isquemias de miembro inferior condenadas a la amputación con tratamiento médico. Lo conseguí por primera vez en 2009 en el primer ministro de Trabajo post-Franco, condenado a la amputación de una pierna. En un mes le salvamos la pierna sin problemas hasta que falleció hace 4 años por razones de edad. Respecto a si hay diferencias en la educación, creo que sí. La ciencia avanza y mucho, pero el interés por conocer creo que es mucho menor, al menos es lo que veo con nuestros pacientes y también lo que me comentan compañeros de carrera. España ha perdido mucho, en todos los sentidos.

Junto a otros investigadores españoles y norteamericanos, acaba de publicar un libro bastante revolucionario sobre las causas del cáncer, ¿me puede decir algo de este nuevo proyecto?

-Pues es un nuevo concepto, esbozado inicialmente, hace ya muchos años, por el Dr. Harguindey, un conocido y gran científico de Vitoria con el que tengo una buena y larga amistad. Se han publicado ya varios trabajos sobre este nuevo concepto y recientemente un grupo chino acaba de confirmar este nuevo planteamiento sobre el cáncer. Se basa en la teoría de Warburg, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1931, respecto a la dinámica del ion hidrógeno (H+) y su papel en la etiología y tratamiento del cáncer y no solo éste sino también en enfermedades neurodegenerativas. Mi papel, en estos artículos y el libro al que te refieres, fue el analizar el efecto de algunos compuestos, fisiológicos, sobre estas patologías, así como relacionarlas con el tipo de flora intestinal, algo que hoy se conoce cada vez más; no en balde el intestino es el segundo cerebro y, en ocasiones, incluso el primero desde un punto de vista bioquímico. Es todo muy revolucionario y solo falta que las ideas se vayan estableciendo y nuevos tratamientos y/o prevenciones vayan apareciendo sobre la base de lo publicado.

A punto de cumplir 80 años y con la cabeza a mil revoluciones todavía, ¿tiene pensado retirarse o morirá atendiendo a pacientes en su consulta?

-Creo que nunca me retiraré, hasta que el organismo me lo impida. No soy capaz de estar sin hacer nada y aprender y enseñar siempre fue mi principal diversión desde niño, no solo en Medicina.

Acaba de escribir otro libro hace poco del que ahora hablaremos, ¿le queda algo por hacer en esta vida? ¿algún deseo incumplido?

-Mucho, me queda mucho por hacer. Seguir trabajando, enseñar a mis nietos, mucho aún. Y deseos incumplidos siempre hay, máxime cuando tienes muchas y muy diversas aficiones, pero es normal.

De todos modos, dicen conocidos suyos que no descansa, que no para, ¿un consejo para tener tanta energía?

-No tengo tanta energía ya, no puedo jugar al fútbol, otra de mis grandes pasiones, pero creo que la lectura y la música, algo que aprendí desde muy niño, son claves para una vida en desarrollo continuo.

Último libro

Hablando de lectura, ¿el libro de su vida al completo se escribirá algún día?

-El libro de mi vida al completo, como dices,nunca se escribirá, al menos por mí, ya que en él heriría a personas que injustificadamente trataron de destruirme a mí; no lo haré.

¿Qué recuerdos guarda de sus años en Estados Unidos?

-De Estados Unidos recuerdo todo o casi todo. He estado muchas veces, he vivido intensamente y aprendido intensamente también. Tengo muchos amigos norteamericanos, médicos exalumnos en
Santiago, investigadores. Para mí, aunque la última vez que estuve allí fue en 2015, es un país fantástico para el que quiera trabajar, aprender y vivir. Por supuesto hay cosas intolerables, más ahora con el presidente actual, pero en cualquier caso creo que es de los países donde uno puede desarrollarse al
máximo de sus capacidades con gran facilidad. Habría mucho que hablar sobre ello, pero creo que no es el momento.

Tengo mucha curiosidad por leer su último libro: ‘Mi mágico verano de 1972‘, que ya está en Amazon. ¿qué ocurrió, a modo de resumen, en ese verano de 1972, ¿qué pasó en Haití? ¿qué pasó en Puerto Rico?

-Bueno, ese libro es autobiográfico, que debiera ir intercalado con otro llamado ‘Mi otra Memoria Histórica’, publicado también en Amazon y en librerías por la editorial Punto Rojo, pero al escribirlos me comí esa parte y la publiqué después aislada. Me preguntas qué ocurrió… de todo. Era mi primera vez en
Estados Unidos, tenía 26 años y todo fueronlocuras por despiste tras despiste. Pero bueno, la gente que lo leyó me dijo que se habían reído mucho y también llorado en algún momento. Eso referido a ‘Mi otra Memoria Histórica’. El de ‘Mi Mágico Caribe de 1972’, narra un viaje a Haití, justo antes de ir a USA, para
presenciar una ceremonia de vudú. Fue realmente alucinante, el vudú y lo que viví en Haití; estoy vivo de milagro.

‘Haberlas, haylas’, dicen, pero, ¿tiene alguna experiencia interesante relacionado con las meigas?

-De niño aprendí a creer en ellas en un verano en una aldea rural, pero nunca las vi. La única experiencia de ese tipo fue la que te conté con esa especie de monje o lo que fuese, a los 8 años. Sí es curioso el que muchos años después, en una cena en Mallorca, una señora a quien no conocía, me empezó a contar
cosas que me habían pasado en mi vida; algunas muy personales. No la conocía de nada y ella era catalana, o sea ni remotamente podía saber nada de mí, pero en algún momento me dijo: “ya te lo habían dicho de niño”, como si supiese la historia del monje del que te hablé.

Leí también que, como buen gallego, le encanta navegar, ¿sigue haciéndolo?

-Ya no, por desgracia; adoro el mar, soy de Vigo. Navegué desde los 18 años, yo mismo me compré mi barco con mi trabajo dando clases particulares, pero hace ya 12 años que por problemas de salud tuve que dejar de hacerlo. Ya no tengo barco, por desgracia.

Para acabar, a nivel personal, ¿se siente valorado en España? Me quiere dar la sensación de que tampoco acaba de ser profeta en su tierra.

-Depende de quien hable. Hay muchos exalumnos, españoles y extranjeros que estudiaron aquí que me tienen mucho cariño y me dicen que fui el mejor profesor que tuvieron en la carrera; hay médicos españoles que me mandan pacientes o que incluso han venido a tratarse a Foltra y hay otros que me
atacan o atacaron y años después publicaron experimentos con resultados similares a los que yo había publicado diez años antes. Pero así es la vida y nuestro país, eso no me preocupó ni me preocupa en absoluto. No quiero finalizar esta entrevista sin dejar constancia de que gran parte de lo que en mi vida he alcanzado, si no todo, se lo debo a mi esposa Ana quien, estudiando Medicina, decidió dejar su carrera para ayudarme a potenciar la mía. Lo hizo y lo sigue haciendo.