La formación VOX en Álava llevaba meses insistiendo y empujando en el cierre del campamento de los horrores de Bernedo, donde se produjeron durante años auténticas barbaridades con niños de por medio. Menores de 13 años obligados a ducharse con niños de otros sexos y con adultos, juegos en los que los niños tenían que chupar el dedo gordo a adultos, menores que volvían trastornados… todo ello con pretextos como «deconstruir la sexualidad«, «despatriarcalizar» y ridiculeces de todo tipo, propias de auténticos degenerados.
Ahora, la Diputación Foral de Álava ha concluido con la prohibición de que se lleven a cabo este próximo verano. También se ha sancionado a la asociación con una multa de 9.000 euros. Y se le prohíbe acceder a ayudas públicas durante tres años, así como a organizar y realizar actividades de tiempo libre con menores durante ese periodo. Sin embargo, desde este medio exigimos que sean juzgados por la justicia con el consiguiente castigo, con la retirada del campamento no vale.
Hemos querido conocer de primera mano el sentir de Jonathan Romero, el representante de VOX en Álava, que había convertido esta situación en un auténtico ‘leit motiv’ personal. Él también tiene hijos y no se quiere ni imaginar lo que habrán pasado esos menores en el asqueroso campamento. Por eso, ha pugnado en las Juntas Generales por el cierre definitivo de este campamento, ya que «las instituciones miraban hacia otro lado» y exige mucha más prevención. Esto es lo que nos ha comentado:
Como padre o madre, ¿qué mayor angustia puede haber que enviar a tu hijo a un campamento de verano lleno de ilusión y recibirlo de vuelta con la mirada rota, lleno de vergüenza y miedo por lo que ha vivido? Eso es exactamente lo que les ha pasado a decenas de familias alavesas tras los campamentos de Bernedo en el verano de 2025. Y lo más triste es que no fue un accidente. Fue el fruto de décadas de ideología impuesta sin control.
Imagínense a una niña de 13 años escribiendo una carta desesperada a sus padres porque no la dejaban ducharse sola. Porque le obligaban a desnudarse delante de chicos de su edad y de monitores adultos. “Es para normalizar los cuerpos”, les decían. “Para que quien no se identifique con lo binario se sienta seguro”. Algunas monitoras cocinaban en topless. Monitores se paseaban con los genitales al aire. Un ‘juego’ para conseguir la merienda consistía en chupar el dedo gordo del pie a un adulto. Todo envuelto en charlas sobre “deconstruir la sexualidad”, “despatriarcalizar” y promover identidades fluidas.
Esto no es educación en valores ni inclusión. Es una profunda falta de respeto a la intimidad, al pudor natural de los adolescentes y, en muchos casos, una clara corrupción de menores. Nuestros hijos no son conejillos de Indias para experimentos sociales.
Durante décadas, en el País Vasco hemos visto cómo ciertas asociaciones vinculadas a la izquierda abertzale, al feminismo radical y a la ideología de género han recibido un trato de favor institucional. Subvenciones, cesiones de espacios, silencio mediático. Todo bajo la bandera del euskera, la ‘educación transformadora’ y la ‘diversidad’. Se blindaba cualquier crítica tachándola de “fascista” o “retrógrada”. Mientras tanto, las familias confiaban en que las instituciones velaban por la seguridad de sus hijos. Se equivocaban.
La Diputación Foral de Álava, el Gobierno Vasco y otras administraciones miraron hacia otro lado durante años. Estos campamentos funcionaban en la clandestinidad: sin comunicación previa obligatoria, sin controles rigurosos, sin certificados actualizados. Solo cuando las familias empezaron a hablar, cuando las cartas y las denuncias salieron a la luz y cuando la presión social y judicial se hizo insoportable, se movieron.
Desde VOX no miramos nunca hacia otro lado. Fuimos de los primeros en alzar la voz, en personarnos como acusación popular en la vía penal y en exigir que se investiguen hasta el final los posibles delitos de exhibicionismo, corrupción de menores, provocación sexual y contra la libertad sexual. Porque cuando hay niños de por medio, no valen las agendas ni los privilegios ideológicos. Solo vale proteger su integridad.
Ayer, por fin, llegó una noticia que trajo algo de alivio: la Diputación Foral de Álava ha prohibido la celebración de los campamentos de Bernedo este verano 2026. Ha sancionado a la asociación Sarrea Euskal Udaleku Elkartea con una multa de 9.000 euros, tres años de inhabilitación para organizar actividades con menores y la imposibilidad de recibir ayudas públicas durante ese tiempo. Han rechazado incluso que otra entidad vinculada asuma la organización.
Es un paso importante, pero llega tarde. Muy tarde. Después de que decenas de chavales ya vivieran algo que les marcará. Después de años de tolerancia con prácticas que jamás deberían haberse permitido.
Este caso no debe quedarse en un expediente aislado. Exigimos controles reales y exhaustivos a todas las asociaciones que trabajan con menores: comunicación obligatoria con antelación, certificados de delitos sexuales actualizados, auditorías transparentes y, sobre todo, que la ideología de género salga de las actividades infantiles y juveniles. Nuestros hijos merecen campamentos donde reír, jugar, hacer amigos y descubrir la naturaleza… no donde les impongan experimentos sobre su cuerpo y su identidad.
A las familias alavesas que han sufrido esto: contad con nosotros. No estáis solos. Desde VOX seguiremos exigiendo responsabilidades penales, claridad y, por encima de todo, que nunca más se anteponga una agenda política al bienestar de un niño.
Porque proteger a los más vulnerables no es de derechas ni de izquierdas. Es de sentido común y de humanidad. Y eso es lo que nos mueve.
Jonathan Romero


