La Casa Real…mente decadente

Estaba ojeando ayer la prensa cuando vi que en las revistas del corazón hablaban de las peleas internas de la Casa Real española. Que si se vayan mal, que si traición, que si no se cumplió con el protocolo… Y me pregunté: ¿y a los españoles qué nos importa esto? Debería ser al revés, ¿no? La Casa Real preocupada del pueblo al que representa y que la mantiene con sus impuestos. Pero no es así, Felipe ya ha demostrado que le da igual España, que él sigue agendas marcadas y que si tiene la mínima oportunidad de despreciar a su país lo va a hacer, como asumir con entusiasmo la leyenda negra antiespañola y adular a quienes la promueven, hablar de la «España de las naciones», ¿qué necesidad hay de arrodillarse ante quienes insultan nuestra historia? Ninguna. Felipe y Letizia autodestruirán la monarquía borbónica.

Por eso, la monarquía nos ha fallado. Y no me vale aquello de la transición española porque cuando llevas 40 años con tu pareja, no vives de aquellos primeros felices días, ¿verdad? Te basas en los últimos años, generalmente. Hubo un tiempo mejor, sí, no es este. Y una generación entera de españoles ha visto cómo la Casa Real ha decaído con el aso del tiempo. Hace 20 años, la Familia Real era vista con simpatía. Sus viajes en Mallorca, que si el Rey (emérito) era muy campechano, que si Froilán es un travieso, que si Urdangarin es muy guapo, que si qué grande es su barco de Mallorca…. Pero todo aquello es el pasado. El tiempo ha hablado.

Y me atrevo a decir que el Rey Emérito era de lo menos malo de esta Casa Real. Su hijo, el enemigo de España, le ha hecho bueno sin duda. Ahora desprecia a su padre, nunca les verás juntos. Me hace gracia cuando la hipócrita prensa española escribe, con gesto de sorpresa, sobre los líos de faldas de Juan Carlos. Lo sabía hasta el apuntador, no os hagáis ahora los sorprendidos. Cuando os interesó, le dorasteis la píldora, cuando cayó, ninguno le conocía. Igualito que los políticos. Entre el emérito y la prensa, me quedo con el emérito, sin duda. Pero fíjate cómo es el pueblo español. Nos gusta el chisme, la farándula, los amoríos de famosos… a la vieja del visillo que lleva observando lo que pasa dese hace décadas, no le vas a engañar y lo sabes. En resumidas cuentas, el pueblo español acepta los amoríos y acepta las infidelidades, es más, lo prefieren, las películas aburridas no le gustan a nadie, pero acepta peor la mentira y el derroche de dinero público, sobre todo, cuando a él ya no le llega como le llegaba antes. El pan es importante, pero el circo también.

Y un día apareció la figura de Corinna Larsen. Hay líos amorosos mayores y menores. Este es de los mayores. Las mujeres: el gran punto débil de los Borbones. Una de polémicas más conocidas está relacionada con las supuestas comisiones por la adjudicación del AVE a La Meca. En este contexto apareció ella, quien afirmó que el rey emérito habría recibido fondos vinculados a intermediaciones internacionales. Nada peor que una mujer despechada. Estas revelaciones abrieron una investigación sobre posibles irregularidades financieras y, sobre todo, trascendió una transferencia de 65 millones de euros realizada en 2012 desde una cuenta vinculada a la Fundación Lucum, una estructura opaca en Suiza. Según las investigaciones, ese dinero procedía de una donación del rey Abdulá de Arabia Saudí al entonces monarca español. Mal asunto.

Corinna Larsen

Vale que sea un golfo, que sea campechano, que no dé palo al agua, pero mentir al pueblo está feo. El pueblo español es simple. Y sobre todo, porque 65 millones de euros es demasiado dinero. Las sospechas de que parte del dinero pudiera venir de fondos públicos está ahí, pero da igual, la pregunta es, ¿cómo vas a hacer una transferencia de 65 millones de euros? Si regala eso, ¿cuánto podrá llegar a haber acumulado? La envidia sí es muy española, aunque en este caso, está justificada la reclamación. A continuación, aparecen fondos en cuentas en Suiza a nombre de estructuras vinculadas al monarca. Y para acabar, salen a la luz donaciones y transferencias económicas de origen no transparente, incluidas aportaciones procedentes de fundaciones extranjeras o figuras vinculadas a países del Golfo.

La cacería de elefantes en Botswana, en la que acabó pronunciando el famoso «lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir», fue otro borrón en su currículum , aunque ir de cacería puede no ser ético pero cientos de millonarios lo hacen. No fue el peor de sus problemas. Es verdad que la izquierda le esperaba con el puño de hierro en cada esquina. Luego llegó el líder de ellos, Sánchez, que hizo bueno incluso al ‘vaquilla’ que, por lo menos, robaba con más arte. Los sinsentidos de la izquierda, que entre Juan Carlos y Maduro ya sabemos con quién se quedarían. Y entre una cosa y otra, el Rey, que había sobrevivido a ciertas actuaciones cuestionables durante tantas décadas, que parecía hecho a prueba de balas, se vio en medio de un desgaste popular acerca del papel de la Casa Real, lo que, sumado a estos hechos, le acabó llevando al exilio en Emiratos Árabes Unidos. España enfrenta dos visiones actuales sobre él: los que ven a un ‘canalla’ arrepentido, que en el fondo, te suscita cierta compasión, y los que ven en él a un corrupto absoluto. Yo creo que, en el fondo, es de lo poco salvable de esta monarquía.

Porque Felipe ni está ni se le espera, más allá de ir a sacarse la foto y dar discursos totalmente vacíos, por lo menos su padre se enfrentó a una época de cambios. Luego, el casamiento con una periodista como Letizia suscitó muchas dudas y el tiempo creo que les dio la razón a los que le acusaron de ‘infiltrada’ como Jaime Peñafiel. Que no nos extrañe que pueda ser la mano negra en la sombra. Letizia no es trigo limpio, algunos lo saben. Como habrá cambiado la película real que, hace unos años las ovejas negras parecían los hijos de la infanta Elena, el travieso Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, a la que le gustaba la noche. También le gustaba a Froilán. Y a millones de jóvenes. La juventud no quiere saber nada del viaje que de la princesa Leonor embarcó ayer en Las Palmas de Gran Canaria en la fragata Blas de Lezo para ampliar su formación militar.

De ovejas negras a blancas

Si hay una guerra, ¿nos va a salvar Leonor en la fragata Vulcano? Ya está bien de tonterías protocolarias, eso es información, como mucho, para la revista ¡Hola!. El pueblo español acepta estas tonterías cuando hay bonanza, pero en estos tiempos, ¿puede haber una peor campaña de marketing que ver a Leonor amarrando un nudo en altamar, cuando los españoles no llegan a fin de mes? No tienen dos dedos de frente. Aunque suene extraño, ver a Victoria Federica poniéndose una copa en una discoteca o grabando un vídeo con sus amigas le humaniza . Ella no quiere distinciones y el pueblo, aunque inconscientemente, lo valora. Porque al pueblo español no le gusta demasiado los clasismos y eso lo nota cualquier sudamericano que viene de países donde el clasismo es evidente y las distinciones entre clases sociales es notoria. ¿A que nadie carga contra ellos? ¿a que le dejan vivir en paz? No es tanto el quién como el qué, tu comportamiento frente a los demás. Mis respetos a estos dos. Han hecho más en una discoteca a las 3 de la mañana que la Casa Real con sus discursos y eso no habla bien de una monarquía.

Victoria Federica, de fiesta

Quizás las ovejas negras eran, en el fondo, de las pocas blancas, quizás entendieron mejor que nadie que la normalidad, la juventud y la diversión iban a formar parte de sus vidas, independientemente de donde hubieran nacido, porque ellos no lo habían elegido. Seguramente no puedan desprenderse de cierto clasismo dada su situación, pero hicieron más ellos dos por la normalización de la monarquía y su acercamiento al pueblo llano que todo el resto de ‘maniquís’ juntos. La sencillez se aplaude. Aún recuerdo en su día cómo hubo una irónica campaña de un grupo de jóvenes cuya lema era. «Solo aceptaremos una monarquía si nuestro rey único es Felipe Juan Froilán». Pero su papel es irrelevante, otro error, eran la conexión entre la monarquía y el pueblo. Entre el pasado y el futuro, entre la institución y la vida diaria.

Lo que no quiere España es más Urdangarines, que después de «creerse Dios», dicho por él, de jugar a ser ‘el duque empalmado’, el caso Noos, obtener claros beneficios por su rol (tráfico de influencias) y de estar en la cárcel, ahora escribe un libro y quiere ir de gurú con un proyecto tipo consultoría y coaching enfocada en el ámbito deportivo, empresarial y personal, centrándose en la resiliencia y la superación. Aun así, Urdangarin fue el primero que demostró que la monarquía tenía múltiples grietas y las aprovechó todas, lo cuál es lícito, pero ahora no vayas de listo dándole entrevistas a Jordi Évole para intentar blanquear tu figura con el fin de que tu negocio tenga respaldo. No cuela. Marichalar tampoco salió bien, dados sus dudosos gustos.

De este modo, la monarquía no cuenta con el respaldo mayoritario del pueblo como antes. El tiempo, el mejor juez, ha puesto las cosas en su sitio y les ha restado popularidad y apoyo. Porque los 100 millones de euros al año que cuesta el conjunto de la Casa Real y que sufragamos los españoles no ha sido el mayor de los problemas, sobre todo cuando el derroche público es ilimitado en el ámbito político. De este modo, España (no cambies nunca, o sí, ya no lo sé) perdonó las múltiples infidelidades a la Reina y perdonó el derroche, pero la mentira no. Entre una cosa y otra, y con esa izquierda empujando a dos manos, el Emérito acabó exiliado como si hubiera matado a alguien (elefantes sí). Seguro que pudo ser un mejor Rey pero desde el Golfo Pérsico podrá observar la autodestrucción de la actual monarquía. Por lo menos, de la monarquía borbónica, que es la que conocemos.