La exsecretaria de organización del partido, Lilith Vestrynge, carga duramente contra el partido y asegura que no se fue por problemas de salud mental, tal y como insinuaron Belarra y Montero
No hay cómo esperar a que los propios protagonistas de cualquier historia se decidan a hablar para desentrañar verdades, que habitualmente salen a la luz. La exsecretaria de organización de Podemos, Lilith Verstrynge, ha decidido abrir el cajón de los recuerdos. En un artículo, escrito en inglés, en la revista Equator, narra su paso por la formación, dos años después de abandonarla. En ese momento, el mensaje de despedida de sus compañeros fue un dardo envenenado. Olvidándose de ese feminismo que suelen proclamar a los cuatro vientos, Ione Belarra e Irene Montero, en una de sus habituales tretas, dejaron entrever ciertas cosas en un mensaje con mala fe. «Ahora lo fundamental es que te cuides y que estés bien. Podemos siempre será tu casa. Gracias por tantísimo trabajo en condiciones tan difíciles. Un abrazo enorme«. ¿Por qué Lilith necesitaba cuidarse? ¿estaba enferma?
En su discurso, Verstrynge da una versión alejada de cualquier problema mental o emocional. «Quizás la manera más simple de describir lo que ocurrió durante aquellos meses finales es que me fui desencantando. De repente, nueve años parecían mucho tiempo. Me sentía mucho más mayor que mis amigos y eso que era la única que todavía no se había casado ni tenía hijos. Aunque había aprendido mucho en una organización que había ayudado a redefinir Europa después de la crisis financiera, también me había vuelto más dura y cínica, había comenzado a sentir, de forma anticipada, una cierta orfandad política«. Más allá de su adiós, la frase de «empezábamos a hablar a fantasmas«, habla de la falta de criterio en la evolución del grupo morado, que comprobaban cómo cada vez había menos oídos dispuestos a escucharles y, aún menos, creerles.
En un ejercicio sincero pero no sorprendente, ofrece varias claves a nivel interno de una coalición cuyos miembros comenzaron a distanciarse y a desconfiar los unos de los otros. Juegos políticos, vaya. «De repente había una búsqueda de enemigos internos, la conspiración estaba por todas partes. Incluso sospechábamos de los medios, que se habían convertido en el enemigo«, como si estuvieran ojo avizor ante una posible traición. «Había una gran paranoia interna. La política se convirtió en un ejercicio de lealtad ciega«, reconoció.
El papel de Yolanda Díaz
Vestrynge ha dedicado en el artículo cierta importancia a la figura de Yolanda Díaz, cuya irrupción política en primera línea golpeó con fuerza a Podemos. «Aunque Iglesias esperaba que Yolanda Díaz liderase Unidas Podemos, nuestra coalición, ella tenía otras ideas. Lanzó una nueva coalición progresista llamada Sumar para presentar una nueva cara ante los votantes«, lo que provocó el enfado de Iglesias, que no parecía aceptar el declive del partido. «Unos meses después decidió dar un discurso para oponerse a la nueva alianza de Díaz y preguntó si se podría reunir a una multitud de 40.000 personas. Si el tiempo acompañaba, como mucho podíamos meter a 2.000«. La dirigente ahora se dedica a estudiar, dar clases en la universidad y a colaborar en diferentes medios de comunicación. De momento, dice que no tiene planes de volver a la política. Veremos.


