Sabido es que el aberchalismo basko siempre ha necesitado de mitos ancestrales que puedan justificar la especificidad de los vascos y navarros con respecto al resto de españoles, de modo que unos señoritos maquetos puedan pretender que se les vote a ellos y no a otros para poder así calentar las poltronas de estas tierras. A esto se le llama nicho de mercado, como el que tienen los socialistas con el feminismo, los peperos con la defensa de la propiedad privada, o los voxistas con la inmigración: divide y comerás. Y más en estos tiempos en los que el nacionalismo vasco no tiene nada ya que ofrecer, puesto que las lenguas vascas están extintas gracias al ominoso invento del batúa y las calles de los pueblos vasco-navarros están repletos de aborígenes de todas las latitudes del universo mundo. Por eso Sabino Arana, desde el más allá, ha atendido la causa del noble pueblo elegido enviándonos la famosa Mano de Irulegui, hallada hace tres años en un pueblo de Navarra.
Para empezar, la inscripción en ibérico que aparece en ella no reza SORIONEKU, bienaventurado, sino ZORRIONEKU. Puede entenderse como un nombre personal de acuerdo a la lista de Untermann: ZORR + IAUN + el sufijo KU de nombres personales y de lugar, quizá un ergativo. De ninguna manera se puede entender como buena fortuna o buen pájaro, porque hay una «RR». (En todo caso, sería buen piojo). También nos falta la «H» de un HON vasco arcaico. Es posible, aunque tengo mis dudas, que haya otro nombre personal conforme a dicha lista, BIKIRR + ATIN (BEEKIRATEREN).

Por otro lado, el signo íbero «T» de las cecas vasconas no puede ser una «N» porque se combina con el signo para ese fonema «N» en la ceca numismática de UNNANBAATE, de modo que tiene que ser una geminada «NN» (reflejando quizá un sonido «SN») como en el ENNEGuES (Eneko) de Egea de los Caballeros del Bronce italiano de Áscoli. Así pues, hay que leer ONNIRTAN u OSNIRTAN, que puede ser un topónimo como ILTIRTA (Ilerda, Lérida) seguido de un hipotético sufijo -N que puede indicar un locativo, como en vascuence. En cuanto al TENEKE, parece tratarse de un metal, como me confirma un amigo georgiano en relación con su idioma y otros de la zona caucásica.
Hay un EZE (etxe vasca, de etsi, cerrado) que puede ser interpretado como para casa, con un dativo íbero -A, si es que nos parece bien el vascoiberismo. Le sigue KARI o GARI (el alfabeto íbero no distingue entre «K» y «G» pero el greco-íbero atestigua la diferencia fonética), el cual puede significar trigo, como en vascuence (aunque Lacarra propone GALI para el protovasco), y un ERAUKON que suena al causativo del verbo vasco eduki, usado por Leizarraga en su Nuevo Testamento en el XVI como forma nor-nori-nork y que muestra analogía con el EKIAR o EKIEN relacionado probablemente con el verbo hacer, egin en vascuence, según todos los autores, y que aparece en numerosos textos íberos. Así que, con mucha imaginación, la mano de Irulegui sería un amuleto en el que ZORRIAUN pide a BIKIRRATIN (quizá un dios) a través de este objeto de metal, que haga tener trigo a la casa en ONNIRTA; el que haya alguna coincidencia con el vasco no implica que sea esta lengua, pues hay onomástica íbera muy evidente.
Mi humilde opinión es que se trata de un texto íbero, que suena a vasco porque el íbero suena siempre mucho a vasco, como el japonés, y que tiene ciertas supuestas coincidencias, que dejo en el terreno de la duda, aunque los numerales tienen en ambas lenguas un parecido asombroso. Lo que es definitivo para identificar al vasco antiguo es la presencia del fonema «H» aspirado, que aquí y en todos los textos íberos brilla por su ausencia. Por otra parte, en un texto de vascuence arcaico debería haber más signos para las fricativas vascas «TX», «TZ», «TS» y el íbero se limita a una diferenciación S silbante tipo castellano / Z sonora tipo vasco.

Me parece espantoso haber publicado este hallazgo en prensa diciendo que es un texto vasco (basándose en un SORIONEKU mal transcrito e interpretado) escrito con un alfabeto íbero-vasco particular; lo primero es más que dudoso, y lo segundo es falso, aparte del signo íbero «T» de las cecas vasconas. Es escandaloso el silencio del mayor experto español en la lengua íbera, Velaza, completamente vendido al nacionalismo catalán que le da de comer. Lo que prueba esta Mano de Irulegui, como la inscripción íbera de Andelos, y la inscripción IGAE/IKAE de Lanz, es que probablemente al sur de los Pirineos jamás se habló vascuence hasta una conquista o colonización aquitana tardía de Navarra en tiempos de dominio romano asentado y decadente ya muy entrada nuestra era, de la que dan testimonio, entre otras, las lápidas romanas de Lerga en Navarra y la de San Román de San Millán en Álava, conforme a la tesis de vasconización tardía y a los onomásticos vascónicos en las lápidas romanas de la zona de St. Bertrand de Commingues, atestiguadas por Gorrochategui, en cuya época no aparecen parecidas por ninguna parte en el actual territorio vasco-navarro. No en vano, cerca de Pamplona hay un pueblo de nombre ÍBERO. En fin, señores, un argumento más en favor de la especificidad racial, cultural y lingüística de la Península Hispánica al principio de nuestra era. Los nacionalistas vascos, si quieren poltronas a cambio de mitos, que vayan a la tierra de origen de los mismos: a Gascoña, Wasconia, donde los Auskii, Basates y Lectorates, y que les voten en Auch, Bazas y Lectoure.


