OPINIÓN. El ministerio democrático de la mentira. Por Fernando Cuesta

Hasta hace unos días no existía en los países democráticos un ministerio que tenga a la mentira como el motivo de su existencia. Ignoro si en países con regímenes comunistas exista alguna administración que gestione la mentira como uno de los pilares de los gobiernos, supongo que sí, pero España acaba de poner en valor a la mentira como herramienta para la gestión.

Nuestro país ha sido el primer estado que ha habilitado un ministerio para la administración de la mentira. El máximo responsable del ministerio es muy conocido. Ha sido un juez que tuvo gran prestigio en relación a la lucha contra el terrorismo de ETA. Luchó contra éste a través de la ley. Me refiero al juez y hoy en las filas socialistas, Fernando Grande-Marlaska.

El ex juez y actual ministro del Interior ha deteriorado la institución que preside hasta transformarla en el departamento del embuste. Su nombramiento, hace ocho años, tuvo una buena acogida en la sociedad. Tenía un currículo impecable dado su compromiso en aplicar la ley desde su responsabilidad como juez. En el organigrama ministerial socialista Grande-Marlaska era al que mejor valoración se le concedía socialmente.

Con el paso del tiempo ha borrado el crédito del que disfrutaba y que la ciudadanía le había otorgado. Casi desde que Pedro Sánchez le nombró ministro comenzó a disminuir su popularidad. Marlaska había decidido dejar atrás su labor y dar comienzo a otra etapa. La etapa de la traición a quienes consideraban que su labor sería el reflejo del trabajo que había venido desarrollando como juez.

Uno de los episodios negros que protagonizó se produjo en la localidad costera andaluza de Barbate. Un lugar donde los traficantes de sustancias prohibidas actúan de una manera abierta y casi con total impunidad. Los traficantes suelen campar a sus anchas por la costa, sabedores que apenas la Guardia Civil tiene escasa capacidad contra ellos.

Y no es por falta de profesionalidad y de dedicación de nuestras fuerzas armadas. Lo que hace que la lucha contra el narcotráfico no sea todo lo eficaz que se quiere lo impide también Marlaska. El ministro apenas dota de las herramientas suficientes y adecuadas a los agentes que luchan contra el tráfico de estupefacientes.

La confirmación dolorosa de esa falta de dotaciones fue en la localidad señalada de Barbate. Las aguas que bañan las costas de la localidad fueron testigos, el 9 de febrero o de 2024, de dos asesinatos de guardias civiles a manos de los narcotraficantes. La deficiente embarcación donde viajaban los agentes fue embestida por la narco lancha consiguiendo que los agentes fueran arrojados al bar, donde fueron asesinados a fuerza de golpes de las embarcaciones de los delincuentes.

Marlaska, más allá de condenar los crímenes, mintió de manera miserable. Lo hizo de forma activa ocultando la embarcación donde viajaban los dos guardias civiles asesinados cuando una Comisión de investigación del Parlamento Europeo visitó España para interesarse y saber de primera mano lo ocurrido. Marlaska entorpeció la investigación ordenando ocultar pruebas, entre ellas, la de la lancha. Un hecho indecente que debería haber sido motivo suficiente para su destitución. Pero todo ello se debe a la cobardía del ministro para hacer frente a una total ineptitud temeraria en gestionar su ministerio. La escondió porque miente diciendo que a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado contaban con todo lo necesario para su labor.

Entregado a Marruecos

Recientemente lo ha vuelto hacer. Ha vuelto a mentir sobre la invasión en Ceuta de miles de ciudadanos. Más de 70.0000 personas violentaron la frontera de Ceuta y, pese a tener conocimiento de que podía suceder, no ordenó la defensa de las fronteras. Al contrario, no solo no trató de impedir la invasión, sino que agradeció al país impulsor de la avalancha humana, de colaborador esencial para resolver la situación. Surrealista.

Marlaska aplaude a Marruecos de manera obscena e indecente insultando a los ceutís, que son los que han sufrido la invasión. Aplaude a un país que, día sí y día también, trata de anexionarse las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. El rey marroquí busca anexionárselas con el objetivo de arrancar la libertad de sus habitantes, como lo hace con sus ciudadanos marroquíes.

Como se ve, se comprueba y se demuestra, el ministerio del Interior se ha ido trasformando en el primer ministerio de las democracias, en el ministerio democrático de la mentira. Ministerio semejante al de países como Marruecos, donde la democracia está reñida con el estado de derecho y donde a la ciudadanía se la aplasta con mentiras y represión.