La nueva derecha se puede resumir en una dicotomía final: patriotas vs falsos patriotas y a algunos se le ha caído la careta definitivamente
Hoy no voy a utilizar el repetido término de «divide y vencerás», porque la derecha, más allá de actores que quieren dividirla que «haberlos, haylos», se está partiendo ella sola en mil pedazos, desangrándose como nunca, quizás sea lo que haga falta; tocar fondo. Ya uno ha perdido la cuenta de cuántas formaciones y grupos hay. Hace un tiempo, se podía decir que había tres derechas: PP, Ciudadanos y VOX. El partido del Albert Rivera desapareció pero surgieron otros como SALF de Alvise Pérez, luego el Frente Obrero se apuntó a la ola antiinmigración, Núcleo Nacional parece agrupar a los descontentos junto con algunos de la tercera posición como es La Falange, que también sigue vigente. También surgen entretanto grupos como Revuelta, Democracia Nacional o Hazte Oír. En Cataluña, Silvia Orriols lidera un partido catalanista y antiinmigración. Demasiado.
La derecha española se asemeja a una tienda de ‘chucherías’ donde tienes toda la variedad que quieras para elegir. Haría gracia incluso si no fuera por lo mucho que nos estamos jugando como país en estos momentos, a sabiendas del ‘dictador’ que nos gobierna y que ahora está tranquilamente de vacaciones. Pero ha cambiado una cosa radicalmente que provoca que ahora esta partida de ajedrez se desarrolle bajo otras premisas. Ya se marchita el término diferenciador de base: extremo vs moderado. Ahora el término sionista se ha incorporado al tablero, cambiando las reglas y destapando a tramposos que decían defender a España.
Vamos a utilizar el término ‘aceleracionismo‘, que lo escuché hace poco y me gustó. Para mí, el aceleracionismo es menester, porque hay cosas que sabes que van a chocar irremediablemente tarde o temprano y, ¿para qué alargar las agonías? ¿Para dejarle ese problema a la siguiente generación? Nada más cobarde que no enfrentar los problemas de tu época y traspasárselo a tus hijos porque tú eres débil e incapaz. Antes, los soldados iban a las guerras con la firme idea «de dejar un mundo mejor a nuestros hijos», lo cuál ya parece una idea extinguida. Mejor que pasaran a otra vida pensando que valió la pena en vez de darse cuenta de que no sirvió para nada, pero el corazón de esos hombres estaba lleno de honor y de gloria y de aquello no queda nada.
Ahora, el honor ya no existe, cada cuál se arrima al árbol que mejor sombra le puede dar cuando llegue el verano ahora que dicen que hay cambio climático. Y la derecha actual atiende a demasiados intereses, quizás más que la izquierda y me explico: Muchas ‘ovejas’ progresistas creen firmemente en ciertos criterios sociales, en el feminismo o en el libertinaje sexual, por poner ejemplos, pero lo creen de verdad, otra cosa es que estén desnortados en muchos aspectos, pero lo creen convencidos y por eso salen a la calle. La derecha actual no sigue principios firmes porque no le interesa. Tener principios quiere decir que ciertas barreras no las vas a traspasar y aquí cada uno hace lo que le mejor le venga a él personalmente. El egoísmo no puede ser un principio en política, pero lo es y el pueblo paga las consecuencias.
Y aquí llega la división actual de la derecha española, que trasciende el también habitual promonárquicos vs antimonárquicos. De los Borbones ya nadie espera nada y el que lo haga estará desubicado. Ahora se trata de prosionistas vs antisionistas. Y eso lo ha acelerado (aceleracionismo) la invasión a Ceuta. Porque a algunos que iban de patriotas se les ha caído la careta de golpe. ¿Cómo puede ser que los patriotas de VOX, en nombre de su líder, aseguren que «Marruecos no es el enemigo y que hay que convivir con ellos»? ¿Cómo puede ser que con una invasión de 80.000 personas, el diputado del Vox en el parlamento europeo, Hermann Terstch, hable de la gran fidelidad de un gobierno como el marroquí con su líder? ¿Es acaso momento para loas a un país invasor? ¿Y del rey ‘ausente’ Felipe VI tampoco dicen nada? Lo que se ha llamado siempre jugar a dos bandas.
Y aquí llega uno de los quids de la cuestión. ¿No es el mismo discurso de VOX y el de Marlaska, diciendo que Marruecos «es un socio cuya complicidad, cooperación y lealtad están fuera de toda duda»? ¿Qué raro no? ¿No eran contrarias entre sí estas formaciones? La respuesta es que no, porque siguen los mismos intereses y obedecen a los mismo amos, más allá de hacer como que pelean y se odian para que show continúe y nada cambie. Prácticamente todos, sino todos, son siervos del sionismo, que es el que maneja el capital. El que piense que Sánchez es antisionista por condenar cuatro tonterías como lo de Palestina e Irán para contentar a sus votantes, será eso, votante de Sánchez. A la hora de la verdad todos se arrugan ante los mismos y Marruecos es socio de Israel y Estados Unidos. VOX y PSOE de acuerdo en ciertas premisas básicas.
Por tanto, la fragmentación en el arco conservador es irreconciliable. Pero es que la guerra ha trascendido a políticos y ha llegado a las personas públicas. Cada uno parece situarse en un lado. El Coronel Baños, Pablo González Gasca, Josué Cárdenas, Rubén Gisbert, Isaac Parejo, Bertrand Ndongo, Pío Moa, Roberto Vaquero (últimamente), el abogado Jesús Santorio…. Todos pueden ser catalogados de derechas pero entre muchos de ellos hay abismos irreconciliables. Este es el claro ejemplo de la partición total. Y todo empezó en Palestina, siguió en Irán y concluyó en Ceuta. Porque la triple alianza actual la forman Israel, Estados Unidos y Marruecos. O con ellos o contra ellos. O con los intereses de España o con los intereses ajenos de potencias extranjeras. Hipocresías en vuestras casas, no en el espacio común, no con nuestro dinero y, sobre todo, no con nuestro futuro.
Anticristianos
Claro que aquí ha habido el ansiado choque de trenes. Los que decían defender a España se han topado con un enemigo de España atacando a España. Esto es como los que apoyan la llegada de árabes y al colectivo LGTBI a la vez. O una u otra. Ya lo dijo Jesús cuando habló de tomar partido: «Solo puedes servir a un amo, a Dios o al dinero, porque amarás a uno y aborrecerás al otro«. (Mateo 6:24). Algunos quieren situarse en bandos contrarios, son fariseos, por tanto que tampoco hablen del cristianismo como su religión, que vayan de frente y abracen el judaísmo si tienen decencia.
Y de paso, que sigan siendo esclavos, esa es su decisión, pero que no vuelvan a llamarse patriotas ni a mentir diciendo que trabajan para los intereses de España. Ahora la derecha solo tendrá dos equipos, dejando atrás ideas como el liberalismo, el capitalismo o el idioma. Uno, formado por los patriotas que quieren a España y otra, los falsos patriotas, en verdad patriotas pero de otras potencias distintas a la suya. Lo que siempre se ha conocido como traidores. Las reglas han cambiado, España no, sigue abocada al abismo.


