Las precipitaciones en forma de nieve han sorprendido a mediados de mayo en distintas zonas de alta montaña de España, en un episodio marcado por la irrupción de aire frío que ha elevado la inestabilidad en el norte peninsular y ha rebajado de forma notable la cota de nieve.
Las nevadas se han dejado sentir especialmente en el País Vasco, donde se han registrado acumulaciones en cumbres de la sierra de Aizkorri, Gorbeia y Urkiola. La nieve ha aparecido a partir de los 1.300 metros de altitud, con un aspecto plenamente invernal en algunos puntos, aunque sin continuidad en cotas medias ni afectación a zonas urbanas.
El episodio ha tenido mayor intensidad en los Pirineos, donde la nieve ha vuelto a cubrir zonas altas de Huesca y Lleida. En macizos como Benasque, Ordesa o el entorno de Aigüestortes se han producido nuevos aportes en cotas superiores a los 2.000 metros, con acumulaciones variables en función de la orientación y la altitud.
En la Cordillera Cantábrica, incluida el área de los Picos de Europa, la nieve se ha limitado a las cumbres más elevadas. Se trata en su mayoría de nevadas débiles o de restos de acumulación previos, sin una cobertura continua en niveles intermedios. En el sur, la nieve también ha hecho acto de presencia de forma puntual en la Sierra Nevada, especialmente en las zonas más altas del Mulhacén y el Veleta. Las precipitaciones han sido débiles y restringidas a las cotas más elevadas de la cadena montañosa.

En el Sistema Central y otras sierras del interior peninsular, como Gredos o Guadarrama, la nieve ha sido prácticamente testimonial, limitada a neveros residuales en áreas protegidas del viento y la insolación. El episodio confirma un patrón habitual en la primavera española, con irrupciones de aire frío que pueden provocar nevadas tardías en alta montaña incluso en plena segunda quincena de mayo, aunque sin carácter generalizado ni impacto en zonas habitadas.


