Los datos sobre el empleo del pasado ejercicio 2025 son discretamente positivos. Hemos alcanzado un desempleo que, por primera vez en varios años, se sitúa por debajo del 10%, en concreto un 9,93%. Un porcentaje que nos traslada a 2008 donde no se traspasó la barrera de ese 10%. Esta cifra lleva implícito datos muy interesantes y esclarecedores. El descenso del desempleo a ese 9,93% nos señala que, en términos absolutos, unas 118.400 personas encontraron trabajo a lo largo del pasado año. Pero a pesar de ser un dato positivo, si lo comparamos con el del anterior ejercicio, no parece que debamos mostrarnos muy optimistas.
En cuanto a la creación de empleo ha aumentado a priori el número de personas que encontraron empleo. Dicha cifra fue de 605.400, superando la del pasado año al año 2024. Pero en casa del pobre poco duran las alegrías, en este caso se confirma el refrán español. La cifra es sensiblemente inferior al ejercicio de 2023, que fue de 783.000 puestos de trabajo creados. Vemos que estos apuntes contables se asemejan a una ‘montaña rusa’ que para nada puede llevarnos a una interpretación optimista de los datos conocidos. Observamos que no existe una tendencia al alza del empleo. Con los datos globales en la mano esa mejora de la empleabilidad se encuentra lejos de estar consolidada. Las estadísticas no son nada alentadoras de cara al futuro.
El empleo no parece estar situado en la trayectoria más correcta. Seguimos a la cola del paro de la UE. En vez de implicarse en aplicar políticas incentivadoras del empleo, la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, emplea esfuerzo en esconder la falta de un proyecto bien estructurado a través de la utilización tergiversada del lenguaje. La ausencia de conocimiento del mercado y el tratar de expulsar de ese proyecto impulsor a los emprendedores hace que las políticas de empleo fracasen. Ante esa gran falta de voluntad por parte del ministerio de trabajo de encontrar soluciones incorporando a todos los sectores del ámbito laboral, busca en el vocabulario una salida. Lo vamos a ver con denominaciones un tato singulares.
Un porcentaje de los datos del desempleo lo esconden con la nueva modalidad de contratos, la denominada fijos discontinuos. Es decir blanquean el paro transformándolo en empleo inexistente.
Es una denominación engañosa ya que no se contabilizan como parados a quienes tienen dicho contrato a pesar de que no trabajen. Los fijos discontinuos son empleados que pueden trabajar un mes o dos al año incluso un solo día, pero se contabilizan como si lo hicieran todos los meses del año. Se calcula que existen unos 800.000 contratos con esa nueva modalidad, con esa denominación lo cual las cifras del desempleo están, evidentemente distorsionadas y falseadas. En resumen, nos están engañando, nos mienten, en definitiva, nos toman por tontos.
Si atendemos a la contabilidad oficial, en nuestro país tenemos 25 millones de trabajadores. Cantidad dopada, aumentada artificialmente puesto que hay que descontar casi un millón de trabajadores, ya que, como digo, están enturbiadas las estadísticas. Esta contabilidad solo busca cubrir realmente el fracaso de las políticas de empleo del gobierno social-comunista. Si, ademá,s la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, viene del sindicato comunista de CCOO y nunca ha trabajado fuera del paraguas institucional, tenemos la respuesta al fracaso del empleo en España. A pesar de lo señalado, la ministra de trabajo y líder de SUMAR, se ha mostrado muy satisfecha. Ignorando que con estos datos y los que recoge la EPA (Encuesta de Población Activa) existe una clara contradicción. No encaja que el crecimiento del valor agregado de la Administración sea cero para a continuación señalar que el sector servicios, que supone un 75% de la economía habiendo experimentado un incremento del 0,8%.
Pero más allá de una guerra de cifras hay dos factores muy importantes en este tablero. El primero es la falta de credibilidad en las instituciones. Comenzando por el propio ejecutivo. Hemos observado cómo, desde el gobierno, se ha tratado de restar legitimidad al Poder Judicial cuando éste ha estado desarrollando su labor. Una labor que no parece haber gustado al ejecutivo y ha diseñado un proyecto de descrédito que lo ha llevado hasta el congreso de los Diputados. Un hecho que ha tenido una tibia respuesta en la presidenta del tribunal supremo, Isabel Repelló, afeando la conducta del gobierno que atacaba a la independencia de poderes. En resumen, al contrario de lo que ha ocurrido con el CIS, el socialismo, al no haber colonizado una parte de la justicia, trata de retorcerla como ha hecho colocando en la presidencia del CIS a una persona cercana al socialismo. Lo cual el resultado es de todos conocido: El CIS no es creíble.
Cero credibilidad
En este caso, parece que el ejecutivo recibe los datos de empleo con alegría. Al contrario de lo que hemos señalado con respecto al poder judicial, celebra lo positivo de los indicadores de empleo. Lo que nos lleva a la conclusión que el ciudadano se encuentra en una encrucijada. Nos encontramos ante una situación un tanto insólita y a la vez preocupante. Debemos valorar si los datos sobre la evolución del desempleo son fiables o por el contrario se encuentran en la misma línea de las encuestas del CIS, del socialista José Félix Tezanos. Sin olvidar la falta de confianza en el gobierno debido a que aún ignoramos que es lo que sucedió para que se produjera el apagón del 28 de abril de 2025.
Lo mismo está sucediendo con el accidente ferroviario ocurrido recientemente, donde se nos trata de engañar acerca de las causas del accidente. Por tanto, los datos oficiales sobre el empleo no cabe ninguna duda que debemos colocarlos en el ‘congelador’. El prestigio y la credibilidad de muchas instituciones del estado a día de hoy se encuentran en horas bajas. En la cuestión de índole económico como este, la pérdida de credibilidad de las instituciones encargadas del estudio del mercado laboral resta inversión y por lo tanto no contribuye a la mejora del empleo. Además, se suma la crisis de fiabilidad del trasporte y la energía.


