Asistimos sobrecogidos a un nuevo amanecer, a la visión del Pueblo convocado de nuevo en comitia centuriata en la Puerta del Sol en defensa de la pobre desahuciada Maricarmen, encarnación de una nueva Helena de Troya que, como ésta, nos ha de restaurar en nuestros derechos originarios, principalmente el de una vivienda gratuita, tras una guerra en la que el enemigo principal es, cómo no, el fascismo. Y es que todavía hay idiotas que se creen esta milonga trasnochada y decimonónica en la que el Pueblo salva al Pueblo de enemigos imaginarios de tenebrosa e indefinida entidad.
Todo este tinglado a cuenta de la no tan pobre señora Mari Carmen, una cigarra que no una hormiga, que pretende vivir ella solita como propietaria por cuatro perras en un pisazo alquilado en el Retiro a cuenta de una ley del Caudillo derogada por los socialistas en 1985 y 1994, no es sino una maniobra de distracción sentimental de las izquierdas para tapar toda la movida de Ceuta y de la corrupción del Gobierno del camarada Sánchez. Eso, lo primero, pero lo más sobrecogedor es lo que se esconde detrás de esta excusa para perpetrar el Decreto sobre vivienda y alquiler que prepara este mismo Gobierno con sus socios para el próximo martes 29 de septiembre: la expropiación, vía alquiler, de la vivienda propiedad de españoles para regalársela a los inmigrantes a precio de saldo, con la excusa de la protección social, el uso social de la propiedad, el derecho a la vivienda y la vulnerabilidad de los pobrecitos. Caridad cristiana porque vosotros fuisteis inmigrantes en Egipto, suscribiría la Conferencia episcopal masónica.
El plan es el siguiente, a ver si nos vamos enterando. Usando el argumento emocional, porque el racional no lo tienen, pretenden hacernos creer a los españoles que todo ser humano tiene unos derechos fundamentales y una libertades públicas inalienables, especie ésta que se inventaron los asesinos revolucionarios, masónicos y ateos en 1789 frente a las tablas de deberes de la Ley de Moisés, que luego continuaron los mayores genocidas de la Historia en la ONU, y que hoy se expresa en el mantra de que ningún ser humano es ilegal, de que somos todos iguales y de que hay que ser solidario (libertad, igualdad y fraternidad, o bien la muerte del que se oponga a ello, como rezaba el eslogan original de los revolucionarios franceses). Entre esos derechos, por supuesto, está el de migrar a donde uno quiera (no existe el derecho humano a impedir que te invadan tu casa, ni a ser blanco en un país de blancos), el de delinquir en el país de acogida, y además, de modo que sea el nativo originario el pagafantas que financie esos derechos, libertades y libertinajes del inmigrante, porque toda esta milonga de los derechos sale especialmente cara, y redunda sí o sí en el recorte de los servicios públicos para los nativos.
Esto es más o menos lo mismo que hicieron los anglosajones en EEUU con los nativos originarios, pero de otro modo: ya no te extermino y me quedo con tus tierras, sino que me quedo con tus tierras y tú me pagas los gastos y los vicios, y de paso me repaso a tus hijas, porque soy un ser humano (o cristiano anónimo salvado por la encarnación de Cristo por el solo hecho de nacer humano, diría la secta romana del Vaticano II, de boca de Karl Rähner). Exterminio y reemplazo también hay, pero no a la americana, a tiros, tipo Sand Creek o Wounded Knee, sino a través del holocausto feticida (mal llamado aborto), la contracepción, el feminismo, el homosexualismo, el mestizaje masivo, la eutanasia y el suicidio inducido, alcoholismo y drogas aparte.


El Capital parte de un principio que es la maximización de beneficios monetarios. Como muy acertadamente dijo Marx, paga a sus trabajadores menos del valor real de su trabajo, imprescindible para él de todos modos. Si tiene que destrozar familias para meter hombres y mujeres desesperados en esta rueda de latrocinio, lo hará. Si tiene que traer gente de fuera para hundir las óptimas condiciones laborales y salariales conseguidas por los fascismos y mantener la estafa piramidal de la Seguridad Social con las cuotas de los nuevos españoles, lo hará. La mujer y el inmigrante no blanco son piezas más maleables para el Capital que el belicoso hombre blanco y cristiano, quien siempre ha traído problemas a los tiranos. Por eso se impone la inmigración masiva, la mestización y el aborregamiento general y el ahogamiento espiritual que propicien el gran remplazo de la raza blanca en Occidente, el verdadero pueblo de Israel del Antiguo Testamento bíblico.
El Capital sabe que ese plan suyo del gran remplazo de la raza blanca exige una solución habitacional para los millones de extranjeros que ya ha traído para su servicio, y los más que aún están por venir. Pero no está dispuesto a pagar por ello, sino a ganar dinero con ello. Dirá algún imbécil liberal que hay que construir más viviendas, lo mismo que dirá que hay que construir más cárceles, poner más cámaras de vigilancia, más policías y endurecer las leyes penales, sin plantear jamás que hay que expropiar vivienda a los bancos y a los Fondos buitre y echar a los extranjeros del país, porque a la vez que el Capital va adquiriendo inmuebles por doquier (fincas para el control de la producción agrícola y ganadera y jugosos edificios en lo mejorcito de las grandes ciudades y centros turísticos), pretende que seamos los españoles los que financiemos las viviendas de los inmigrantes invasores que vienen a sustituirnos y a rebajar nuestras condiciones laborales y salariales por la simple aplicación de la ley de oferta y demanda laboral.
Y para ello, con el argumento emocional de la pobre Maricarmen, y con el cuento de los derechos humanos y de que todos los españoles son iguales ante la ley (españoles, no extranjeros, aunque hoy a cualquier mongol y a sus nietos les dan el pasaporte para que voten a los socialistas, y esto ya lo empezó el PP con los sefardíes), preparan nuevas normas para expropiar, vía alquiler, las segundas residencias a los españoles (no a los Fondos buitre) y ofrecérselas a precio de risa a los extranjeros, todos vulnerables y parias de la Tierra. Y el que no quiera alquilar verá su finca expropiada para uso social por hallarse inhabitada, esto si tiene liquidez para aguantar toda la sarta de impuestos que le van a caer encima. Añádanse a esto las ayudas sociales y los pisos de protección oficial que les son negados a los nativos, y todos los vicios de estos seres humanos hermanitos nuestros, que han de correr a cuenta de nuestro impuesto de la renta. Y si la niña le trae uno de éstos a casa, asuma usted su culpa por el odioso colonialismo blanco y ponga buena cara, como en la película Adivina quién viene a cenar.



