ANSELMO DESTON
Cuando Sánchez Corleone cesó a Maxim Huerta por un asunto nimio frente a todo lo que ha ocurrido después, le espetó, cual Gran Dictador de Chaplin jugando con el globo terráqueo en su despacho de La Moncloa, que lo único que le inquietaba es cómo pasaría a la Historia. Todos los escándalos y corrupción de su círculo cercano, colonización de instituciones, cambios de opinión (antes llamados mentiras), oscuras alianzas con los herederos de ETA y con la izquierda más radical, que antes le quitaban el sueño, posibles chantajes a manos de gobiernos extranjeros, encargos de ataques a jueces y guardia civiles, decisiones unilaterales en política exterior e interior…, quedan difuminados por la presunta etiqueta de ser el ‘gobierno más progresista de la historia’.
Una suerte de héroe que resiste valientemente, cual Astérix, frente a una derecha extrema que lo ataca injustamente. Se aprovecha el Corleone hispano de una sociedad narcotizada y hábilmente amaestrada durante los últimos decenios en torno al mantra “todo lo que haga la izquierda da igual porque la derecha sería peor”. Este lema hace mirar todo con un solo ojo, permitiendo así sostener que la extrema derecha es mala, haga lo que haga, pero la extrema izquierda es buena, haga lo que haga. Y se quejan, los de tal análisis simplista, de que en Europa sigan subiendo los primeros.
En realidad, si analizamos más de cerca el resultado de estos años de sanchismo no parece que España esté progresando gran cosa, especialmente si por progreso entendemos atender mejor a lo común, a los derechos sociales y a los servicios públicos esenciales. De hecho, España parece instalada en una senda que avanza sí, pero peligrosamente cuesta abajo:
-La educación, vertebradora de la igualdad y ascensor social, está en mínimos históricos de calidad, como atestigua el último informe PISA, especialmente en las dos regiones donde gobierna el separatismo, aliado del gobierno. Menos derechos para todos, y especialmente para los que tienen como lengua materna el español. La autocritica de los diseñadores de un modelo posmoderno fallido brilla por su ausencia.
-La sanidad, base de una sociedad integrada que puede mirar con tranquilidad al futuro, está más saturada que nunca, por la llegada ininterrumpida, y sin límite conocido, de nuevos pacientes de fuera, lleguen como lleguen, obviando a aquellos que se quedan en su país. Pretender ser el hospital del mundo es una quimera que solo puede llevar a acabar con uno de los sistemas sanitarios, hasta hace poco, mejores del mundo. Peor salud supone menos derechos para todos.
-Las infraestructuras de transporte e hidráulicas, que hasta hace poco eran la envidia de muchos países, sobre todo la red de AVE, han sufrido un deterioro inasumible, dejando desnudas vergüenzas inconfesables de falta de inversión en nuevas infraestructuras necesarias (e.g. barranco del Poyo) o mantenimiento de las vías del tren, que han producido numerosas víctimas (AVE). El ministro-bufón cuyo mayor empeño parece ser hacer reír al jefe, como en las antiguas cortes medievales, parece más pendiente de las redes sociales que de prestar un buen servicio a la sociedad. En esto ha quedado el progreso, con muertos de primera y de segunda.
-Las pensiones, de cuyo futuro nadie quiera hablar, están más dopadas que nunca. Si en un periodo donde tenemos récord de recaudación y, al mismo tiempo, récord de deuda —lo que no habla muy bien por cierto de la buena gestión de los responsables económicos y que no anuncia nada bueno para tiempos más recios — el que haya tenido que acudirse a los fondos europeos para su pago, es una señal clara de alarma. Máxime, sabiendo que cuando un gobierno del PSOE deja el poder, tiene la mala costumbre de traspasar la hucha de las pensiones vacía, dejando la austeridad para el siguiente.
-Nuestro sistema energético hace aguas, como ha mostrado un apagón histórico, al que no han seguido otros de milagro. ETA decidió acabar con la energía nuclear en nuestro país (Lemóniz), y después sus socios no han sido capaces de cambiar el rumbo. Energía más cara para todos significa peor calidad de vida.
-Un gobierno presuntamente preocupado por las mujeres y el colectivo LGTBI, privilegia relaciones con dictaduras teocráticas o comunistas que justamente son las que menos derechos ofrecen a esos colectivos o, directamente más los persiguen, sin decir ni pío al respecto. Hay violadores de primera y de segunda, según convenga al discurso prevalente. De hecho, a este gobierno le gustan especialmente las dictaduras (Marruecos, China, Irán, Cuba, Venezuela), basta con que no sean de derechas. Hasta Franco habría sido encumbrado hasta la saciedad, con sus mismas políticas, si hubiera sido de los suyos; incluso las víctimas de la represión les parecerían entonces pocas. Hasta no tendrían remilgos en reconocer que entonces todos tenían derecho a una vivienda digna y asequible, cosa que el segundo Frente Popular, con cada decisión que toma, empeora todo para todos. Hasta el precio del alquiler no hace sino subir.
–La justicia supuestamente es uno de los baluartes de un Estado moderno, pero con este gobierno los jueces sólo pueden ser tales cuando imputan y condenan a gentes de derechas; si los afectados son de izquierdas o separatistas entonces ejercen el ‘lawfare’ y por tanto pueden ser criticados, perseguidos, amenazados… incluso darles un susto. Esto llega a su paroxismo cuando lo mismo se aplica a los jurados populares que sólo pueden ser justos si sus decisiones se acomodan a lo que Sánchez Corleone desea. En España, no solo el Rey es inimputable sino, al menos Corleone y su familia. Si eres progresista, tienes licencia para matar…, por de pronto embriones, y sin límite.
-También hemos retrocedido en materia de igualdad, pues con este gobierno los territorios más ricos pagan menos y no contribuyen a los gastos comunes ni a la solidaridad interterritorial. Ya pasaba desde hace tiempo con la comunidad vasca, una casta privilegiada que pagamos todos y ahora llega la catalana. Como resultado, tendremos más españoles de primera y de segunda.
-El sistema electoral español era uno de los más rigurosos; hoy está lleno de sospechas, con la llamada ley de nietos, voto por correo gestionado por miembros del partido y el voto extranjero en general. Es cierto que llueve sobre mojado, pues el anterior Frente Popular (ver el estudio de los profesores Álvarez Tardío y Roberto Villa), ya falsificó las elecciones de 1936. El Corleone hispano ha mostrado ser un alumno aventajado al falsificar una tesis doctoral y unas elecciones primarias de su partido. Si lleva casco de bombero y botas de bombero, igual es que es un bombero. Es como si en España no pudiera/debiera ganar nunca las elecciones la derecha, sobre todo por mayoría absoluta y para ese fin, todo o casi todo valiera.
En el fondo de todo eso, subyace un marco mental distorsionado que vive del odio a la derecha y a España. Por eso sólo se odia a la derecha española, la otra, aunque sea racista, xenófoba y quiera romper España, es amiga. Este esquema mental ha permitido cerrar pactos como el del Tinell o el Estella, que en otros países civilizados habrían sido imposibles. Cabe recordar especialmente cuando ETA mató a Gregorio Ordoñez por ser un candidato que amenazaba con ganar las elecciones al Ayuntamiento de San Sebastián. Las elecciones tuvieron lugar con el cadáver todavía caliente, ganó el PP con otro candidato, pero el PSOE prefirió gobernar con el apoyo del PNV. Estamos ante un problema moral.
¡Es el poder, estúpidos! Al sanchismo no le importan en realidad los inmigrantes, ni los homosexuales, ni las mujeres, ni los pensionistas, ni Maricarmen (si hubiera sido de Barcelona, nadie habría hablado de ella), ni los gazatíes (que se lo pregunten a los saharauis abandonados ante el sátrapa de Rabat)…, todos ellos son meros instrumentos de un prestidigitador moral que persigue sólo un fin: seguir en el poder, y vivir de él, eternamente. Es en lo que se convirtió el comunismo cuando cambió lucha de clases por una nomenclatura no menos terrible que atesoraba todos los privilegios. Hoy la nomenclatura la forman la corte de adoradores y sumisos al sanchismo —unos por vanidad, otros por miedo, otros por precio—, ministros, periodistas, magistrados, fiscales, académicos, actores, presidentes de órganos supuestamente independientes…, al menos hasta que el Rey de Corazones se canse de ellos y decida que les corten la cabeza.
El sanchismo en realidad, más que un movimiento de izquierda homologable en clave europea, actúa como un régimen mafioso. Algunos ingenuos consideran que habrá elecciones y todo podrá cambiar su curso. Pero han olvidado que un día un atentado como el 11M cambió el destino político de España, ¿y si lo de Ceuta fuera un 11M.dos? Bastaría, llegado el caso hablar, con el sultán y preparar una situación que facilitara un estado de excepción y/o sitio. ¿Creen de verdad que convocaría elecciones quien, si no puede controlar el resultado, sabe que de perderlas puede acabar en la cárcel? España sigue siendo diferente porque nuestra izquierda lamentablemente también lo es. El progresismo ha quedado en hipocresía, derroche ineficaz, doble vara de medir, y una desfachatez indecente.


