Sí, queramos o no los que ya peinamos canas somos viejos. Es posible que no sea el término más adecuado para referirnos a los que hemos atravesado la barrera de los 65 años, pero es una realidad incontestable. En los últimos comicios autonómicos apenas se ha tenido en cuenta a las personas que están transitando las últimas etapas de la vida. Ninguno de los candidatos, a presidir las comunidades autónomas, han explicado, en alguno de sus mítines, los planes o proyectos para las personas que se hallan en el ocaso de su vida. De boca de ninguno de ellos ha salido una frase indicando un incentivo o impulsando una esperanza fundada para hacer, que el resto de la vida que nos queda, sea la mejor posible.
Que al menos tengamos la esperanza de que los derechos que en la actualidad tenemos se consoliden.
Nada sobre ello se ha dicho. Nuestros políticos han estado dedicados a otras prioridades. Los viejos estamos amortizados. Estamos fuera de circulación y por tanto, estamos fuera del alcance de su vista. Para lo único que les servimos es como herramienta de trabajo. Sobre todo, les servimos para descalificar al rival político que se encuentra liderando alguna institución, para reprocharles la falta de residencias de ancianos o de personal para que podamos ser atendidos.
A pesar de que la población española está envejeciendo a pasos agigantados los responsables políticos obvian esa realidad palpable. Cada vez más, hay que ir aumentando las partidas presupuestarias para poder hacer frente al pago de las pensiones que día a día van aumentando de manera exponencial y sin embargo, no parece estar en el centro del debate político con todo lo que conlleva. Estas últimas campañas electorales han demostrado que los viejos somos invisibles para nuestros representantes políticos. Apenas se nos tiene en cuenta. Los viejos somos los que podemos enseñar a sortear peligros, crisis, en definitiva, podemos aportar la experiencia que hemos adquirido a lo largo de nuestras vidas, pero se nos aparta hasta el punto de repetir los mismos errores que en el pasado.
A pesar de las dificultades por las que atraviesa el país no se está teniendo en cuenta lo que los más viejos pueden aportar. Son los de una edad más avanzada los que también pueden añadir su granito de arena para salir de la crisis por la que atravesamos. Incluso hemos demostrado sobradamente que tenemos la suficiente capacidad como para responsabilizarnos del futuro de nuestros hijos y nietos, sobre todo cuando el país es incapaz de afrontar las dificultades con unas mínimas garantías para superarlas.
Las crisis por la que ha atravesado este país ha servido para demostrar que sin los senior la sociedad es ineficaz poder superarla. Los abuelos actuales son los verdaderos pastores del rebaño humano.
En los últimos años las sociedades han experimentado un extraordinario avance en muchas materias, sobre todo, en el área de las nuevas tecnologías. Incluso parece que hemos pisado la luna, aunque es a día de hoy algo casi anecdótico, pero ha servido para grandes descubrimientos para la vida cotidiana. Un claro ejemplo ha sido los pañales de los bebés que gracias a esos viajes espaciales se fueron desarrollando. Pero existe el factor humano. Ese factor se llama experiencia, se denomina tercera edad, viejos, senior. Sin ellos muchas familias no tendrían un futuro esperanzador. Sin unos abuelos comprometidos con su familia las vidas de muchas personas tomarían un rumbo muy diferente y nada positivo.
Por tanto, la contribución de la gente con experiencia, de los más mayores ha de tenerse muy en cuenta. Los viejos, los seniors suelen inspirar moderación y prudencia, dos virtudes muy escasas en la actualidad, pero que deben ir incorporándose al ADN de la sociedad.


