Respecto al vascuence, como así lo llamaba, fue tajante: «El vasco es un idioma impropio para las necesidades actuales. Representa una mentalidad tan arcaica que es imposible amoldarse a la vida moderna»
Pío Baroja y Nessi (1872-1956) fue uno de los escritores más importantes de la Generación del 98 y una figura clave de la literatura española. Nació en San Sebastián y estudió Medicina, aunque pronto abandonó la profesión para dedicarse por completo a la escritura. En sus novelas retrató la sociedad española de su tiempo con una visión crítica y pesimista. Entre sus títulos más conocidos destacan El árbol de la ciencia, Zalacaín el aventurero y la trilogía La lucha por la vida. Escribió más de sesenta novelas, además de ensayos y memorias. Sus personajes suelen ser inconformistas, individualistas y enfrentados a un mundo hostil.
Baroja defendió la libertad de pensamiento y mostró una profunda preocupación por la decadencia de España, especialmente por los nacionalismos vascos y catalanes, cuando aún no habían germinado del todo. «Si fueran a hacer una Florencia en el tiempo de los Médicis lo aplaudiría, pero no es el caso».
Hoy, sus palabras resuenan como las de alguien que vio venir exactamente lo que iba a pasar antes de que ETA aún estuviera ni en la mente de los más extremos, pero él ya advirtió del peligro del nacionalismo y radicalismo vasco. Una de sus obras: ‘Momentum catastrophicum’ recoge lo más interesante de una conferencia que impartió en 1918 en tierras vacas, en la que despelleja el nacionalismo desde diferentes prismas y del que extraemos algunas de sus citas más interesantes:
-La raza: «Es el primero de los dogmas nacionalistas. La raza es indudablemente algo, pero como muchos de los conceptos biológicos cuando se le quiere encerrar bien en límites claros y precisos se escapa».
«El nacionalismo vasco quiere basarse sobre la idea de raza, así es de endeble y de raquítico. Es una teoría de personas con la mente cerrada».
–Lengua: «Hay tres tipos étnicos entre los vascongados, que se podrían llamar tipo iberoide, celtoide y gerrmanoide. Seguramente el vascuence corresponde a uno de ellos y no a los otros dos, pero puede también no corresponder a ninguno de ellos y ser un idioma presentado por otra raza o pueblo desaparecido«.
«El vasco es un idioma impropio para las necesidades actuales. Representa una mentalidad tan arcaica que es imposible amoldarse a la vida actual. No sirve para la vida moderna».
«En el País Vasco nadie se ha opuesto nunca a que se hable y se escriba el idioma regional».

-Influencia: «En el catalanismo y el vasquismo influyen, más que nada, la vanidad, antipatía y el interés. Enfrente de esta vanidad está está el español pasivo perezoso sin deseo que no siente la necesidad de figurar en el mundo. La vanidad del vasco es una vanidad individual y de nuevo rico.
«Yo no creo que el el vasco sea más humilde ni menos humilde que los demás pobladores primitivos de Europa».
–‘Maquetos‘: «El maqueto es un García o un López, pero un García o un López pobre y desastrado, porque si este García o este López es rico y tiene un título, entonces ya no es un maqueto, y el naviero rico o el comerciante bilbaíno le dará a su hija para que sea la señora marquesa o la señora condesa».
–Opresión: «Estamos oprimidos por Castilla, dicen los nacionalistas. ¡Qué necedad! ¿Dónde está la opresión? Hasta se puede preguntar, ¿dónde está Castilla? Porque Castilla tiene menos realidad que cualquier otra región española» y es pobre como ninguna.
–Tradición e historia: «Otra de las raíces del nacionalismo vasco es la tradición y la historia. Estos dos conceptos parecen claros, pero examinándolos de cerca son como fantasmas, que al mirarlos detenidamente se desvanecen. ¿Acaso solo hay una tradición en todo el país?
–Fueros: «Hoy una nacionalista vasco dirá que quiere los fueros porque son leyes viejas, pero las cosas no son buenas porque sean viejas; las leyes tampoco son mejores porque sean antiguas. Es decir, el tradicionalista de hoy pide lo que quería el modernista de ayer».
–Cultura: «No hay una gran cultura organizada en España y para un extranjero la cultura española es igual en todos sus rincones. Es más, la cultura vasca tiene una clara influencia parisina. Los vascos no tienen una cultura propia«.
–Religión: «Yo no veo la religiosidad del vasco por ningún lado. No tiene inquietud religiosa alguna. Al aceptar la teocracia no hace más que aceptar una norma fácil, una disciplina cómoda para la vida».
«Parece que queréis que haya más intolerancia religiosa, más frailes, más procesiones y más faramalla clerical de aire judaico».

–Autonomía: «No vale la pena que sea autónomo si no tiene nada que mostrar al mundo algo que le enseñe, que le interese o que le conmueva. A mí me da igual que exista Andorra, por ejemplo».
«Esta autonomía no ha de resolver nada. Si se quisiera hacer de Vasconia una Florencia del tiempo de los Médicis, o una Weimar del tiempo de Goethe nos encantaría pero si se quiere hacer de nuestro país un Paraguay del tiempo de los jesuitas o una Andorra todos lucharemos contra ese oprobio como podamos»
«En todo caso, debería ser una autonomía individual con la libertad absoluta de conciencia para vascos y para no vascos que viviesen en el país».
Espiritualidad: Hay una intolerancia demasiado fiera en nuestras provincias para que brote una flor espiritual y no hay espiritualidad que pueda soportar el yugo abrumador de la teocracia».
Antidemócrata
Política: «Si en los países pequeños, en donde hay pocos hombres que se distinguen, se dedican éstos a la política y abandonan las artes y la industria, las profesiones científicas y literarias, esto será una ‘merienda de negros'».
Democracia: «Nunca he creído en ella; el número suele ser la barbarie. Es el solar que ha producido el derrumbamiento del antiguo edificio con sus pisos y sus categorías».


