Podemos busca aliades. Por Daniel Harguindey

La situación de Podemos atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su irrupción en la política nacional. La formación ha perdido peso electoral y respeto de forma progresiva desde sus mejores resultados en la década pasada, con retrocesos en elecciones generales, autonómicas y municipales, y una reducción significativa de su capacidad de influencia dentro del bloque progresista. Ahora busca socios como Rufián para evitar su desaparición definitiva.

El partido que lidera Ione Belarra ha intensificado ciegamente su estrategia de alianzas y coordinación con otras fuerzas del espacio a la izquierda del PSOE en un intento de recuperar un terreno que fue perdiendo paulatinamente para evitar una mayor fragmentación del voto. Entre esos movimientos destaca el acercamiento político a Gabriel Rufián, de ERC, en un intento de unificación de las izquierdas, en vista de que siguen perdiendo fuerza.

La sintonía entre dirigentes de Podemos y Rufián se ha hecho visible, con Sarah Santaolalla en el papel de ‘cenicienta’ en actos recientes en los que se ha planteado la idea de articular frentes comunes o candidaturas coordinadas en determinados territorios para no perder comba. Estas iniciativas no se han concretado en acuerdos cerrados, pero Podemos se agarraría a lo que fuera ahora mismo. Busca socios y no mira demasiado quién, no está para exigir nada a estas alturas.

En paralelo, el debate interno en el espacio a la izquierda del PSOE sigue abierto, con la presencia de otras formaciones como Sumar o Izquierda Unida, que ha reforzado su papel dentro de las coaliciones existentes, y el propio PSOE, que mantiene la hegemonía electoral del bloque progresista. Esta estructura deja a Podemos en una posición más dependiente de acuerdos que de crecimiento propio.

Últimos repasos

Podemos ha sufrido un fuerte retroceso en los últimos ciclos autonómicos, especialmente desde 2023, cuando perdió gran parte de su representación territorial y quedó fuera de varios parlamentos como Madrid o la Comunidad Valenciana. En ese proceso pasó de decenas de escaños autonómicos a una presencia muy reducida y, en algunos casos, inexistente. En las últimas elecciones autonómicas, se ha reflejado la caída.

En Castilla y León, Podemos tuvo una presencia marginal, integrado en candidaturas de confluencia, sin capacidad de obtener escaños propios y con un peso electoral muy reducido dentro de la izquierda alternativa. En Aragón, su participación ha sido también testimonial dentro de coaliciones, con resultados insuficientes para mantener representación autonómica relevante en solitario y con fuerte dependencia de alianzas. En Extremadura, el espacio de Podemos ha quedado igualmente diluido en candidaturas más amplias, sin consolidar grupo parlamentario propio ni capacidad de condicionar mayorías.