«Tócala otra vez, David»

El pianista hermano del presidente es imputado, pero le ha salido redonda la jugada ya que no deberá devolver ni un duro del casi medio millón que se llevó y no ingresará en prisión

«Tócala otra vez, Sam» es una frase popular inspirada en la película Casablanca (1942), cuando el protagonista le pide repetir la canción a piano al artista. Con el tiempo, la frase adquirió un significado de algo bien hecho en el sentido de «que se repita aquello que tan bien salió». Y la jugada del hermano de Pedro Sánchez ha sido como una buena partitura, que dan ganas de volverla a oír según acaba. Sabemos que el pobre David vagaba los días aferrado a su piano, esperando la sentencia judicial tras su escándalo en la Diputación de Badajoz. Ahora tocará canciones alegres, porque la sentencia es irrisoria y la justicia queda en entredicho.

No tiene sentido que se le impute una inhabilitación de nueve años a trabajar en el sector público, cuando se sabe que lo de trabajar, más bien poco, hasta que la Diputación de Badajoz cayó en un delito claro de tráfico de influencias en la contratación pública al ‘crear’ un puesto de trabajo exclusivamente para colocar allí al hermano vago de Pedro Sánchez. Quizás la palabra no sea vago sino bohemio, soñador, él quizás tenga alma de artista y no le gusta el trabajo duro, bueno, no le gusta el trabajo en general. A él lo que le va es dejarse llevar por el piano al caer el atardecer y cuando le preguntaron en el juicio donde estaba su despacho, dijo que no sabía. «¿A mí qué me cuenta señor juez, si yo soy un artista?», debió pensar.

Él es de esos que dicen «yo quiero vivir de mi arte», aunque sea evidente que su arte solo le va a llevar a la pobreza, excepto porque es el hermano del ‘presi’. Es como el que quiere vivir de escribir cuentos, de pintar caricaturas o de torear becerros. No quiero quitarte la ilusión, pero el mercado a veces es ‘injusto’ para tu modo de ver la vida. ¡Ánimo! Seguramente, David quiere pasarse el día ensoñado con sus melodías, pero su hermano le tuvo que enchufar de manera fraudulenta para tener ingresos reales. David no iba a trabajar pero el sueldo no lo perdonaba. Él es bohemio pero no tonto.

Cerca de 450.000 euros se ha llevado el ‘artista’, que todavía nadie sabe qué sabe hacer realmente, más allá de ‘su arte’. Con un sueldo estimado de 55.000 euros por año, en estos últimos ocho años de trabajo ‘duro y farragoso’, en los que no ha aparecido por la oficina, se ha llevado casi medio millón de euros en una contratación pública ilegal. Es decir, que los próximos nueve años puede estar sin trabajar perfectamente con ese dineral. Incluso podría ‘intentarlo’ en la empresa privada y seguir facturando. Y, claro está, tampoco ha entrado en prisión, por lo tanto nos encontramos con una especie de imputación ‘light’.

Con esta sentencia, da la sensación de que se le ‘castiga’ al ‘hermanísimo’ tras su corrupción, pero en verdad es una medida totalmente favorable, puesto que se inhabilita a trabajar, en este caso en la empresa pública, a una persona que tampoco tenía mucha intención de trabajar ni mucho menos currículum, no tiene que devolver lo que se ha llevado fraudulentamente, que no es poco, y aquí paz y después gloria. «Tócala otra vez, David», que en verdad te ha salido genial.