Se ha revuelto sobremanera últimamente el gallinero progre a raíz de lospactos VOX-PP en Extremadura y Aragón por motivo de recoger en ellos ciertas políticas que intentarían subrepticiamente favorecer a los nacionales españoles frente a los extranjeros en el disfrute de paguitas y otros beneficios sociales a costa del erario público, al que alimentamos con nuestro sudor y ahorros ustedes y yo a través de los impuestos leoninos que nos asfixian hasta la extenuación desde que entró en vigor este sistema democrático, da igual si gobernado por izquierdas o por derechas. Claman los defensores de los derechos humanos, quienes pretenden arreglar la vida, a costa del dinero de los demás, a todo ser humano del universo mundo que tenga a bien recalar en España, que con esto se abre la puerta a un apartheid social, y que se dinamita la sacrosanta Constitución al violar el artículo 14 de la misma. Vamos a intentar a continuación aclarar brevemente esta interesante cuestión.
En primer lugar, el susodicho artículo se refiere a españoles, no a extranjeros, por lo que no sería inconstitucional realizar discriminación entre nacionales y extraños. Dirán algunos que, puesto que España ha suscrito tratados internacionales sobre derechos humanos, aquí hay que tratar igual a cualquiera, sea español o no, presuponiendo que vivir de gratis a cuenta del sudor de los demás es un derecho humano. Sutilezas jurídicas aparte, que yo particularmente me paso por los forros caudinos, porque lo primero que hay que hacer en España es cambiar la mayoría de las leyes, el meollo de la cuestión está en los intereses que hay detrás de todo esto, tanto los de PP y VOX en cacarear en favor de estas políticas condenadas al fracaso, y lo saben, porque desde un ayuntamiento o un gobierno autonómico no se pueden materializar, como los de los progres amantes del extraño y no del próximo, entre los que hay que incluir, aparte de a los rojos, a la Conferencia Episcopal de okupas de la Iglesia de Cristo, que busca su electorado, tras arrasar con el cristianismo en España, en países del tercer mundo.
«Las políticas de apoyo al extraño son alabadas tanto por rojos como por la Conferencia Episcopal de okupas de la Iglesia de Cristo»
Empecemos por los buenos: resulta evidente que VOX ha forzado a la doncella pepera haciéndole tragar con algo que no le gusta, porque Abascal sabe que su nicho de mercado electoral está en la anti-inmigración, y ya se va preparando para ir menoscabando al PP con vistas a las elecciones de 2027. No es que VOX sea anti-inmigración, y mucho menos el PP, porque, como perros falderos del Capital que son, saben que necesitamos inmigrantes para cubrir los puestos laborales que habrían desempeñado los millones de niños españoles abortados, bajo gobiernos tanto del PP como del PSOE, desde 1985, si no hubiesen sido asesinados. Fue Aznar el que abrió las puertas de España a todo pichipata y empezó con las primeras regularizaciones masivas en los noventa, dando pasaporte de español a quien no lo era y nunca lo será.
Por otra parte, saben también que cuanta más oferta de mano de obra haya, menos salarios y menos derechos tendrán que soportar los empresarios, que son los que pinchan y cortan en la política de este país, y no los partidos y partiditos. Es, por tanto, un paripé todo lo que PP y VOX cuentan sobre la inmigración, pero les es algo necesario, porque saben que el que no manifieste, cara a la galería, una opinión contraria a la inmigración, se va a quedar con menos votos que Podemos. Pronto, hasta las izquierdas van a tener que posicionarse objetando a esta invasión extranjera, si no quieren desaparecer: esto ya está pasando en Europa.
En cuanto a los malos, los progres, resulta también evidente que buscan dorarles la píldora a los inmigrantes a quienes, más tarde o más temprano, regularizaciones, paguitas y prebendas mediante, van a acabar dando la nacionalidad para que les voten a ellos. También lo harán PP y VOX, pero para ahorrarse costes empresariales, tener mano de obra barata a su servicio e introducir nuevos cotizantes en la gran estafa piramidal denominada Seguridad Social. Aparte de esto, todos, buenos y malos, siguen agendas internacionales masónicas en orden a mestizar a la población europea en un gran remplazo para que una élite determinada pueda vivir cómodamente en su cortijo a cuenta de una población tutti-frutti estabulada, relativamente estúpida y mansa, en la que no haya muchos intelectuales de verdad ni muchos guerreros fascistas que les creen problemas, porque éstas son cosas que sólo tiene la raza blanca, la muy puñetera. Por eso, se ha hecho surgir ahora el problema de la vivienda: hay que expropiar a los españoles su segunda residencia para dársela a los inmigrantes, vía regulación del alquiler o vía embargo hipotecario, porque los fondos-buitre pronto les entregarán por cuatro chavos la vivienda que a usted le quitó su banco por no pagar las cuotas.

Sí, usted, señor lector, está pagando toda esta política de derechos (que no son ni para usted ni para los suyos) con su sudor y sus impuestos, para que su hijo el día de mañana viva de co-living, trabaje de co-working, se desplace entre medio en co-voiturage, y pierda la democratización del lujo instaurada por los fascismos (el 600, vivienda subvencionada de Falange en propiedad, pisito en la playa, menú del día, economato de empresa, paguita del 18 de julio), y para que su alocada hija tatuada tenga hijos mestizos, cobrando ambos una mierda, con perdón, para regocijo de la CEOE. Los puros habanos, el whisky, los chuletones y los coches de gasolina, para los ricos, los demás, a comer cucarachas y a moverse en bicicleta, que es bueno para combatir el cambio climático. Ni el mismo Lenin lo hubiese planeado mejor.
Dicen todos, buenos y malos, progres y derechistas, que es una simpleza populista esto de proponer soluciones fáciles a problemas complejos, pero, mire usted, la cantidad de problemas que se resolverían en este país si echásemos a todos los extranjeros, a todos, los ingleses de Benidorm también, no se nos acuse de racistas: vivienda para todos, seguridad en las calles, sueldos dignos por menor mano de obra, bajada de precios por menor demanda, reducción del gasto público en paguitas, sanidad y educación de calidad para todos, ayudas sociales sólo para los españoles… Cierto que habría que procrear bastante después de las ocho horas de currelo, por todos los niños asesinados legalmente por los demócratas desde 1985, pero al menos volveremos a ver niños blancos y cristianos corriendo de nuevo por nuestras calles…
Cuerpo y alma
La Patria consiste en dos elementos, el material y el espiritual, cuerpo y alma. El material es la raza y el patrimonio nacional, basado en el trabajo, la inteligencia y la fe, y busca multiplicarse. El espiritual son esa misma fe y esa misma inteligencia, que surgen de esa misma raza, y no de otra, la raza que evangelizó a los gentiles de todo el mundo, conforme a los designios de Nuestro Señor en la Escritura, la raza que tiene su destino espiritual en lo más alto y universal: por eso fuimos emigrantes en las tierras que conquistamos; pero esta misión terminó en el momento en el que la apostasía de la fe católica se ha impuesto por doquier, en la culminación del tiempo de los gentiles: ya no hay nadie a quien convertir ni civilizar.
La nacionalidad con sus derechos de ciudadanía sólo se puede obtener naturalmente por el ius sanguinis, reflejado en los antiguos estatutos españoles de limpieza de sangre, y no por la firma de un torpe funcionario quien, por arte de magia, convierte a un mongol en español, otorgándole toda una constelación de derechos que no merece y que están fundamentados en la nada, porque no somos iguales y nunca lo seremos. La Historia de España es apartheid, del cananeo, del infiel, del hereje, del inmoral, del antisocial, del comunista, del extraño; es una reconquista y una cruzada constante. Nuestro principal deber es para con el próximo, no para con el extraño, conceptos que jamás deben confundirse en una legislación racional: «No odiarás a tu hermano en tu corazón…, no guardes rencor a los hijos de tu pueblo; amarás a tu PRÓXIMO como a ti mismo, Yo Yahweh» (Levítico 19, 17-18).


