La visita del Papa León XIV a Cataluña dejó imágenes de gran fervor y entusiasmo popular, pero también estuvo acompañada por actos de protesta convocados por colectivos laicistas que no están de acuerdo con el tratamiento institucional otorgado al pontífice en la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Aunque en un primer momento se plantearon que podría tratarse de un “boicot”, lo ocurrido fue una movilización de rechazo y protesta, sin que llegara a alterar el desarrollo del programa oficial.
Bajo el lema «Jo no t’espero» («Yo no te espero»), entidades como Ateus de Catalunya, Europa Laica y la Fundació Ferrer i Guàrdia convocaron una concentración en el Passeig del Born de Barcelona coincidiendo con la llegada del Papa a la ciudad. Los organizadores defendieron que la visita, al tratarse de un acontecimiento religioso, no debía recibir trato equivalente al de una visita de Estado ni movilizar recursos públicos de carácter extraordinario. Y eso que inauguró la Sagrada Familia, un emblema de Barcelona.
Los participantes criticaron especialmente el despliegue institucional, la cesión de espacios públicos y el simbolismo político asociado a algunos actos oficiales. Entre los mensajes más repetidos estuvo la defensa de la neutralidad religiosa de las instituciones y la petición de revisar la relación entre el Estado y la Iglesia. También se sumaron voces críticas por cuestiones como los abusos dentro de la Iglesia, el papel de la mujer y determinadas posiciones doctrinales de la institución católica.
La protesta reunió a varias decenas de personas y transcurrió sin incidentes destacados ni enfrentamientos con los asistentes a los actos religiosos, debido a también al dispositivo policial. Mientras tanto, el programa del Papa continuó según lo previsto en Barcelona y Cataluña, con celebraciones multitudinarias y un amplio dispositivo de seguridad y movilidad coordinado por las administraciones.
Desde las entidades convocantes insistieron en que su objetivo no era impedir la visita ni protestar contra los creyentes, sino cuestionar el uso de recursos públicos y el reconocimiento institucional concedido al líder de la Iglesia católica. Por su parte, los actos papales mantuvieron una elevada asistencia y se desarrollaron con normalidad.
Realmente, han sido los catalanes los que han puesto la nota más discordante de la visita papal y el mundo lo ha podido ver. Primero fue la independentista Miriam Nogueras la que dio el ‘cante’ agarrando del brazo al Papa para pedirle que hablara en catalán. No solo lo hizo sin que fuera necesario, sino que se dio un bello espectáculo visual y sensitivo muy importante entorno a la Sagrada Familia, con la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo en uno de los puntos cardinales de la ciudad catalana.


