El sistema de pensiones español: un gigante con pies de barro

En España, hablar del sistema público de pensiones se ha convertido en un ejercicio de fe. Nos repetimos una y otra vez que es “sostenible”, que “nadie se quedará atrás” y que “el Estado siempre responderá”. Pero las cifras, la demografía y el sentido común cuentan otra historia. Nuestro modelo de reparto descansa sobre una pirámide poblacional que hace tiempo que se dio la vuelta. Y cuando una pirámide se invierte, todos sabemos lo que ocurre: se desploma.

Hoy, hay apenas dos trabajadores por cada pensionista. En menos de dos décadas, ese ratio podría caer a 1,3. Es una ecuación imposible. Sin embargo, en lugar de afrontar esta realidad con valentía y reformas estructurales, la clase política opta por la anestesia. Se suben las cotizaciones, se crean nuevos impuestos ‘solidarios’ y se prometen pensiones más altas, vamos, lo que es pan para hoy y ruina para mañana. El discurso progresista insiste en que “el sistema se sostiene mientras haya voluntad política”.

Pero la aritmética no entiende de voluntades. Un país envejecido, con baja natalidad y una economía de productividad estancada no puede mantener indefinidamente un modelo basado en el endeudamiento y en la transferencia intergeneracional. Lo que se necesita no es más gasto, sino más responsabilidad. Desde una óptica conservadora, la solución pasa por recuperar el principio de mérito y esfuerzo. Debemos avanzar hacia un sistema mixto que combine un pilar público básico con otro privado y de capitalización, incentivado fiscalmente. Es necesario devolver al ciudadano la libertad de planificar su propio futuro, en lugar de seguir confiando ciegamente en un Estado cada vez más endeudado. Por no hablar de que también urge un debate honesto sobre la natalidad y la familia.

Parches

No hay sostenibilidad sin relevo generacional. Defender las pensiones sin defender la vida, la familia y el trabajo estable es una contradicción que solo puede resolverse desde una visión integral y moralmente coherente de la sociedad. España no puede seguir fingiendo que todo va bien mientras gasta más de lo que produce y promete más de lo que puede pagar. La política de parches y titulares acabará por devorar el propio Estado del bienestar que dice proteger. Es hora de abandonar la demagogia y apostar por la responsabilidad, la previsión y la libertad individual. Solo si abandonamos el populismo y recuperamos la responsabilidad individual evitaremos dejar a nuestros hijos un país quebrado y sin esperanza.