Rusia toma el control de la región ucraniana de Luhansk

Putin consigue tomar el control total de esa zona, mientras que da un plazo de dos meses para abandonar por completo el Donbás

El Ministerio de Defensa de Rusia ha anunciado que sus fuerzas han tomado el control total de la región ucraniana de Luhansk, declarando que ya no queda territorio en esa región que no esté bajo control ruso después de más de cuatro años de guerra. Esta declaración llega en un momento en que casi el 100 % de la región —anexionada por Moscú en 2022— estaba ya ocupada de facto, pero Rusia insiste en que ahora se ha completado la toma.

Las autoridades rusas han reafirmado su postura de que la llamada “liberación” de Lugansk es un logro estratégico, y han exigido que las tropas ucranianas se retiren también de otras partes del Donbás para poner fin a la fase activa de la guerra. Ucrania y sus aliados rechazan esta demanda, calificándola de inaceptable y sin base en acuerdos negociados.

Además de Luhansk, el Ministerio de Defensa ruso ha informado que sus fuerzas han tomado el control de otras localidades en las regiones de Járkov y Zaporiyia, lo que indicaría avances territoriales adicionales pese a años de combates estáticos. Las autoridades ucranianas no han confirmado de forma independiente la caída de esos puntos.

En el frente interno, zonas fronterizas dentro de la Federación Rusa han sido objeto de ataques con drones y artillería ucraniana, provocando cortes de suministro eléctrico y daños en infraestructuras civiles. En la región de Kursk, más de 14.000 personas se quedaron sin luz tras un ataque nocturno, y un hombre resultó hospitalizado, aunque sin víctimas mortales.

Puertos marítimos

También han llegado reportes de daños en puertos rusos del Báltico, incluido el de Ust-Luga, tras incursiones con drones. Autoridades regionales rusas han informado de impacto en instalaciones portuarias y heridas leves a civiles, incluidos dos menores, lo que ha intensificado las preocupaciones sobre seguridad en el interior del territorio ruso.

En paralelo, la tensión diplomática de Moscú con países occidentales ha aumentado. El Kremlin ha emitido advertencias a estados bálticos por permitir, según Moscú, el uso de su espacio aéreo para ataques con drones contra objetivos rusos, calificando cualquier apoyo a esos vuelos como un acto hostil, en un nuevo capítulo de esta guerra olvidada.

El presidente ucraniano, mientras tanto, ha afirmado que Rusia habría impuesto un plazo de dos meses para que las fuerzas ucranianas se retiren del Donbás, aunque Kiev rechaza esta exigencia como poco realista y políticamente inaceptable, reflejando una etapa de alta presión en el conflicto, con Rusia intentando consolidar sus logros en el este de Ucrania y aumentar la presión estratégica sobre Kiev.