El fundador de Telegram, Pavle Durov, se une a Elon Musk o Trump en sus críticas feroces al mandatario español, que quiere implantar un estado orwelliano
A Sánchez ya le conocen en todo el planeta. Sus delirios, su amarre al poder y sus medidas en contra de la libertad no han pasado desapercibidas en otros países y para otras personas poderosas. Sus enemigos siguen aumentando día a día, incluso fuera de nuestras fronteras. Ahora ha sido el dueño de Telegram, el que ha avisado de los planes de Sánchez para las redes sociales. Pensábamos inocentemente que se trataba de una medida para silenciar a una juventud que no compra su discurso, pero es mucho peor. Durov asegura que España podría entrar en un “estado de vigilancia” bajo el pretexto de protección. Tipo China, en el que las algunas libertades ya son cosa del pasado y el Estado vigila todo, como en el libro 1984.
Durov sostiene que exigir controles estrictos como identificación personal o biometría para acceder a plataformas, bajo el pretexto de la edad, y responsabilizar penalmente a los ejecutivos por contenidos “ilegales o de odio” establece un precedente que erosionaría el anonimato en la red, abriría la puerta a la recolección masiva de datos y forzaría una sobrecensura de discursos y opiniones. Es decir, quiere controlar todo porque no es capaz de controlar nada. Ha perdido todo: el discurso, la palabra, el honor, la credibilidad y, como buen tirano, querrá recuperar el terreno mediante la censura y el castigo. Todo ello mientras se llena la boca con el término democracia. Le queda un año y medio en el poder y su intención es dejar España hecha un solar.
No tiene que ser fácil tener no ya solo el desprecio de tu propio pueblo, sino que últimamente los mayores dardos vienen de fuera. Donald Trump no le puede ni ver por las relaciones de socios suyos como Zapatero con la administración de Maduro o por el viaje de Delcy a España, pero sobre todo por calificar la intervención estadounidense como ilegal y un “precedente muy peligroso” que viola el derecho internacional. Las relaciones diplomáticas están rotas. Igual que con Israel, pero ese es un tema más complejo. Ayer mismo, fue el dueño de X, Elon Musk, el que cargó contra él, llamándole directamente «tirano, fascista y traidor» en su red social, a cuenta de las limitaciones a las redes sociales. Cuando pierdes el honor, ya solo te queda imponer, no obstante, todos le conocen ya.
La respuesta de Sánchez ha sido, precisamente, a través de las mismas redes sociales que quiere controlar. Un mensaje cuanto menos extraño de un hombre que ha perdido el oremus.


