La sociedad española debe felicitarse de tener un método de convivencia cuyos fundamentos se encuentran en los pilares de la democracia. Nuestro sistema, que todos elegimos hace casi medio siglo, estos días se ha visto reforzado. Hemos asistido a la verificación del acierto que tuvimos al elegir el mejor sistema organizativo de la sociedad, hasta ahora conocido, y que funciona a pesar del tiempo transcurrido. Nuestra democracia está bien “engrasada” y lo percibimos a través de la confirmación de la independencia de los poderes del estado.
Hemos asistido a un capítulo, que debería ser algo normal en las democracias, pero dadas las circunstancias que rodean actualmente a la sociedad, es algo destacable. El poder judicial ha superado muchas dificultades para llevar a cabo su trabajo y que no era otro que respetar la Constitución y ha actuado en consecuencia.
A pesar de las numerosas dificultades que nuestro sistema organizativo ha atravesado siempre las ha superado. En la actualidad, la democracia no se halla en su mejor momento, pero está recuperando su salud. La prueba de ello es la sentencia dictada a tres personas de las cuáles una de ellas ha sido nada más y nada menos que el ministro de Transportes y secretario de organización del PSOE o lo que es lo mismo el número dos de los socialistas, José Luis Ábalos.
La sentencia deja claro que el poder judicial ha cumplido y respetado a la Constitución manteniendo su independencia con el resto de los demás poderes, ejecutivo y legislativo. A pesar de la gravedad de lo que se juzgaba, ya que como acusado se encontraba un relevante político, como hemos señalado, ha cumplido su labor.
Se ha dictado sentencia en la que el exministro Ábalos ha sido condenado a 24 años de cárcel. Su asesor Koldo García, condenado a 19 años y a Víctor de Aldama, hombre que colabora con la justica, a 4 años y medio, pero no entrará en prisión por lo señalado, colaborador de la justicia. Un hecho que recoge nuestra legislación y que, a pesar de ello, está siendo muy criticado por gentes que, en otras circunstancias y con otros personajes, aplaudían esa colaboración con la justicia.
Tras conocer la sentencia ya no sorprende la reacción del gobierno y excompañeros de Ábalos. Se mostraron molestos e incluso, con tono descalificador y casi al borde del insulto hacia los jueces, se mostraron muy críticos. Pero la realidad es que esta sentencia deja muy claro que los delitos cometidos son extraordinariamente graves a pesar de que el presidente del gobierno, en principio, se burlaba de las acusaciones.
Se mostró tan empático con Ábalos, tan solidario, tan amigo que, a pesar de conocer indicios de corrupción y que sospechosamente sabía de sus ‘andanzas ilegales’, le colocó en las listas electorales del PSOE, como número dos en la candidatura al Congreso por su tierra, Valencia. Pedro Sánchez no realizó un buen cálculo y por tanto nunca valoró suficientemente que en democracia la justicia es independiente y lleva a cabo su labor. A pesar de tratar de proteger al corrupto y compañero socialista, la ley se ha mostrado implacable.
La justicia en este país llamado España, funciona y no se achanta frente a presiones del poder ejecutivo, como ha realizado supuestamente, para evitar una condena al exministro. La justicia en este país no se casa con nadie. Tampoco se guía por ideología alguna, solo camina a través de la ley. Los jueces solo son leales y obedecen aplicando las normas y leyes que han sido elaboradas y aprobadas por el poder legislativo.
Los jueces no fabrican leyes, sólo las aplican. Al exministro la justicia y los jueces le aplicaron la ley con las consiguientes consecuencias. Con un añadido, aunque, es obvio en la democracia, pero en la actualidad es muy recomendable el recordarlo. Los acusados, Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama se han podido defender de las acusaciones como no podía ser de otra manera en democracia. No hubo indefensión y por tanto la sentencia ha respetado todas las normas de la democracia.
Demasiados cómplices
La ley registra el número de años de condena según la clase de delito, lo que significa que los jueces no dictan sentencia aplicando un número de años de prisión de manera discrecional, a su antojo. Es la ley la que especifica la sentencia, lo que desbarata las críticas a los jueces por la dura condena.
La sentencia va mucho más allá de los sentenciados. La condena debería servir para que las formaciones políticas que apoyan al gobierno socialista clausuren su confianza en el PSOE y en el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. Pero “España es diferente”. A pesar de que la corrupción parece haberse instalado en el gobierno, los grupos que le apoyan siguen haciéndolo.
Se convierten en cómplices de la corrupción de un gobierno que llegó comprometiéndose a una regeneración democrática. Fue Ábalos el que, en el discurso de la moción de censura contra el gobierno del PP de Mariano Rajoy, puso voz al compromiso del socialismo contra la corrupción. Pero ha resultado ser un engaño, un fraude. Todos los miembros socialistas han demostrado que nunca tuvieron intención alguna de luchar contra la corrupción. Al contrario, llegaron al gobierno para que la corrupción se instalase en el Palacio de la Moncloa, como centro operativo central.
Como decía, tenemos que felicitarnos por la democracia de la que disfrutamos en este país que entre todos quisimos que fuera el método de organización de la sociedad. Una democracia que hemos sabido ir construyendo y reforzando y que se ha consolidado en una estructura rocosa, lo cual le sirve para evitar ser dañada. La sentencia dictada refuerza nuestro sistema de tal manera que la hace casi invulnerable a cualquier ataque, venga de donde venga.


