Los sindicatos, siervos del socialismo. Por Fernando Cuesta

Las ilusiones y expectativas que generaron los sindicatos cuando comenzó la Transición fueron muy importantes. España iba a tener organizaciones sindicales autorizadas. El sindicalismo pasaría a ser plural y diverso con la cobertura legal. El sindicato “vertical”, que durante décadas había formado parte del sistema totalitario pasaría a mejor vida. Transcurrido el tiempo, mas de cuatro décadas, desde que se legalizaran las centrales sindicales, se ha desvanecido lógicamente la popularidad sobre los sindicatos.

Sobre todo, UGT y CCOO, que parece haber abandonado sus principios fundacionales. Los herederos de los sindicalistas Nicolás Redondo Urbieta (UG) y Marcelino Camacho (CCOO) han ensuciado su legado hasta convertirse en la “chatarra” sindicalista, como vamos a demostrar.

Nacieron para representar a los trabajadores, para la defensa de sus reivindicaciones, pero esa representación de la clase trabajadora la han abandonado. Tanto UGT como CCOO han traicionado sus principios para arrojarse a los brazos del gobierno actual. Un gobierno salpicado por la corrupción que ha encontrado en los sindicatos citados dos aliados casi imprescindibles.

Desde hace mucho tiempo los sindicatos UGT y CCOO no representan a los trabajadores. Podríamos colocar el eslogan del 15M en el que se popularizó la frase reivindicativa hacia los políticos: “No nos representan”. Una frase que seguro habrían compartido los líderes de los sindicatos señalados.

Sus dirigentes, José Álvarez (UGT) y Unai Sordo (CCOO) han contribuido al distanciamiento de los trabajadores al sindicalismo ya que las diversas actuaciones que los dos representantes de los sindicatos descritos han contribuido al descrédito del sindicalismo de una manera extraordinaria. Los trabajadores no se ven representados por unos sindicatos que no cumplen su labor como es la de ser una herramienta de colaboración de los trabajadores.

Álvarez y Sordo son dos personajes que se han ganado a pulso el mote de “come gambas”. Un apodo que resume a la perfección a lo que se dedican estos dos ex líderes del sindicalismo. Se dedican a dilapidar recursos públicos mientras muchos trabajadores apenas disponen de los recursos para llegar a fin de mes.

La última aparición pública de estos dos personajes sindicalistas ha sido para demostrar que son unos siervos del gobierno socialista. Lejos de recuperar la labor que les corresponde llevar a cabo y que no es otra que representar a los empleados, han demostrado ser los “palanganeros” de un gobierno socialista que se desmorona por la corrupción que le rodea.

Reconociendo que la credibilidad del gobierno está en crisis, afirman que no van a formar parte de las voces que lo desacreditan. Lo que podríamos considerar lógico ya que nunca CCOO como UGT han recibido tantos recursos públicos como en la actualidad, con el gobierno socialista. Por tanto, a nadie debe extrañar que los dos sindicatos se hayan incorporado al ‘equipo de Pedro Sánchez’ como ‘estómagos agradecidos’. Sabemos que les gusta el buen comer y el marisco fresco.

Con un añadido que marca otra muesca en la historia de la vergüenza del sindicalismo. Los líderes de UGT y CCOO salen en ‘auxilio’ del ejecutivo socialista y con ello se convierten en unos imprescindibles siervos del sanchismo. Sordo y Álvarez, después de ocho años de gobierno socialista, habiendo motivos para convocar movilizaciones contra las políticas de empleo, no han promovido ninguna movilización masiva contra la deficiente gestión del gobierno a lo largo de este tiempo. Motivos para ello los ha habido de sobra. Al contrario, lo han hecho contra la oposición. Un hecho que sirve para señalar la miseria moral en la que se desenvuelven estos líderes apesebrados y ‘comegambas’.

Los datos del paro no han mejorado desde que Sánchez llego al gobierno. Seguimos en el segundo país de la UE con una de las mayores tasas de desempleo. Continuamos en el 10% a pesar de esconder casi un millón de personas que les han incorporado como personas que trabajan ya que tiene contratos que denominan «fijos discontinuos” que apenas trabajan un puñado de horas anualmente.

Cerrar el grifo ya

Además, la precariedad laboral se ha incrementado de forma alarmante. La productividad de este país está por los suelos y los sueldos no cubren las mínimas necesidades de los ciudadanos porque cada vez hay más familias que no llegan a fin de mes. Después de todo ello estos hombres no se ponen ‘colorados’. Estos individuos no deberían continuar al frente de dos sindicatos que mantenemos todos y que son utilizados políticamente como arma política para ‘agredir’ a la derecha.

Creo coincidir con muchos ciudadanos en apostar por clausurar todas las subvenciones a CCOO y UGT mientras continúen dando la espalda a los trabajadores. Porque el sindicalismo nació para la defensa de los empleados y no para formar parte de una ideología. Álvarez y Sordo han demostrado que están lejos de ser independientes ideológicamente y por tanto deben marcharse.

Si quieren defender postulados ideológicos deben hacerlo bajo siglas políticas. El esconderse detrás de los sindicatos ha hecho que el desprestigio del sindicalismo esté a la altura del PSOE. Se han convertido en cómplices de la corrupción que envuelve a la izquierda y en mayor medida al socialismo.