Cristiano sí, judeocristiano no existe

El 25 de diciembre se conmemora universalmente el nacimiento de Jesús de Nazareth, que nació, por otro lado, en Belén, debido a un asunto burocrático de la época. Sí, hace dos mil años también había burocracia, en este caso, se trataba de un asunto de censo de habitantes ordenado por el Imperio Romano, como un empadronamiento en la era actual. A nivel mundial, el cristianismo ha llegado a todos los rincones del planeta, eso es innegable. Ahí se cumplió una de las últimas profecías de Jesús, cuando al despedirse de sus discípulos, tras resucitar, les dio varias tareas como cristianos. Muchos dudaron, pero les recordó que estaban hechos a imagen y semejanza del Señor. Esta fue una de las capacidades que les dio. «Hablaréis lenguas nuevas. Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas noticias a toda criatura. (Marcos 16:17). Poco después se despidió de ellos. «Ahí nació la tribu de los cristianos«, como así lo denominó el cronista romano, Flavio Josefo. Es decir, que un grupo poco numeroso tenía la labor de llevar la palabra de Dios por todo el mundo. Y así fue. De ese grupo, al que les dijo con pena que «hasta que no veis milagros no creéis, dichosos los que creen sin haber visto», nació una religión universal, única e inigualable.

Profecía cumplida. Los cristianos deberían hablar «lenguas nuevas», es decir, que el mensaje cristiano traspasaría todas las fronteras y la biblia fue traducida a todos los idiomas. No fue la única profecía. Hay varias. Una de las más sonadas estuvo a punto de costarle la muerte prematura y el alejamiento de algunos de sus discípulos. «¿Veis ese templo?», en referencia al templo de Jerusalén, el punto neurálgico y sagrado del pueblo judío. «Yo os digo que no quedará piedra sobre piedra y no pasará de esta generación» (Mateo 24:2). El 30 de agosto del año 70 las legiones romanas comandadas por Tito llevaron a cabo la destrucción del Templo de Jerusalén. Y no pasó de esa generación. Simón Pedro, por ejemplo, era un anciano pero estaba vivo. ¿Qué quiere decir esta parábola y por qué es una de las más principales para entender la relación entre Jesús y los judíos? Hoy entenderemos por que el término judiocristiano es una falacia imposible. El cristianismo de Jesús y el judaísmo de los sacerdotes era totalmente opuesto. Es como decir nazi-comunista o socialista conservador. Imposible.

Jesús nació judío, vivió en una sociedad judía, creció bajo una religión judía, acudía a las sinagogas de joven y su familia y amigos eran judíos y practicaban el judaísmo. No hay duda de eso. Se sabe además que acudía a la sinagoga con 12 años a hablar con escribas y sacerdotes, a los que sorprendía por sus análisis. ¿Y por qué tan joven? «Hasta que no volváis a ser niños no entraréis en el reino de los cielos» Pero se hizo adulto, abrió lo ojos, observó a su alrededor y sintió una profunda desilusión con su pueblo, hasta el punto que su conducta más dura y agresiva siempre fue enfocada a todo lo tocante al judaísmo y pronostica, sin ninguna compasión en él, la destrucción del centro de la vida religiosa, moral y económica de esa sociedad. Se dice que Israel es el pueblo elegido por Dios. En esta parábola (Mateo 21:43), el hijo del Padre, se encarga de quitarles cualquier distinción noble. Esta es una de las parábolas más importantes y más ocultadas del nuevo testamento. «De verdad os digo que el Reino de Dios os será quitado y será dado a una nación que produzca sus frutos». Más claro, agua. Si fuisteis los elegidos, yo os arrebato esa distinción. Puede que fueran los administradores, pero se creyeron los dueños, solo pensaron en sus intereses y no entendieron nada. «La viña será entregada a otros«, les repite. ¿Pero a quién?

La profunda decepción de Jesús con el supuesto ‘pueblo elegido’ es una constante en todos los evangelios. «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados, ¿cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junto a sus polluelos debajo de las alas y no quisiste?» (Lucas 13.34-35). Jesús les reprocha que él solo quiere unir a la gente, contar con los desfavorecidos, y solo obtiene piedras (descalificaciones). Hasta tal punto habla Jesús, que a los líderes judíos les señala como diabólicos: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira» (San Juan 8-44:46). Les denomina lo contrario exactamente a él, un pueblo satánico.

Fundamentalismos que le hartan

La realidad es que se trata de un sinfín de citas críticas dedicadas durante todos los evangelios a los mismos que posteriormente le mataron. Le odiaron en vida, le crucificaron en su muerte y a día de hoy le siguen temiendo. El mayor anhelo de los contrarios es que la gente no se acuerde de él, que lo olviden, que lo tengan como un personaje histórico más, que no se le considere el hijo del creador. Nunca pudieron con él, eso está claro, por eso a día de hoy le quieren matar constantemente y el mayor desprecio es no hacer aprecio. El que piense que Jesús era solo paz y amor está muy equivocado. «Yo he venido a traer paz sino espada, no he venido a traer paz sino fuego» (Mateo 10-34). En Juan 10. 22-26 se desmarca totalmente de ellos, cuando le rodean varios sacerdotes del templo: «¿Por qué nos tienes en vilo? Si eres el rey de los judíos, dilo claramente«. Jesús, ya cansado de la ignorancia de éstos, les responde. «Ya os lo dije y no me creéis porque sois obstinados. Las obras que yo hago en nombre de mi padre dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis porque no sois ovejas de las mías«. «En el pasado vinieron falsos profetas, pero mis ovejas (los humanos) no les escucharon. (Mateo 7: 15-29).

Aunque dentro de la comunidad hebrea local, Jesús cargó las tintas con mayor vehemencia contra los letrados, legalistas, escribas y fariseos, la casta de la época. Los escribas eran los que redactaban las leyes de la ley mosaica que el pueblo debía cumplir, los legalistas tipo abogados y los letrados, algo parecido a los jueces, que seguían preceptos absurdos. Es decir, el judaísmo era prácticamente obligatorio, nada de libertad de credos. Por eso no aceptaban a vecinos como los samaritanos y los esenios, más propensos a una falta de rigorismo moral exagerado. Los fariseos eran, en su mayoría, religiosos y sacerdotes que dictaban la moral y cumplían la ley redactada por los escribas. Extrapolado a esta época, los políticos actuales, y, en menor medida, el funcionariado. Hubieran sido, sobre todo los primeros, foco de ataques constantes por su parte. A Jesús lo que más le dolía era la hipocresía con la que vivían. «Alejaos de los escribas y fariseos, muchos son académicos y profesionales que hacen cumplir la ley mosaica. Les gusta pasear con largas túnicas, que les saluden por la calle, siempre en primera fila en las sinagogas, que se les vea rezar y los mejores puestos en los banquetes. Con pretexto de largas oraciones, devoran la hacienda de las viudas (roban a los más necesitados sin importarles nada)» (Marcos 12, 38-40), dijo, para acabar con esta frase lapidatoria, «Recibirán la sentencia más severa». En Mateo 23.27 les llama «sepulcros blanqueados, estúpidos y ciego ya que son bellos por fuera y podridos por dentro. El Jesús benevolente con todos no existe.

La hipocresía, la falsedad, la maldad y las apariencias, esos eran los grandes problemas para el Mesías. A los malos, les decía. «Convertíos y creed«, «en la mesa de Dios comen todos«, «la lluvia cae sobre buenos y malos«, pero lo que quería señalar en verdad es que, en base a una supuesta creencia, este pueblo maltrataba a los más desfavorecidos y en el templo no podían algunos entrar por ‘impuros’. Jesús odiaba la casta, el elitismo, odiaba que un ciego o una prostituta no tuviera permitida la entrada a la casa de Dios, odiaba las normas establecidas, las apariencias, él hacía lo contrario: lavaba los pies a los leprosos, comía con mendigos y paralíticos, a los que les cambió la vida, y era mendigo por voluntad. «Los pájaros tienen madrigueras pero el hijo de Dios no tiene ni donde recostar la cabeza«. (Mateo 8:20). Les vino a decir que el pueblo en el que habían nacido estaba totalmente contaminado, pero que él les daría la esperanza necesaria. «Entre los excluidos al imperio (al sistema), ese es el mejor», «los últimos serán los primeros», «bienaventurados a causa de la justicia. Cuando os injurien, persigan y digan maldades contra vosotros, grande será en el cielo vuestra recompensa». Y de repente, los excluidos al templo, los marginados de la sociedad, los pobres, las personas a las que querían hacer culpables por su discapacidad, más allá de sus problemas, encontraron un halo de luz en medio de una vida tormentosa. Ese fue Jesús, pura esperanza, lo que él llamaba fe. «Y el que que quiera ser el mejor, que se haga esclavo de todos». Les venía a decir. «Tranquilos, no os preocupéis, que los últimos de hoy serán los primeros de mañana». Todo se equilibrará. También odiaba la preocupación constante e innecesaria, el stress. «De qué os preocupáis, el señor sabe lo que necesitáis antes que vosotros» (Mateo 6: 31-36).

Y dentro de ese costumbrismo elitista, Jesús decidió romper con todo el fundamentalismo israelí, al que señaló sin descanso. Si lo habitual era ayunar, él le decidía a sus discípulos. «No os preocupéis tanto por lo que entra en vuestra boca, lo que de verdad contamina al hombre es lo que sale de ella«, en referencia a que lo importante es el verbo, lo que decimos, que en ocasiones nos da una mala pasada por nuestra incontinencia verbal. Si los judíos acostumbraban lavarse las manos en señal de purificación, él decía que no hacía falta. Si el sábado era el sagrado día de descanso (8º mandamiento: Santificarás el sábado como día festivo), él realizaba milagros con más énfasis ese día. Aquí entran en juego las normas preestablecidas, que el Señor sesga de raíz. «¿Por qué curas en sábado si es el día de descanso?«, le reprochaban algunos. «Ha sido hecho el sábado por amor al ser humano y no el ser humano por amor al sábado. ¿Qué esta permitido en sábado: hacer el bien o el mal? Porque vosotros matasteis cuando os vinieron a atacar en sábado y yo, ¿no puedo curar?» (Lucas 6. 6-11). Por si fuera poco, resucitó en domingo, convirtiéndose en el día de descanso cristiano. Hasta para eso se distanció de Israel. No es que les rompiera los esquemas, es que cuestionaba cada uno de los cimientos sobre los que se sostenía ese pueblo torcido. Por eso, cada vez hay más voces partidarias de acabar con él. «¿Hasta cuando vamos a consentir estas faltas de respeto?», se cuestionaban muchos. Cuando se produjo el juicio final, el pueblo quería crucificarlo sin dudar.

No sigáis normas absurdas, esclavos

Esta última parábola viene a romper con el establecimiento de normas férreas para la sociedad, designios de un sistema tóxico, y trata de no marcar una aputa alejada de fundamentalismos y convenciones sociales. «El Reino de Dios ya ha llegado«, repetía, marcando el cambio. Esto molestaba mucho a los judíos, que veían cómo despreciaba el sistema religioso vigente y se igualaba a su Dios Yahvé. «He venido a traer espada«. Para cortar de raíz todas las falsas creencias anteriores. Y fuego para quemar el pasado. Y también hay otro asunto importante, que en este caso la Iglesia Católica tampoco entendió o no quiso entender, entorno al concepto del rezo en las iglesias. Ya hemos comentado una de las acusaciones a los fariseos. «Los primeros asientos en la sinagogas. Les gusta que se les vea rezar, repitiendo largas oraciones». Esto lo denunció Jesús, cuyo consejo era: «Cuando oréis, no utilicéis muchas palabras, no seáis como los gentiles, que por mucho hablar piensan que van a tener a Dios contento« (Mateo 6: 7-13). A esta parábola añadimos este mandato a los cristianos. «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público«. (Mateo 6:6). ¿Queda alguna duda de que repetir oraciones en un lugar concreto no era lo que quería Jesús? Cuando se cruzó con la samaritana, le dijo. «¿Quién te ha dicho que tienes que ir a Jerusalén para orar? Esto es una creación, en nuestro caso, católica. Jesús no habló de eso, no habló de una Iglesia jerárquica con un Papa. Orar es conectar con el espíritu, nuestra parte divina, no pedir como si fuera Papá Noel.

Queda probada la imposible simbiosis entre el pueblo que le vio nacer y Jesús. De la misma manera que por nacer en un territorio mayoritariamente cristiano o musulmán no ejerce un derecho vinculante. Recordemos que la sentencia de muerte final de Jesús llegó cuando vio cómo el templo, aún de pie, se había convertido «en una cueva de ladrones«: Jesús entró en el Templo y echó de allí a todos los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas.  «Escrito está —dijo—: “Mi casa será llamada casa de oración”, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”. Espada de nuevo. No soportaba el afán económico y usurero constante de este pueblo, incluso a costa de utilizar los bajos del templo, al que un día ya lejano llamó hogar, y que ahora ya no reconoce. «O estás con Dios o con el dinero. No puedes servir a los dos«, les repetía. Nunca entendieron, incluso llegaba a amenazarles. «Ya os digo que a los ricos les será difícil entrar al Reino de los cielos»

Por último, llegaron los días en los que Cristo fue traicionado por uno de los suyos, abandonado por sus discípulos, condenado por los judíos, con la crucifixión como final inevitable. En medio de la resolución de su condena, que el prefecto romano Poncio Pilato no veía claro firmar, y que dejó en manos de los enemigos de Jesús, éste le pregunta. «Te quieren matar, si el rey de los judíos dilo ahora«, le recomienda. «Tú lo has dicho, yo no» (Juan 18: 33-38) , contesta, negándose hasta las últimas consecuencias a autodenominarse así. «Mi reino no es de este mundo, si lo fuera, mis discípulos pelearían para salvarme, pero no lo harán. Yo solo he venido a dar testimonio de la verdad y quien está con la verdad escucha mi voz«, concluyó. Y hay más. Las diferencias que nos ocupan entre un judío que renegó de su pueblo como Jesús y aquella sociedad podrían trasladarse al trato a las mujeres y los niños, el respeto, la dignidad del trabajador. Incluso, la segunda venida de Cristo tiene que ver con el pueblo judío también.» El que tenga oídos, que oiga«. El término judeocristiano es una falacia imposible.