OPINIÓN: El SMI y la inflación. Por Fernando Cuesta

Hace unos día se ha subido el SMI. La evolución que ha habido hasta acordar ese incremento no pasará a la historia como un modelo ideal para la democracia. Porque para acordar un aspecto de gran relevancia como es influir en las nóminas de los trabajadores se requiere la participación de todos los protagonistas: el Gobierno, los representantes de los trabajadores, que son los sindicatos, y los empresarios, pero falta la patronal. Son los que pagan las nóminas, los que generan empleo. Los emprendedores y los autónomos no han estampado la firma. Es la parte más importante de esta torre y sin ella el ‘edificio’ está en riesgo de caída. Sólo ha sido aprobado por el gobierno y dos sindicatos, UGT y CCOO. Unos sindicatos que para nada representan la totalidad de los trabajadores. Son centrales sindicales de izquierdas muy bien regadas con dinero público, lo cual su firma para la subida del SMI no tiene mucha validez. Son sindicatos herederos de los ‘sindicatos verticales’ del franquismo. Se sostiene con los presupuestos del estado a diferencia de otro sindicato USO, que se financia con las cuotas de sus afiliados.

Pero no nos desviemos del debate central. Un hecho muy preocupante, como hemos señalado, es la no firma de un pilar importante de este acuerdo de la subida del SMI como es la patronal. En un estado democrático el arrinconar al empresariado no suele traer buenas consecuencias. La subida salarial que se va a imponer desde el 1 de enero de este año, con efecto retroactivo, va a suponer un incremento de más del 67% desde que el socialismo llegó al poder en 2018. Un incremento que analizado en profundidad no ha tenido el resultado esperado por parte del gobierno, ya que se han destruido cientos de puestos de trabajo. Un autónomo o pequeñas y medianas empresas, si sus cuentas de resultados no son satisfactorias y si a esas cuentas se les añade una imposición de subida salarial, creo que sabemos lo que ocurre: Despidos y freno de contratación.

Una de esas causas, por no decir la principal, es que el estado no renuncia a quitar el pie del acelerador impositivo. Se podría incrementar sin que ni el trabajador ni quien le contrata se vean en la obligación de pagar a la hacienda pública parte de esa subida. El gobierno no renuncia a su ‘mordida’ por los impuestos que supone el incremento del SMI. El gobierno no se priva de esa situación fiscal. El incremento del SMI es un negocio para el estado. No asume las nóminas y recauda por ellas y se aprovecha de los bajos salarios de los trabajadores más vulnerables, penalizando su trabajo. No es nada gratis. El SMI es el mayor negocio del estado. Esta subida, como las anteriores, no han resultado muy positivas para los trabajadores. Los empleadores, para contrarrestar la subida, suelen hacer los contratos con un horario laboral menor de las 40 horas. Lo cual significa que van a pagar un sueldo menor de ese SMI a cambio de menos horas, aunque se vea perjudicado, pero es la alternativa para evitar, con el tiempo, su despido o el cierre del negocio.

Se calcula que no se han creado unos 150.000 puestos de trabajo. Un hecho muy preocupante. Además, una cantidad nada despreciable de trabajadores han pasado al mercado negro o, la economía sumergida. Otro apunte a destacar. Así, el SMI influye en la inflación, puesto que ese incremento de los últimos años, que ha sido de un 67% choca con esa inflación subyacente que en estos años ha pasado el 30%. Lo cual deja bien claro que el SMI es un mecanismo más que incentiva la inflación. La inflación es una herramienta de destrucción de la riqueza y el SMI es un instrumento. Por eso, el fijar al alza los sueldos es un error al igual que topar los precios del alquiler. Desde 2017, por ese incremento del SMI se han destruido miles de empleos de las trabajadoras del hogar. Y no cabe duda que muchas de esas trabajadoras han pasado al mercado en “B”. En 2018 había 419.000 trabajadoras del hogar y en el pasado ejercicio han sufrido una caída hasta 317.000, un 17% menos.

Son cálculos con los que el Banco de España no está de acuerdo, pero siendo el presidente un exministro socialista como José Luis Escrivá, su credibilidad es la misma que la del presidente del gobierno, ninguna.
Pero vamos ahora a observar lo que supone el incremento de la SMI para el consumidor. Vamos a ver cómo repercute en nuestros bolsillos porque es la mejor manera de conocer el significado de una imposición salarial dictatorial. Puede llamar la atención cómo lo califico, pero es una realidad constatable. Lo que voy a señalar lo va a confirmar. Las empresas suelen tener que aumentar sus precios para compensar sus márgenes y evitar recortes de plantilla y reducción de jornada. Lo que significa un incremento en la bolsa de la compra. Si ya existen muchas familias que no llegan a final de mes, el incremento del SMI, la bolsa de la compra cada vez pesará menos, con el añadido de que sube el impuesto de los pobres, la inflación.