El secuestro de un barco cerca de Emiratos y un nuevo ataque con dron atribuido a Hezbolá elevan la presión militar en el estrecho de Ormuz
La tensión vuelve a aumentar en Oriente Próximo después de que las autoridades marítimas británicas informaran este jueves del secuestro de un buque comercial cerca de Emiratos Árabes Unidos, en una nueva escalada en el estratégico estrecho de Ormuz. Según la organización UKMTO, dependiente del Reino Unido, la embarcación fue interceptada mientras permanecía fondeada a unas 38 millas náuticas de Fujairah y posteriormente habría sido conducida hacia aguas territoriales iraníes.
El incidente se produce en uno de los momentos más delicados de los últimos meses en la región, marcada por el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán y por el aumento de ataques marítimos y operaciones militares en torno al Golfo Pérsico. Las principales rutas energéticas internacionales permanecen bajo máxima vigilancia por el temor a un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte fundamental del petróleo mundial.
Paralelamente, Israel ha acusado este jueves a Hezbolá de romper el alto el fuego vigente tras el lanzamiento de un dron explosivo que impactó cerca de la frontera norte israelí y dejó varios heridos. El Ejército israelí sostiene que el ataque supone una violación directa de las negociaciones de paz abiertas en Washington entre distintos actores internacionales para intentar frenar la escalada regional.
La situación también ha generado preocupación en Naciones Unidas. La FINUL, la misión de paz desplegada en el sur de Líbano, denunció recientemente el incremento de actividades militares “dentro y alrededor” de sus bases, incluyendo operaciones con drones tanto de Hezbolá como del Ejército israelí, ambos incapaces de mantener el alto el fuego.
En paralelo, Washington y Pekín han abordado la crisis durante una reunión entre Donald Trump y Xi Jinping celebrada en China. Ambos dirigentes coincidieron en la necesidad de mantener abierto el estrecho de Ormuz y evitar que Irán desarrolle armamento nuclear, ante el temor de que cualquier nuevo incidente pueda afectar gravemente al comercio energético mundial.
El conflicto en la región se ha intensificado especialmente desde finales de febrero, con ataques cruzados, operaciones navales estadounidenses y acciones iraníes sobre infraestructuras estratégicas y rutas comerciales. Las potencias occidentales siguen monitorizando la evolución de la crisis ante el riesgo de que el enfrentamiento derive en una guerra regional de mayor escala.


