El terremoto que nadie esperaba: «Ha sido un susto muy grande».

Anoche, a las 00:10 horas, un sismo de magnitud 4.0 derribó la calma en buena parte de Álava con epicentro en Iruña de Oca. La sacudida fue superficial —profundidad 0‑5 km—, lo que intensificó la sensación para muchos vecinos, que salieron en tromba a la calle para hablar de lo ocurrido con los vecinos. Desde el municipio afectado, el alcalde de Iruña de Oca, Miguel Ángel Montes, recorrió esa misma noche los cinco pueblos del municipio para inspeccionar viviendas y bienes públicos. “Ha sido un susto muy, muy grande”, reconoció: “parecía una explosión”. Otros vecinos aseguraban que «hemos notado dos golpes muy fuertes, como dos explosiones«.

En la capital, Vitoria, a unos 21 km del epicentro, mucha gente despertó sobresaltada al notar cómo se movían camas, muebles y ventanas; algunos incluso acudieron a las calles en pijama buscando respuestas. El balance, sin embargo, fue de alivio: según los equipos de emergencia del Gobierno Vasco y el servicio de emergencias SOS Deiak, no se han registrado daños materiales ni heridos. Las centrales de emergencias recibieron decenas de llamadas —más de 140— por la inusual sacudida y las alertas automáticas enviadas por móviles.

Expertos geólogos reconocen que se trata de “el terremoto de mayor magnitud de la historia de Euskadi”, lo que eleva el carácter excepcional de lo ocurrido. Los más mayores recuerdan uno que se produjo en Vitoria hace la friolera de 50 años. Aun así, las autoridades han pedido calma y han señalado que no esperan réplicas significativas; de producirse, serían leves e imperceptibles. A primera hora de la mañana reinaba la normalidad en las calles y casas del territorio. Vecinos de distintos municipios ya comentaban el susto entre ellos, muchos aún consternados por la sensación y la sorpresa, pero aliviados por el desenlace sin consecuencias graves.