La gallega debe ser despedida del mundo de la política y llevada ante un juez para que deje constancia de hasta qué punto encubrió a sus compañeros
Es la España que tenemos, la de políticos pagados con el dinero de nuestros bolsillos que promulgan una cosa y hacen exactamente la contraria, que suele ser, por lo general, el mal. El asunto ya no se limita a que la señora (aunque de señora tiene muy poco) Yolanda Díaz promulga el comunismo mientras ella vive como una marquesa, es muchísimo peor. Con el caso sabido estos días de Xabier Ron, ya son tres las personas del entorno de Yolanda Díaz que han sido acusados de pedofilia. Dos de ellos violadores, otro distribuidor de material.
Dijeron los izquierdistas que venían a proteger a las mujeres, dijeron las feministas que ellas iban a velar por las mujeres y el resultado es sobrecogedor en algunos casos. Y los tres pedófilos, del entorno cercano de Yolanda Díaz, que dirá que no sabía nada, pero resulta que es sabido que a uno de ellos, a Ramiro Santalices, le encubrió durante siete años cuando se enteró de que compartía contenidos pedófilos desde el ordenador de su sede. «¿Por qué no habla usted de quién es Ramiro Santalices? —le espetó Santiago Abascal en el debate celebrado en RTVE—. Era un asesor suyo que fue denunciado por pederastia«.

Sin embargo, vuelve a repetirse un doloroso patrón. Aquellos que vinieron a la política a salvar a dejar un mundo mejor a las mujeres, les han dejado con una secuelas de por vida a pobres niñas de incluso 12 años, aprovechando su condición de profesor para abusar de ellas, en algunos casos de manera continuada y salvaje. Unos soltaron violadores, otros violaron directamente, todo ello mientras han vivido mejor que cualquier ciudadano de a pie, con dinero público, enrolados, en este caso, en cualquier movimiento de izquierdas gallego y defendiéndose entre sí. La cárcel es su lugar.
Uno de los casos más graves es el más reciente, como es el de Xabier Ron, nacido en Francia pero exdiputado de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) y antiguo miembro de Esquerda Unida, formación integrada posteriormente en el espacio político de Sumar. La Audiencia Provincial de Santiago lo ha condenado a nueve años y medio de prisión tras reconocer la agresión sexual a una menor de 12 años de manera «sádica» que había sido alumna suya. La sentencia también establece una indemnización de 82.000 euros, una orden de alejamiento, diez años de libertad vigilada y quince años de inhabilitación para trabajar con menores.

Se trata de un caso con demasiados paralelismos con el de Martiño Ramos Soto, también profesor y vinculado como militante de la izquierda gallega en distintas etapas a En Marea y a Izquierda Unida. Para más inri fue uno de los cofundadores de En Marea junto a Díaz. Fue condenado a 13 años y medio de prisión por la agresión sexual continuada a una menor entre los 12 y los 16 años. Tras quedar firme la sentencia, huyó de España antes de ingresar en prisión, fue localizado en Cuba y finalmente extraditado para cumplir la condena.
Casos menores
Uno de los casos con mayor repercusión pero menos graves es el de Íñigo Errejón, fundador de Más País y exportavoz parlamentario de Sumar. El exdirigente dimitió de todos sus cargos después de hacerse pública una denuncia por una presunta agresión sexual presentada por la actriz Elisa Mouliaá. Posteriormente se conoció una segunda denuncia por hechos distintos. Ambos procedimientos continúan su tramitación judicial y no existe una sentencia firme, mientras Errejón ha negado las acusaciones.
A estos casos se suma el de Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos. La Universidad Complutense de Madrid le impuso una suspensión de funciones durante un año por acoso sexista tras un expediente disciplinario. La vía penal, sin embargo, fue archivada y no existe una condena penal. Monedero ha rechazado las acusaciones y ha recurrido la sanción impuesta por la universidad, aunque son varias las alumnas que han hablado en los mismos términos.

Cada uno de estos procedimientos presenta una situación jurídica distinta, pero todos tienen algo en común: son del entorno político cercano a Díaz, de modo que si encubrió a uno de ellos, puede que encubriera a todos. Recordemos las palabras de Mercedes Salvatierra en una entrevista a El Mundo cuando se destapó la protección del partido a Ramiro Santalices «Ninguno entendemos cómo ella pudo callar«, lamentaba, donde no dudó en retratar a la actual líder de Sumar: «Yolanda me maltrató, me humilló y me acosó para que no dijera nada«, concluyó. Debe ser llevada ante la justicia.


