Las operaciones militares se intensifican pese a que el americano aseguró que ambos países habían alcanzado un principio de acuerdo días atrás
Cuando parecía que Estados Unidos e Irán podían acercarse a una nueva fase de diálogo, los acontecimientos de las últimas horas han vuelto a alejar cualquier expectativa de paz. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) confirmó este lunes una nueva oleada de ataques contra objetivos militares iraníes, mientras el presidente Donald Trump aseguró que su país seguiría golpeando «muy duro» a la República Islámica durante la noche y la jornada siguiente.
La operación militar, que se prolongó durante unas cinco horas, alcanzó instalaciones en Bushehr, Chah Bahar, Jask, Konarak, Abu Musa y Bandar Abbas. Según Washington, los bombardeos se dirigieron contra sistemas de defensa costera, bases de misiles, drones y capacidades navales iraníes con el objetivo de reducir la capacidad de Teherán para amenazar el tráfico marítimo en el golfo Pérsico.
La ofensiva resulta especialmente significativa porque llega apenas unas horas después de que el propio Donald Trump afirmara que Estados Unidos e Irán habían alcanzado un principio de acuerdo dos días antes. Sin embargo, el mandatario sostuvo que Teherán quiso seguir negociando en lugar de cerrar definitivamente el pacto, lo que, según su versión, llevó a Washington a mantener la presión militar.
El presidente estadounidense no explicó en qué consistía ese supuesto acuerdo ni quién participó en las conversaciones. Tampoco detalló cuáles fueron los puntos de desacuerdo que impidieron su firma definitiva. Esa falta de información ha aumentado la incertidumbre sobre el verdadero estado de las negociaciones.

Lejos de rebajar la tensión, la decisión de intensificar los ataques sugiere que ninguna de las dos partes está dispuesta a realizar concesiones suficientes para alcanzar un alto el fuego duradero. Trump incluso dejó abierta la posibilidad de atacar nuevas instalaciones estratégicas, entre ellas el monte Kolang Gaz La, en la provincia de Isfahán, donde Estados Unidos sospecha que podría existir una cuarta instalación nuclear iraní.
A ello se suma el anuncio de Washington de reactivar el bloqueo del tráfico marítimo hacia los puertos iraníes y aplicar un gravamen del 20 % a los buques que crucen el estrecho de Ormuz bajo protección estadounidense. Estas medidas incrementan la presión económica y militar sobre Teherán y elevan el riesgo de nuevos enfrentamientos en una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
¿Por qué parece tan difícil alcanzar la paz?
Varios factores explican por qué el conflicto continúa intensificándose pese a los contactos diplomáticos. El primero es la profunda desconfianza entre ambos gobiernos, agravada tras el intercambio de ataques registrado durante los últimos días. A ello se suma la exigencia de Washington de impedir cualquier desarrollo nuclear iraní, una línea roja que Teherán rechaza aceptar bajo presión militar.
Además, el control del estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales puntos de fricción. Cualquier incidente en esta vía marítima tiene repercusiones económicas internacionales y convierte la región en un escenario de enorme valor estratégico tanto para Estados Unidos como para Irán.
Por ahora, las declaraciones de ambas partes y el incremento de las operaciones militares hacen pensar que el conflicto está lejos de resolverse. Aunque siguen existiendo contactos diplomáticos, los últimos acontecimientos apuntan a una nueva fase de confrontación en la que la vía militar vuelve a imponerse sobre la negociación.


