Los nuevos incendios que nadie podrá evitar

Especialistas alertan de que la maleza sin retirar es la misma que el año pasado, por lo que nuevos fuegos serán inevitables ante una nueva falta de limpieza

Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, España vuelve a enfrentarse a una campaña de incendios forestales que se prevé especialmente complicada e inevitable. Las lluvias de los últimos meses han favorecido el crecimiento de la vegetación y, con la llegada del calor, esa masa vegetal comienza a secarse, convirtiéndose en un combustible ideal para la propagación del fuego. Como la idea ocurrente en la actualidad es que no se puede limpiar la maleza acumulada, a riesgo de llevarse una multa, la consecuencia está clara.

La preocupación no responde únicamente a las previsiones meteorológicas. En numerosas zonas forestales, la acumulación de maleza continúa siendo evidente por la escasez de labores de limpieza y gestión del monte. A ello se suma el progresivo abandono del medio rural y la reducción del pastoreo, factores que desde hace años vienen siendo señalados por especialistas como elementos que incrementan el riesgo de grandes incendios.

El verano pasado dejó numerosos incendios de gravedad en distintos puntos de España, aunque Castilla y León volvió a situarse entre las comunidades más afectadas, especialmente en provincias como Soria, León, Zamora y Ávila. En el caso soriano, la zona de Tierras Altas sufrió varios incendios que obligaron a movilizar importantes medios de extinción y pusieron en riesgo explotaciones agrícolas, ganaderas y varios núcleos de población.

Los vecinos de la zona alertan de que, un año después, buena parte del monte presenta un estado muy similar al del pasado verano, con abundante matorral y escasas actuaciones preventivas. Una situación que alimenta el temor a que, si coinciden altas temperaturas y viento, vuelvan a repetirse episodios de gran intensidad.

Un monte cada vez más abandonado

Uno de los principales problemas señalados por expertos y profesionales del sector forestal es el abandono progresivo del monte. Muchas superficies que décadas atrás se mantenían limpias gracias a la actividad agrícola y ganadera han quedado cubiertas de matorral y vegetación espontánea.

A esta realidad se suma el descenso constante de la ganadería extensiva. Ovejas, cabras y vacas desempeñan un papel esencial como ‘desbrozadoras naturales’, consumiendo pastos y arbustos que, de otro modo, terminan convirtiéndose en combustible. Sin embargo, el cierre de explotaciones y la falta de relevo generacional han reducido considerablemente la presencia de animales en amplias zonas rurales.

Ingenieros forestales y especialistas en gestión del territorio insisten desde hace años en que la mejor herramienta contra los incendios es la prevención. La apertura y mantenimiento de cortafuegos, la limpieza de montes, el impulso al pastoreo y una gestión forestal continuada permiten reducir la intensidad de los incendios cuando estos se producen.

Fuerte calor

Aunque resulta imposible anticipar dónde se declararán los primeros incendios, las condiciones actuales hacen prever una campaña de riesgo elevado. Si a la abundante vegetación acumulada se suman episodios de calor extremo, baja humedad y fuertes rachas de viento, cualquier negligencia o acto intencionado puede desencadenar un gran incendio forestal.

La experiencia de los últimos años demuestra que la extinción, por sí sola, no basta. La verdadera batalla se libra durante el invierno y la primavera, cuando los montes deberían prepararse para afrontar el verano para luego achacarlo al cambio climático. Allí donde esa gestión no se realiza, el riesgo vuelve a crecer y las llamas encuentran el escenario perfecto para propagarse. Ocurrirá de nuevo y de nuevo nos llevaremos las manos a la cabeza.