No sé si se acuerdan ustedes de cuando niños del cuento aquel de un flautista que iba por los pueblos de Alemania ofreciéndose a acabar con las plagas de ratas con el solo sonido de su flauta, que parece que las encandilaba, a cambio de una buena cantidad de dinero. Poníase a tocar y todas iban detrás de él, de modo que las dirigía hasta el río más cercano para que se ahogasen en él. Sin embargo, en el pueblo de Hamelín, las autoridades se negaron a pagarle por sus servicios, de modo que, flauta en mano, empezó a tocar y se llevó detrás a todos los niños del lugar, embelesados por su hechizante melodía.
Hoy en España tenemos también plaga de ratas por doquier, y ha habido un grupo de flautistas que han visto una magnífica oportunidad de negocio en este asunto. Sobre el origen de la plaga no hablan mucho estos flautistas, porque ellos mismos contribuyeron a su extensión allá en la época en la que militaban en Alianza Popular y en el PP: recuerden ustedes el famoso informe Vestringe sobre el incremento de la inmigración extranjera en tiempos del Sr. Aznar. Porque a la derecha siempre le ha gustado ganar dinero a espuertas a cuenta del sudor ajeno y no dedicarse a trabajos serviles que dejan en manos de gentes de menor alcurnia que ellos; pero, puesto que siempre apoyaron el aborto y jamás derogaron las leyes socialistas al efecto, ni ninguna en realidad, se encontraron con que ya no había mano de obra nacional joven a la que explotar, pues había sido exterminada, y entonces decidieron traerla de fuera. Y ya saben ustedes que el progreso y la avaricia generan plagas bíblicas.
Así pues, y vista la oportunidad de negocio en el asunto de las ratas, estos flautistas se ofrecen hoy a acabar con la plaga que ellos contribuyeron a provocar, a cambio de un simple voto, para que gracias a él puedan vivir cómodamente del erario público en buenas poltronas y montarse un chiringuito de por vida, porque no saben otro oficio. A tal efecto, tocan sus flautas para encandilar a muchos españoles de buena fe que se creen que estos embusteros van a acabar con la plaga de ratas, cosa que ni pueden hacer, porque desde un ayuntamiento o una comunidad autónoma no hay poder legal para ello, ni aun en el gobierno central, porque la Unión Europea lo pararía inmediatamente ya que no somos soberanos, ni tampoco quieren hacer, porque los flautistas están a sueldo del Capital, de las grandes empresas, y de ciertos oscuros poderes internacionales que en tiempos del Caudillo llamábamos contubernio judeo masónico.

En el fondo, los flautistas tienen secuestrada, a golpe de flauta, a una buena parte de la gente de bien de este país que se cree sus milongas, y la razón de ello es que no interesa que esa gente se vaya detrás de un señor de bigote y flequillo como en los años treinta, es decir, que se trata de una extrema derecha (si la derecha es mala, la extrema derecha es aún peor) franquiciada y bendecida por los amos del cortijo, que son los que les financian y les tiran de los hilos desde arriba, porque si fuesen como los griegos de Amanecer Dorado, que no lo son en absoluto, hace tiempo que los amos los habrían metido en la cárcel. Me dirán algunos que el señor aquel de bigote y flequillo también puso el cazo delante de los empresarios alemanes para ganar las elecciones, lo mismo que José Antonio entre la burguesía de Bilbao, lo cual es cierto, pero es que aquella gente tenía muy claro lo que pretendía y lo dejaron perfectamente explicado por escrito de antemano: cuando llegaron al poder, cumplieron con su programa y pusieron firmes a los empresarios, que para ellos eran un medio útil, no un amo.

Pasemos ahora a analizar por encima el pedigrí de los flautistas, entre los que llama la atención la presencia de apellidos de origen sefardí, como Conde, segundo de Abascal, este primero de posible procedencia árabe (عباس خال Abbas Khal); en cuanto a su querida, la señorita Lidia Bedman (Bermann), también tiene apellido judío, de origen asquenazi. Espinosa (recuerden al filósofo Baruch Spinoza), seguido de Simón como segundo, judío hasta las trancas; Ortega, también judío; y Smith, muy utilizado por judíos en lugares de habla inglesa, y no en vano los Smith-Molina de su madre, también judío éste, son una familia argentina muy vinculada a la finanza. La cubana Rocío Monasterio tiene de segundo San Martín, nombre de santo que, como los de oficio y ciudad, eran adoptados por judíos en España.
Sobre Ignacio Garriga y sus hijos mulatos no diré más que que ése es el resultado que precisamente se debería evitar en España en relación con las políticas de inmigración y extranjería, porque no se trata de que nos quiten el trabajo o de que generen inseguridad; no se trata de que sean buenos o malos, católicos o no, hermanos sudamericanos o chinos, de que vengan a trabajar e integrarse o a robar y violar, sino de que no podemos permitirnos el lujo de perder nuestro patrimonio genético y de que nos sustituyan, porque dejaremos de ser quienes somos. Son racistas, están resentidos y nos odian. Garriga es el ejemplo a evitar.

En cuanto a los chanchullos de todos estos flautistas, la fortuna de un victimista del terrorismo que sufrió en carnes de su caballo el azote de ETA cuando no ha trabajado en su vida, el loft de Espinosa cuyas obras dejó sin pagar a los obreros, su nuevo casoplón financiado por los los dineros que sacó de la fundación Atenea, los certificados de obra falsos de su mujer, los dineros que cobra la querida de Abascal de la fundación Disenso, las cuentas poco claras de las juventudes voxistas de Revuelta, no voy a hablar aquí. Más preocupante me parece la cuestión de la oscura financiación internacional que compra las voluntades de los flautistas, desde las mafias internacionales que ajustaron cuentas con Vidal Quadras hasta el lobby judío en España (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio, ACOM), que parece estar presionando a Abascal para que hable bien de Marruecos, dados los lazos inquebrantables de este país con Israel.


El gran engaño de los flautistas consiste precisamente en hacernos comulgar con la rueda de molino de que aquello que generó la plaga de ratas, entre muchas otras, como la ideología de género, la imposición homosexualista, el feticidio, la eutanasia, el fin de la clase media, de la democratización del lujo y del bienestar social de los fascismos y la desmemoria histérica, va a ser la cura de todas las pestes, es decir, más progreso, más democracia, más constitución, más capitalismo, más policía, más cámaras, más cárceles y más Borbones, todo adornado con la pulserita de la bandera nacional. Pero la resaca no se quita con más alcohol, sino con agua purificadora. Como buenos liberales que son, los flautistas elevan altares a las causas y erigen cadalsos a las consecuencias, y como a los comunistas, les gusta vivir bien a cuenta del trabajo y de los impuestos de los demás, y se dan a todos los vicios y aberraciones que el wokismo ha convertido en derechos.
Ellos no están aquí para librarle a usted de las ratas ni de ninguna de las plagas y pestes que ellos provocaron y que sufre usted desde que impusieron la nefanda democracia en este país; antes bien, ellos están aquí para mantener este sistema satánico dirigido desde fuera por sus amigos masones y judíos, y no dudarán, cuando lleguen al poder, en usar todos los medios, fuerzas y cuernos de la Bestia para cumplir la voluntad de ésta, que es quien les paga. La policía, las cárceles, las cámaras y la mano dura están para usted, Señor españolito, no para los malos.


