En el izado en el Día de las Fuerzas Armadas, se fue el suelo en Vigo delante de las fauces de Felipe VI en un curiosa coincidencia simbólica
La bandera de España se ha caído hoy durante el izado en el Día de las Fuerzas Armadas en Vigo en una situación paradigmática de lo que ocurre en el país. Nada es casualidad; la bandera está triste y lo ha demostrado. Delante además de las fauces de un monarca que debería interpretar esto como una señal divina de que el país está en caída libre y se desmorona paulatinamente, mientras el Rey y la infanta Leonor hacen el saludo militar. Para eso ha quedado la Casa Real, para la simbología, porque para tomar acción por el bien de su país, para eso ni están ni se les espera.
La bandera que se cae del mástil es la de la España de la corrupción absoluta. Redes mafiosas organizadas dirigiendo el gobierno de la nación, expresidentes que roban de la público, políticos que se van de putas y esnifan cocaína mientras los demás tuvimos que hacer cuarentena encerrados en nuestras casas, delincuencia en máximos históricos, inmigración descontrolada, una sanidad que te puedes morir mientras esperas cita, tercermundización, una oposición que tampoco va a cambiar nada, etc.
La bandera ha hablado y lo ha hecho enfrente de el ‘Rey ausente’, el que deshonra la memoria histórica del país que gobierna, el que deja insinuaciones de la ‘leyenda negra’, el que no poner orden en la España de la polarización total. Porque la bandera o olvida tan fácil, resguardando los recuerdos olvidados de un imperio glorioso. De la España de los Reyes Católicos, que en un mismo año, 1492, hicieron historia por partida doble al llegar al nuevo continente y expulsar a los judíos de España. La España que hizo una labor evangelizadora mundial, la que integró su cultura en las sociedades del sur y el norte de América, la que los satánicos gobernantes no le perdonan que fuera de la mano de Dios durante todo su trayecto.
Ahora, lo que tenemos es decadencia absoluta, quien quiera pensar que es un problema menor, es que su capacidad de comparación es nula. «Una España fuerte es peligrosa», dijo el elitista Henry Kissinger. Sabía perfectamente que ha habido muy pocos países en la historia que fueron capaces de cambiar el rumbo de la historia haciendo tan poco daño y consiguiendo tanto y, al fin y al cabo, uniendo, lo cuál detesta el sistema, que vive de la confrontación y la división. «Divide y vencerás».
Pero para introducirse por las grietas y debilidades de un país, cual rata se cuela por las alcantarillas de los suburbios, lo que necesitas es ‘traidores’ a la patria, que debilitan la nación desde dentro, sino es muy difícil y entonces podría desembocar en una guerra. Pero esta es una guerra silenciosa, permitida por todas las altas instituciones del país, desde la monarquía hasta todos los partidos políticos que no han hecho por hacer que España volviera a pisar la gloria, sino que sus bolsillos estuvieron repletos. Sin traidores, el daño sería limitado y la bandera sabe quiénes son los culpables. Se lo ha hecho saber.


