Zapatero el farsante y los jueces que le tienen mucha manía. Por Fernando Cuesta

El 19 de mayo del año 2026, será una fecha que nunca olvidará la “familia” socialista. Ha caído el mito del socialismo contemporáneo. El que repetía una y mil veces la palabra diálogo dando lecciones de moralidad. Predicaba que con el diálogo se podía alcanzar grandes acuerdos. Cayó el que fuera presidente del gobierno de España, ganando unas elecciones salpicadas por el mayor atentado terrorista de la historia, que todos conocemos, coloquialmente, por el 11M.

Se decía que ganó las elecciones, (presidente por accidente) debido a la manipulación que el PSOE hizo del terrible atentado. Venció al PP, pese a que a todas las encuestas le daban como claro vencedor. Se trata del socialista, J.L. R. Zapatero, que stá citado en unos días, por la Justicia, en calidad de imputado, debido a que se le acusa de varios delitos vinculados a la corrupción. Pero los autos del juez sobre Zapatero dejan pocas dudas de que el expresidente debe rendir cuentas a la justicia. Los indicios de delito no dejan apenas duda. La línea que marca la frontera de la ley tienen, presuntamente, la huella del zapato del quinto presidente del gobierno de la democracia española.

Zapatero, según los indicios, ha cometido errores que deben ser expuestos ante la sociedad y, sobre todo debe rendir cuentas a la justicia para que valore si los errores cometidos están cargados de ilegalidades. Las opiniones vertidas de sus compañeros de partido no han sido muy afortunadas. Señalar que los jueces no han obrado con la profesionalidad e independencia que en una democracia se les caracteriza no es la mejor manera de facilitar la labor de la justicia. Cuestionar el trabajo que realizan los jueces, en un estado de derecho, por el hecho de aplicar la ley a un expresidente del gobierno, es una grave irresponsabilidad y además, debilita la democracia ya que quien cuestiona la justicia es, entre otros el ejecutivo español.

Vivimos en un país con una democracia consolidada y donde todos los ciudadanos somos iguales ante la ley. También el expresidente Zapatero forma parte de la sociedad democrática española y, como consecuencia, se encuentra a la misma altura que el resto de los ciudadanos. Si un albañil, un camarero, un desempleado traspasa la línea de la legalidad, la justicia actúa. El yerno del rey Juan Carlos I rindió cuentas ante los jueces y dictaron la sentencia correspondiente a sus delitos. En este país la justicia es ciega, no distingue si es hombre, mujer, pobre, rico, rey o presidente del gobierno. Si un ciudadano no cumple las normas y leyes establecidas paga la factura, debe hacer frente a las responsabilidades que derivan por delinquir.

Si el expresidente Zapatero no ha rebasado la línea que separa de la ilegalidad no debería ser un obstáculo para demostrar que los jueces se equivocan dictando un auto que no encaja con la realidad. Porque resistirse a ello y contratar un abogado no encaja con alguien que se declara inocente. Y menos aún dar cobertura a que se cuestione la acción de la justicia por parte de quienes se encuentran al frente del gobierno, que es es una grave inmoralidad y atenta contra los pilares de la democracia. Permitir que se «vomite” en la labor de la justicia, como hace el expresidente Zapatero, para tratar de presionar el trabajo de los jueces, no es la mejor manera de respetar la democracia de este país y son indicios claros de su falta de inocencia como describe el auto del juez.

El día dos el presidente Zapatero tendrá que colocarse en la “máquina de las radiografías judiciales” para el gran examen de la decencia. Estaremos atentos a contemplar las placas de esa radiografía que nos aclararán si existe algún tipo de “enfermedad o síndrome” que pudiera padecer y dar una respuesta, por parte de los profesionales, para, mejorar su salud.