Se está incrementando el número de ciudadanos que se hacen una pregunta: ¿Merece la pena esforzarse en frenar las emisiones de CO2 a la atmósfera? Se está observando que mientras los europeos se afanan en reducir la contaminación, el resto del mundo apuesta por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos sin apenas mostrar interés sobre los vertidos contaminantes a la atmósfera. Países como la India, uno de los que más contaminarían, en numerosos foros han subrayado que lo primero son sus ciudadanos y sobre ellos giran los proyectos para la mejora de vida. La mejora medio ambiental ni siquiera se plantea el firmar acuerdos internacionales par la reducción de la contaminación. Tienen muy claras las prioridades, sobre todo, los países en los que la sociedad apenas pueden disponer de tres comidas al día. Entre los que se encuentran muchos estados africanos.
Sus dirigentes tienen claro que sus prioridades no se encuentran en negar a sus ciudadanos una cierta calidad de vida siendo conscientes de que ello conlleva alejarse de los compromisos medioambientales de la vieja Europa. Es decir, lo contrario a lo que está llevando a cabo una parte de la sociedad occidental y que no es otra cosa que ‘pegarse un tiro en el pie‘. Estamos asistiendo como testigos a un gran error, que es desmontar un patrimonio social que se ha basado en el dominio de la naturaleza. Sin ese dominio, no habríamos podido alcanzar el desarrollo del que ahora disfrutamos. Hemos podido cruzar el charco por aire en un tiempo muy reducido. La aviación ha sido una herramienta que ha servido para responder a necesidades de los hombres de gran envergadura y también salva vidas. El traslado de órganos para trasplantes es una prueba clara de que los medios aéreos evitan muertes. El transporte aéreo es un medio que, si se clausura por el elevado índice de contaminación, el mundo cambiaría, pero a peor.
Otro ejemplo del dominio y reforma de la naturaleza son las trasformaciones vertebradoras para el ser humano. Hemos realizando grandes obras para aumentar la producción alimentaria. Un ejemplo son los pantanos y presas que sirve para el regadío de tierras de cultivo con el objetivo de aumentar la producción y poder alimentar a una creciente población y. por supuesto. para poder beber millones de personas. Hemos gestionado el agua de los ríos evitando que se pierdan millones y millones de litros de agua en los mares y océanos. Sin ese dominio, sin esa buena gestión de la naturaleza, no podríamos alimentar a millones de personas. El aumento constante de los habitantes del planeta ha servido de incentivo para redistribuir los recursos naturales ya que, sin ese dominio de la naturaleza, hubiera sido inevitable que millones de ciudadanos del mundo murieran por inanición. Por tanto, redistribuir el agua a través de presas y pantanos ha sido imprescindible para dar de comer a la inmensa mayoría de ciudadanos. A través de esa gestión del agua hemos podido aumentar la producción alimenticia.
El dominio de la naturaleza ha venido de la mano y a través de la investigación y como consecuencia esos resultados se han puesto en marcha investigaciones y se han desarrollo nuevas tecnologías en numerosos campos. Algo que nos ha servido para que la vida de los ciudadanos se prolongue de una manera extraordinaria. Nuestro país es un ejemplo de ello. Hace escasos años, en los setenta del siglo pasado, la esperanza de vida era de 73 años, mientras en la actualidad se encuentra por encima de los 84 años. Siendo España el segundo país del mundo, detrás de Japón, donde la vida es la más longeva. Todo ello se ha llevado a cabo a pesar de que el medio ambiente se iba cargando de emisiones contaminantes, a priori tan nocivos para el ser humano. Supuestamente, Madrid es un foco de contaminación, pero eso no ha influido en la longevidad de sus ciudadanos en relación a supuestas ciudades con mejor aire.
Luchar contra lo incontrolable
Esta lucha contra el cambió climático, algunos expertos, a los que por intereses espurios se trata de silenciar, señalan que es algo estéril. Un clima no puede ser dominado por el hombre, su influencia es mínima. Un ejemplo claro es el tiempo donde la tierra se fue liberando del clima helado que existía. Poco a poco la temperatura del planeta fue elevándose sin que para ello hubiera habido influencia alguna de contaminación. Es decir, la transformación del clima fue de manera espontánea. Un hecho que favoreció sin duda la vida del hombre. Lo mismo que ocurre presuntamente en la actualidad. Si existe ese cambió climático lo sensato es adaptarse a é como ocurrió en el pasado. Lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿si el hombre de hace miles de años no contaminaba la atmósfera, cómo se calentó tanto la Tierra? Un hecho que ha sido muy positivo para el hombre. Podemos dar testimonio de ello la humanidad actual.
Se nos trata de inocular que el cambio climático es terrible e imparable. La pregunta sería acaso si el calentamiento de la tierra en el pasado fue algo negativo, valorando lo que ha supuesto en la actualidad. Más bien, parece un negocio. Si el clima se suavizara no cabe duda que el hombre se adaptaría a ello como lo ha hecho a lo largo de la historia. La lucha contra el cambio climático es una batalla perdida. Luchar contra algo incontrolable es perder tiempo, energías y calidad de vida. La historia nos lleva demostrando que caminar en paralelo a la variación del clima es la fórmula más acertada que nos llevará a una adaptación sin perder lo conseguido hasta ahora en relación a la calidad de vida y a diversos campos no menos importantes y vertebradores de las sociedades con voluntad trasformadora.


