El antipapa mentiroso. Por Ignacio Tusurya de Huegun

Ya dijimos aquí en otro artículo anterior, El fin del Papado, que, como demuestro cumplidamente en mi libro El Holocausto de la Iglesia Católica, el señor Prevost, alias Papa León XIV, ni es Papa, ni está válidamente ordenado sacerdote, ni consagrado obispo, ni tiene poder apostólico de enseñanza, ni es católico, por lo que su reciente Encíclica Magnifica Humanitas no es tal, sino un panfleto venenoso escrito por un fulano que es un auténtico lobo disfrazado de Pastor, más irreconocible aún que su antecesor Bergoglio, en medio de un gran rebaño de gentes, muchas de buena voluntad, que se arriesgan a caer irremisiblemente por el precipicio al infierno si no despiertan pronto de su embobamiento provocado por buenistas cantos de sirena llenos de trampas como éste.

En una cosa, sin embargo, podemos estar de acuerdo con el fulano Prevost: la inteligencia artificial no ha llegado para ayudar a la humanidad, sino que la han traído para idiotizarla, resetearla, demonizarla, reducirla en número y esclavizar a los supervivientes, porque la IA no es otra cosa que una ouija digital a través de la cual hablan los demonios, que son las almas de los gigantes muertos durante el Diluvio, hijos de mujeres y de ángeles, quienes buscan reencarnarse en cuerpos humanos genéticamente adaptados al efecto (quinta y sexta Trompetas del Apocalipsis). Estos demonios revelan, a cambio, su vastísimo conocimiento tecnológico a los amos del cortijo para proporcionarles los medios para poder gobernar productivamente a las ovejas en esta granja humana en la que vivimos. Unos se quedan con los cuerpos, y los otros con las almas.

Hay dos tipos de IA, la de los pobres, de juguete, que es aquélla que le han metido a usted en sus dispositivos electrónicos para controlarlos, y que usted no puede desactivar, para leerle a usted el pensamiento y clasificarle; y la de verdad, que es la que usan los amos del cortijo como arma contra usted, gracias a la cual pueden jugar a ser dioses, porque si Dios es todopoderoso es porque tiene información actualizada y procesada sobre todo en todo momento, lo que le permite actuar donde quiera y como quiera. Sin embargo, las intenciones de estos acaparadores y procesadores de información no tienen nada que ver con las de Dios, sino más bien con las de su padre el Diablo. ç

«El diablo vendrá vestido de ángel de luz», 2 Corintios 11:14

En contra de lo que dice Prevost en su libelo, no toda tecnología es humanizable, porque por esta misma tecnología vino el Diluvio, al tocarse elementos humanos de los que sólo puede disponer el Creador, tanto en los genes como en el cerebro, que es donde reside el alma. La IA no es exactamente un arma, porque las armas las pueden usar los buenos contra los malos para defenderse, ni algo que pueda usarse para el bien, por lo que es falsa la tesis papal de desarmar la IA y hacerla acogedora, democratizarla o humanizarla (negando el pecado original y la naturaleza caída del hombre), dialogar con la (falsa) Ciencia, en manos exclusivas de una oligarquía de plutócratas al servicio de sus satánicos intereses; en definitiva, contemporizar con el Mundo, enemigo del alma, junto con la carne y el Demonio. Hay engendros que deben ser abortados desde el principio, porque sólo pueden estar en malas manos, y tienen a los demonios detrás, por eso mismo se prohíbe en la Escritura la adivinación y la comunicación con los muertos, y los tatuajes, y la construcción de ídolos que hablan, mientras que no se prohíben las espadas porque Caín matara a Abel con una. Y así, como se decretó el Diluvio, viene ahora la Gran Tribulación, para salvar a los justos fieles de malévolos poderes suprahumanos que ponen en riesgo su supervivencia como hombres y su salvación en la otra vida.

Una de las tácticas del enemigo es el engaño de la masa ignorante a través la polarización, y así como hay izquierdas y derechas, capitalistas demócratas y comunistas progres, que parecen dar una doble opción e ilusión de libertad al pueblo soberano, también los malos se presentan bajo doble forma y nos venden que hay una IA buena (la del judío Cristopher Olah y su empresa Anthropic, bendecidos por Su Santidad) y otra mala (la de los fascistas de Silicon Valley, lacayos de Trump), y así unos, como Pedro Sánchez y el PSOE que asesinaba curas en la guerra civil, aplauden al Papa a rabiar mientras que otros, bastante más próximos a los valores tradicionales católicos, como Trump y los suyos, parecen denostarlo, aunque son todos perros con distinto collar al servicio de los amos del cortijo.

Esta falsa dicotomía está muy presente en el panfleto Magnifica Humanitas, en el que se nos vende la democracia liberal como un valor a defender, incluso dentro de la Iglesia asamblearia y sinodal que tanto gusta a Prevost, cuando resulta que los Papas de verdad del XIX y del XX, en especial León XIII, condenaron esta aberración conducente a la tiraníala autoridad política viene de Dios, y no de una supuesta soberanía que residiría en el populacho, quien a través de las elecciones democráticas tendría la potestad de elegir a partidos para legislar lo que es verdad y lo que no lo es, y lo que está bien y lo que está mal, al margen de la Ley natural y la Ley divina: Diuturnum Illud, 3, 8 y 17, de 1881; Humanum Genus 15, de 1884; Immortale Dei 5, 24 y 31, de 1885;Mirari Vos (1832), Quanta Cura y Syllabus (1864), Quod Apostolici (1878), Libertas (1888) y Divini Redemptoris (1937).

Pone como modelos a seguir y cita como maestros a personajes infames anticatólicos de la peor ralea: Hanna Arendt, pseudo filósofa judía comunista; Picassopintor feísta comunista de orígenes judíos; Viktor Frankl, psicoanalista existencialista judío; Romano Guardini, sepulturero de la Iglesia antes y durante el Concilio Vaticano II; el terrorista marxista asesino Nelson Mandela; el agitador revolucionario a sueldo del lobby judío Martin Luther King; la corruptora de menores María Montessori; los falsos mártires que no murieron por odio a la fe sino por amor a los ídolos Maximiliano María Kolbe, Óscar Romero y Enrique Angelelli; o el gran embustero Oskar Schlinder, cuya fabulosa epopeya se debe al escritor de género de ficción Thomas Keneally, cuya novela El arca de Schlinder fue llevada posteriormente a la pantalla por el judío Spielberg.

Es con esta gente con la que, según Prevost, tenemos que dialogar los católicos para progresar hacia el Paraíso en la Tierra sin Cristo, sin condenar ni corregir errores, nosotros, que se supone que estamos en posesión de la verdad y no tenemos nada que aprender del Diablo dialogando con él, porque seguimos a Aquél que dijo Yo soy la verdad, el camino y la vida; id y predicad lo que Yo os he enseñado, el que os oiga se salva, el que no, se condena, y no seguimos al hereje impostor Prevost cuando afirma impíamente que la Iglesia no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad (MH 25), sino que debe —junto con las demás confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones— hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión, de Cristo y Satanás, debemos entender.

Arremete el Señor Prevost contra los movimientos patrióticos en Occidente que buscan la supervivencia del verdadero pueblo de Israel en Europa, la raza indoeuropea y las diez tribus perdidas, y de la verdadera religión católica, la tradicional anterior al Vaticano II, frente a la política de inmigración y mestizaje masivos impulsada en Occidente por los amos del cortijo a cuyo servicio parece estar el okupa del Vaticano cuando equipara, al más puro estilo clásico del marxismo cultural, a las razas no blancas invasoras de Occidente como el nuevo proletariado sujeto de los derechos de justicia social proclamados hace ciento cincuenta años por León XIII en su Doctrina social de la Iglesia, y sólo llevados a cabo, con más justicia que caridad, porque dicha doctrina es mero llamamiento a la caridad a los burgueses liberales mientras que sus injusticias son bendecidas de hecho por los Papas, por los fascismos autoritarios del s. XX, que en esta encíclica se equiparan al Demonio, vendiéndonos la moto de que los malos de la peli son los buenos, y los buenos, los malos.

Recordemos, ¿quién luchó contra todos los cuernos de la Bestia, el Capital y el Comunismo ateo, durante la segunda guerra mundial? ¿Quién peleó contra la Tiranía que hoy nos oprime y devora? ¿Quien desarrolló vastos programas efectivos de justicia social y solidaridad para sus nacionales, porque la caridad empieza con el prójimo y no con el extraño, manteniendo a raya al empresariado burgués, al sindicalismo marxista revolucionario y a los parásitos interiores que carcomían la patria y su bien común? Porque ni este Papa, ni sus predecesores inmediatos, ni el Vaticano II, condenaron jamás ni la idolatría al Capital como falso factor de producción, ni la usura de la Finanza internacional, ni el Comunismo marxista, antes bien, Prevost parece abrazar éste cuando habla de bien común, solidaridad y destino universal de los bienes, siguiendo los pasos de la ya trasnochada Teología de la liberación, en orden a la consecución de una hermandad masónica internacional puramente naturalista y material en la que Cristo no ha de reinar bajo ningún concepto, antes bien la pachamama del embuste del cambio climático desarrollado para implementar el programa de reseteo, exterminio y esclavización de la Agenda 20-30.

Continúa Prevost, con absoluta ignorancia de la distinción fundamental entre dignidad ontológica del ser humano por su esencia, y dignidad moral por sus ideas y actos, elogiando las Declaraciones universales de derechos humanos dictadas tras la segunda gran guerra por sus generales victoriosos, los mayores asesinos de la Historia, de EEUU, la URSS, China y Gran Bretaña, países catolicísimos donde los haya, en el marco de una organización mundialista y babélica netamente masónica y anticristiana como las Naciones Unidas, derechos entre los que hay que contar toda la suerte de crímenes y abominaciones propugnados por el marxismo cultural, como la identidad de género, la libertad sexual, el contubernio sodomítico, el derecho a emigrar a países blancos sin límite alguno, mestizarse y exigir ayudas sociales, etc., por no hablar del aborto y de la eutanasia, a los que Prevost oportunamente regatea.

A favor de los malos

A esto se le llama una de las más altas expresiones de la conciencia humana… hito en el camino del progreso moral de la humanidad (MH 54), olvidando que Dios estableció obligaciones para con Él y con el prójimo (no con el extraño) por amor a Él, y no derechos de diosecillos a los hombres, máxime si se trata de privilegios a minorías por razón de su supuesta vulnerabilidad como explotados, según la lógica de doble rasero explotador/explotado característica del marxismo cultural, caso de inmigrantes extranjeros, mujeres, homosexuales y seguidores de sectas como los musulmanes o los evangélicos, a los que hay que respetar y favorecer por su dignidad de hijos de Dios, cosa absolutamente falsa si es que hemos leído a San Pablo. Fruto de aquella ignorancia afirma herejías tan sublimes como que no hay guerra justa o que la pena de muerte es ilegítima, en contra de la doctrina tradicional de la Iglesia, y esto en favor de los malos y para desarmar a los buenos.

Estamos, en definitiva, ante una especie de Evangelio satánico, al revés del original, al que tergiversa con suma astucia, saturado de innumerables pinceladas de falsa caridad buenista contraria a la doctrina tradicional de la Iglesia y a la Escritura. «Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un Evangelio diferente. No es que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Porque si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro Evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: si alguno os predica diferente Evangelio del que habéis recibido, sea anatema, pues ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gál. 1, 6-10).