Las imágenes que estamos contemplando en la frontera española de Ceuta con Marruecos son muy preocupantes. Estamos asistiendo a una auténtica invasión con una multitud de personas que al pasar nuestra frontera cantan y gritan celebrando la entrada a nuestro país. Pero estas imágenes no son nuevas. En mayo del año 2021 ocurrió lo mismo cuando Marruecos se incomodó por acoger en nuestro país al líder del Frente Polisario y lo fomentó.
El sátrapa y rey de Marruecos sabe perfectamente que si relaja la vigilancia de sus fronteras las consecuencias son muy graves para España. Incentiva la llegada de emigración ilegal. Impulsa una nueva MARCHA VERDE del año 1975, la que se llevó a cabo cuando, aprovechando la agonía del anterior jefe de Estado, el anterior rey de Marruecos y padre del actual monarca, Hasan II, organizó una marcha para provocar una crisis entre los dos países de consecuencias no precisamente positivas, con el objetivo de invadir y adueñarse de las ciudades de Ceuta y Melilla,
La reacción gubernamental a esta nueva invasión, a pesar de la gravedad de un asunto tan extraordinariamente turbio, no está siendo la que merecen los españoles. El ejecutivo, con Sánchez a la cabeza, está demostrando su falta de compromiso, en primer lugar, con los ciudadanos ceutíes y a continuación con el resto de españoles, para defender nuestra independencia. Sánchez demuestra por enésima vez que es un problema para España de manera clara. Cuando existe un verdadero drama para la nación española, se desprende del disfraz para dejar ver su verdadera maldad. Es la imagen de un cobarde, la del galgo de Paiporta.
Durante los ocho años que ha estado Sánchez al frente del gobierno, la imagen de España se ha deteriorado de tal manera que no somos un país para ser respetado. Nos hemos convertido, hasta para nuestros socios, en un país del que no se pueden fiar por los innumerables cambios de opinión (mentiras en lenguaje coloquial, que ha venido diciendo Sánchez) que el gobierno ha ido realizando. Hemos dilapidado nuestras relaciones internacionales que están derivando en una falta de confianza y de rigor absoluto de cara al exterior.
El sátrapa rey de Marruecos ha jugado muy bien sus bazas aprovechando la debilidad de nuestro gobierno, ya que al estar rodeado de graves problemas, no está dedicando tiempo a la atención de los intereses de nuestro país. Además, Marruecos al ser consciente que España tiene unas relaciones muy tirantes con EEUU, ha sabido aprovechar esas diferencias y ocupar el lugar de nuestro país como uno de los más destacados aliados de Norteamérica. Las consecuencias de esas bravuconadas de Sánchez contra Donald Trump tiene consecuencias que todos los ciudadanos pagamos.
Muy al contrario de lo que sucedió, presidiendo el gobierno el PP con Aznar a la cabeza, las relaciones con EEUU eran excelentes, además éramos un país en el que la fiabilidad y la lealtad era una bandera de la que podíamos presumir y sentirnos orgullosos. Y fue esas virtudes las que intervinieron en buena parte para resolver la crisis de la Isla de Perejil, situada en las costas cercanas al país vecino y que había invadido Marruecos.

El ejército español resolvió la situación de manera inmediata con apoyo de los EEUU. La diferencia con la actualidad es que España se encontraba en un lugar muy relevante en el ranquin mundial de países destacados, con aquel gobierno, liderado por el PP, que había demostrado ser conocedor del plano internacional y por ello había escogido a unos buenos socios que resultaron estar a la altura de lo que se esperaba de ellos.
Un pueblo atemorizado
Al cierre de este artículo añadiremos que los ciudadanos de Ceuta están severamente preocupados. Su temor a hecho que a lo largo del día de ayer se haya cerrado comercios y lo que es más grave temen que, al amparo de la noche, los delitos se cumplirán.
En resumen, es muy necesario frenar democráticamente a este gobierno que nos está abocando a ingentes problemas de muy difícil arreglo. Pedro Sánchez y su camarilla está llevando a este país peligrosamente a un abismo si no se pone remedio. Debemos poner coto a este ejecutivo que está lastrando a nuestro país hacia la irrelevancia internacional y al desprestigio en particular.
Votar es urgente más que nunca y por eso debemos exigir al gobierno una convocatoria electoral para que la ciudadanía evalúe la labor que está llevando a cabo. Si no lo hace y mantiene esta legislatura hasta agotarla se acentuará, aún más si cabe, ese desprestigio que tiene no le es desconocido.


