Los dirigentes de ambas potencias venían dirigiendo amenazas contra el gobierno español por la posición contraria de Sánchez al papel de éstos en el conflicto de Oriente Medio
En las últimas semanas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó duras críticas contra el Gobierno de Pedro Sánchez, llegando a advertir de que España «lo pagará» por sus posiciones en política internacional en el conflicto de Irán. Recordemos que Sánchez se mostró crítico con el papel de ambas potencias y negó el uso de las bases americanas en suelo peninsular, Rota y Morón. Curiosamente, hace dos días señaló desde la Casa Blanca que «Europa está sufriendo una invasión». Quizás se trató de un aviso de lo que estaba por venir 48 horas después.
Meses antes, su socio, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también aseguró que España tendría que asumir las consecuencias de su postura respecto al conflicto de Oriente Próximo. «Está librando un aguerra diplomática contra Israel. No permitiré que ningún país nos difame sin que pague unas consecuencias inmediatas». Su enfado provenía de «la reiterada postura de España en contra de Israel». también aseguró que «España ha difamado a nuestros héroes, los soldados de las FDI, los soldados del ejército más íntegro del mundo», aseguró.
Al mismo tiempo, Marruecos mantiene una relación estratégica tanto con Estados Unidos como con Israel, reforzada tras la normalización de relaciones diplomáticas y la cooperación en materia de defensa, inteligencia y seguridad. Este contexto lleva a preguntarse si la actual presión migratoria sobre Ceuta responde exclusivamente a una dinámica migratoria o si también podría estar relacionada con intereses geopolíticos más amplios, lo cuál es la opción más sensata en vista de los pasados acontecimientos y declaraciones.
La inmigración como instrumento de presión
No sería la primera vez que la inmigración se convierte en un elemento de presión entre Estados. La propia crisis de Ceuta de 2021 se produjo después de un deterioro de las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos, cuando miles de personas cruzaron la frontera en pocas horas tras la relajación de los controles fronterizos por parte de las autoridades marroquíes, que fomentaron que muchos delincuentes acabaran en España perpetrando todo tipo de delitos.
Diversos expertos en relaciones internacionales han señalado en distintas ocasiones que el control de los flujos migratorios puede convertirse en una herramienta de influencia política, especialmente cuando un país controla una frontera estratégica. Especialmente, cuando el propio rey de Marruecos indultó a muchos presos que acabaron en la península.
Una coincidencia que genera interrogantes
Hasta el momento no existe ninguna prueba pública que vincule las declaraciones de Trump o Netanyahu con la actual crisis migratoria de Ceuta. Sin embargo, la coincidencia temporal entre las advertencias dirigidas a España, el poder de estos países, su alianza estratégica entre Marruecos, la permisibilidad del país vecino y la anterior crisis de Ceuta de 2021 invitan a entender que no se trata de un ataque fortuito. Además, desde hace días, mediante el boca a boca y a través de redes sociales, el pueblo marroquí fue tomando posiciones para asaltar la frontera.
No han sido ni 1000 ni 2000 sino más de 50.000 personas en un ataque que solo puede estar, presuntamente, orquestado. De este modo, las agencias de inteligencia e incluso muchos políticos tenían que conocer de antemano que esto iba a ocurrir.
Mientras continúan las investigaciones sobre lo sucedido en la frontera, la crisis vuelve a situar a Ceuta en el centro de una discusión que trasciende el ámbito migratorio y alcanza de lleno a la geopolítica internacional, aunque oficialmente no parece que, una vez más, tengamos conocimiento total de esta invasión, que parece de todo menos casual.


