Juanma Bajo Ulloa: «La cancelación no es para los artistas del régimen»

Hoy tenemos el gusto de entrevistar a un valiente, a un tipo de los que aún priorizan los principios y la verdad sobre el éxito personal, el director de cine Juanma Bajo Ulloa. Podría haber tenido una mayor carrera en la industria y la prueba está en que rompió todos los esquemas cuando hace treinta años se inventó una película triunfadora como ‘Airbag’, «de la que la ‘prensa especializada’ de la época dijo que era un bodrio», pero eligió el camino de ser justo y consecuente ante una industria que no es lo que creía que debía ser: «La cancelación no es para los artistas del régimen», recuerda.

Por eso, su carrera, habría sido distinta si hubiese decidido subirse al barco de la fama y la sumisión a los gustos de élites que instrumentalizan también el séptimo arte para imponer sus mensajes a una sociedad «manipulada y aborregada». Se volvió una piedra en el zapato, un director incómodo, uno que habla de Agenda 2030 y de «sumisos adoctrinados» y no de cuotas de género. Juanma Bajo Ulloa desgrana el mundo en el que vivimos, en el que también el cine forma parte de él. ‘El mal‘, su última película, sirve para reflexionar, lo que no quieren los poderosos, que pensemos y «el cine debe servir para eso», un cine, según él, en las manos equivocadas.

-¿Qué necesidad creativa o personal le llevó a volver con la película ‘El mal’?

-Escribí esta historia en 2006 hablando sobre la enorme necesidad del ser humano de ser reconocido, y sobre la enorme incapacidad del ser humano de observar y aceptar su lado oscuro. Pero entonces no pude llevarla a cabo. Unos cuantos años después la retomé y llegué a la conclusión de que su vigencia era absoluta. Nuestra sociedad actual es más egocéntrica y narcisista que nunca.

-¿Qué le interesa explorar del ser humano en esta nueva película que no haya abordado antes?

-Mediante el concepto narrativo de ‘cuento para adultos’, y usando el suspense, trato de confrontar al espectador con personajes que son un espejo de nosotros mismos. Personajes que gozan de libre albedrío y que toman decisiones en función de sus ambiciones, profundos deseos, temores, debilidades o vicios, llegando a límites extremos. Nos cuesta aceptar que nos vemos reflejados de algún modo en ellos, pero así es.

-¿De qué película guarda un especial cariño con el paso del tiempo?

-Suele ser una de las grandes preguntas, pero yo hago películas personales que suponen años de recorrido vital. Cada una me ocasiona un aprendizaje excepcional, deja una marca permanente y propicia la siguiente. Por tanto, no es posible elegir una. Representan un todo, y mi persona es el resultado. Sólo puedo decir que siempre la última es la que refleja este camino, en este caso “El mal”.

-¿Dónde sitúa la frontera entre provocación y honestidad en su cine actual?

Al igual que al siervo temeroso de Dios de la Edad Media, al sumiso adoctrinado de hoy día le provoca o indigna cualquier cosa. Pero sobre todo, y entre todas las cosas, le escandaliza la verdad. De ahí que cualquier discurso con cierta dosis de integridad o dignidad, es decir, refractario al régimen, le resulte indigesto.

-¿En qué momento decidió exponer a una industria que se trata de una extensión de esta sociedad egoísta y polarizada?

-No hay ninguna decisión concreta, mi discurso privado y público son similares, y expongo la realidad del cine (similar en otros ámbitos como la literatura), desde hace años, como puede acreditar la hemeroteca. Pero sospecho que, cuando un medio de largo alcance y sin pelos en la lengua como “Horizonte”, lo difunde tan ampliamente, muchos lo descubren por primera vez.

-¿Qué queda de aquel director que rompió todos los pronósticos con un peliculón como Airbag?

-Gracias por el epíteto, aunque la realidad fue más cruda. La prensa ‘especializada’, en gran parte al servicio de la llamada ‘industria, calificó la película como un bodrio en el mejor de los casos. La diferencia con la situación actual fue que el público de entonces fue a ver el filme en los cines sin conocer esta campaña de descrédito, y el boca a boca hizo el resto. Hoy día sin embargo, en una hora se destruye una obra incómoda.

Una de las escenas de AIRBAG

-Encontró un producto que funcionaba pero no quiso explotarlo, ahí se ve que usted no vino al cine a enriquecerse sino a contar verdades.

-Pese a la dureza, me gustó hacer Airbag y, conectar masivamente con el público, era algo bastante nuevo para mí y por eso lo hice. Al día siguiente, seguía pensando en hacer cosas nuevas y enfrentar desafíos desde mi percepción personal. Es lo que trato de seguir haciendo. No se trata de ser un hombre de éxito si no una persona de valor.

Adoctrinamiento mental

-En el programa de Iker Jiménez, hablaba de las condiciones que pone el sistema para que una película tenga los puntos necesarios a la hora de ser distribuida sin reparos. Y lo conectaba con el dogma woke, la paridad y demás. Supongo que eso tiene que ver con el hecho de que ahora en todas las series thriller el jefe de policía, el comisario, etc. sean mujeres. Con una pérdida de calidad evidente, según mi criterio.

-Lo mencionado en “Horizonte” es simplemente el ‘elefante en la habitación’, es decir, la omnipresente verdad que nadie menciona. Durante décadas se ha adoctrinado a la población para convertirla en una masa aborregada y manipulable. Esta ingeniería social identitaria, incluye la llamada ‘ideología de género’, y sustituye el dogma católico, propagando una autocensura y un terror a expresarse que no conocíamos desde la dictadura. Bajo la excusa ‘humanista’, se han establecido así infinitas reglas censoras no escritas que se aplican en cada película, serie, libro o noticia, manejando la narrativa para destruir así los grupos sociales, pareja, familia, comunidad. Ya nadie tolera a nadie, ya no hay adversarios si no enemigos. Divide y controlarás.

-En Frágil, el desamor se siente muy auténtico, casi como algo vivido desde dentro. ¿Hay alguna experiencia personal, propia o cercana, que te impulsara a contar esta historia? ¿Qué parte de ti hay en esa mirada tan íntima y dolorosa?

-Me suelen preguntar si me identifico con alguno de mis personajes e historias, y la respuesta es con todos. Ninguno de ellos soy yo, ninguna historia es biográfica, pero no podría contarlas si no conociese o intuyese claramente cada uno de esos perfiles humanos, cada uno de esos sentimientos de soledad, frustración, inocencia, resentimiento, aprecio, temor o compasión. El cine se convierte así en una herramienta terapéutica para conectar con mis semejantes y encontrar a aquellos que vibran en la misma frecuencia.

En sus inicios como director

-¿Le critican mucho por decir ahora ciertas cosas incómodas?

No sigo las redes. Pero supongo que hay gente que siente peligrar un status, o una identidad comprada en el mercadillo del régimen, y reacciona negando una realidad que le obligaría a tomar responsabilidades. El poder, por su parte, suele actuar de un modo más sofisticado. Sencillamente dejas de recibir apoyo, reconocimiento o simple espacio vital. Lo que se ha llamado ‘cancelación’, esa que los artistas del régimen no ven.

-¿Cómo definiría el estado actual del cine español desde dentro de la industria?

En España no hay una industria del cine como tal, hay gestores de fondos públicos y privados, y hay profesionales más o menos cualificados a su servicio, operando en su mayoría como publicistas de la ideología imperante. Lo que prima es por tanto el oportunismo y el miedo.

-¿Se siente castigado por la industria?

-No siento ningún castigo, únicamente el coste de mi decisión de independencia creativa.

-¿Ha sentido apoyo de otros compañeros o cada cuál va a lo suyo?

El mundo de la creación se fundamenta básicamente en la necesidad de reconocimiento, por tanto no hay compañeros como tal, sino adversarios. Me consta sin embargo que hay profesionales con una alta autoestima que valoran el esfuerzo y logro ajeno.

-¿Cree que hoy existe menos libertad creativa que en décadas anteriores?

Mi opinión tendría poco valor, basta con remitirse a los hechos. La creación hoy está al servicio de la llamada Agenda 2030, que invierte los recursos casi infinitos de las élites corporativas para que los creadores difundan la narrativa oficial o ‘wokismo’. Son propagandistas a sueldo de un sistema de destrucción social.

-¿En qué medida el sistema de financiación condiciona las historias que se cuentan?

-No es solo el sistema de financiación, son las televisiones, la distribución, los medios, los festivales, los premios, es decir, todo el entramado de la producción audiovisual (y de las demás industrias), apoyan, difunden y premian los contenidos ‘woke’, discriminando, bajo el parapeto de la ‘no discriminación‘, a todo lo que no sea su propaganda ideológica.

-En la era de lo rápido e instantáneo, ¿cómo encaja una película más lenta y reflexiva?

-En realidad películas como ‘El mal’, al tratarse de un thriller, tienen un ritmo bastante expeditivo. Pero efectivamente, una propuesta de cine reflexivo como esta, choca en ocasiones con las mentes lobotomizadas del espectador de hoy. Por eso solemos ver dos reacciones en el público, la persona que rechaza lo insólito y la que se ve enriquecida por esta provocación.

-¿Cómo percibe la evolución del espectador en los últimos años?

Se ha descrito una notable reducción de la inteligencia en los alumnos de las universidades, y esto es aplicable a todos los ámbitos, incluyendo los espectadores. La gente lee menos, piensa menos por sí misma, ve menos narraciones sofisticadas, y así el músculo se atrofia. Sin duda, el sistema ha hecho bien su trabajo.

Entretener y hacer reflexionar

-¿Qué papel debería tener el cine en esta cultura cada vez más acelerada y polarizada?

-El de siempre, entretener y provocar la reflexión. Con el añadido de ayudar a la población a pensar por sí misma para comprender el modo en que es manipulada y abusada para beneficio de las élites. Pero el cine es una herramienta demasiado valiosa como para dejarla en manos de los cineastas, por eso la han puesto en manos de oportunistas y mercenarios.

-¿Qué significa para usted mantener una postura independiente en este contexto?

-Decir y hacer lo que pienso y siento sin temer represalias, ya que vivo entre ellas.

-¿Ha cambiado su forma de entender el cine con el paso del tiempo?

-Ha cambiado tanto como el modo en que me veo a mí mismo. Antes creía que el cine era necesario, ahora sé que no y que, sin embargo, hay que hacerlo.

-¿Qué le sigue empujando a seguir haciendo cine después de tantos años?

-La necesidad de buscarme y comprenderme, el deseo de buscar y comprender a los demás y al mundo que me rodea.

-¿Qué tipo de legado cree que está construyendo con su obra?

-Uno bastante molesto.