Casualmente, la población rural en el país vecino es del 37% por solo un 16 en nuestro país, además de que el pastoreo sigue muy vigente allí
Gran parte de España está ardiendo y muchas ovejas humanas lo achacan al peligroso cambio climático. Los malos necesitaban una argucia ante una opinión pública que, como en todo, está dividida. Sin embargo, esa es la polarización que necesitan para dispersar su responsabilidad y que todo el país no se les eche encima. No cabe duda de que la premisa, presuntamente, es destrozar el campo y, por ende, los pueblos, porque es uno de los pocos reductos de libertad que quedan y donde hay libertad ahí está la Agenda 2030 que siguen a rajatabla los peores políticos globalistas del continente para destrozar a los suyos desde dentro.
Lo avisamos en este medio el 2 de julio. No hace falta ser un erudito para darse cuenta de que, en base a la dejadez e inacción impuesta, España volvería a arder como el año pasado. Y el próximo volverá a ocurrir hasta que no quede nada.
El primer paso fue empezar a desligar los servicios de los pueblos para convertirlo en un desierto. Ellos te dirán: «Puedes vivir donde quieras, eres libre«, a la vez que te empujan cada vez más a adentrarte en las ciudades, otra de las voluntades de la dichosa agenda satánica, que estemos todos en poco espacio, de ahí la idea de las ‘ciudades de 15 minutos’. Mucho más controlados. No es lo mismo tener a cien perros en una perrera que libres por el campo, si me permiten el símil. Así, nos encontramos con la España vaciada, un oasis cada vez más olvidado.
El segundo paso fue reventar la agricultura y la ganadería. En base a las imposiciones de la Unión Europea, los ganaderos se encontraron con todo tipo de impedimentos para desarrollar una actividad que viene siendo tan vieja como el ser humano. A su vez, xxxx todo tipo de impedimentos para poder trabajar el campo: leyes absurdas, fiscalidad y, sobre todo, multas. Mientras tanto, Marruecos, exento de todos esos condicionantes, ha crecido en su actividad a la par que países europeos ya no pueden dar más de sí porque ellos tienen libertad para seguir produciendo; su gobierno no va en contra de ellos.


Pero por si todo esto no sirviera, el colofón era aún más salvaje: destrozarlo con incendios, que muchas ovejas descarriadas achacan al cambio climático. Y la pregunta que se deberían esta extraña gente es, ¿por qué el cambio climático no afecta a un país vecino como Marruecos si las temperaturas allí son incluso más elevadas? ¿qué explicación tendrán para que en España, en los dos últimos veranos, haya ardido 80 veces más que Marruecos? Según la Estadística General de Incendios Forestales, la diferencia es esta: 566.730 hectáreas frente a 7000. Puede parecer una broma pero no lo es. Podemos saber también que en Francia, otro país dirigido por un globalista, se han quemado 156.000, aun así casi la cuarta parte que en la península.
Y los motivos de esta alarmante abismo entre ambas es sencillo: el gobierno de Marruecos no ha abandonado el campo. El 37% del país vive en zonas rurales, frente al 16% en España. ¿Qué conlleva eso? Todo. Más de una tercera parte del país africano vive de, por y para el campo, de modo que no hay ningún tipo de abandono rural. Eso quiere decir que se mantiene un pastoreo intensivo, extracción de leña y aprovechamiento continuo del monte. Si no hay monte, no comen, de modo que las ovejas, cabras, vacas y otros herbívoros consumen de forma continua matorral, hierba seca, de modo que reduce la cantidad de combustible vegetal disponible. Y es gratis, como ha sido aquí toda la vida.
No solo eso, el trabajo humano en las labores de mantenimiento en invierno no es que no se haga, es que se multa. Si los pobres vecinos, como hemos visto recientemente, deciden ir ellos mismos a hacer la labor que no le correspondería, les masacran a multas, de modo que tienen que aceptar estoicamente que algún día el monte se quemará, llegará hasta sus casas y puede que ardan ellos también, como está pasando, especialmente en estos dos últimos veranos. Los cortafuegos son la solución más práctica para evitar la propagación de las llamas y, oh sorpresa, tampoco se están llevando a cabo. Pero todo es cambio climático. No hablemos ya de la diferencia entre ambas naciones en cuanto a la capacidad de medios para sofocar los incendios.

También habrá que tener un mayor control policial sobre posibles vándalos que encienden la primera mecha, que para esos están los recursos públicos de un país, digo yo, para evitar que se destruya el propio país ante todo. Pero todas las evidencias dan igual cuando se trata de la estupidez humana, que como dijo Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo«. La estupidez no acaba nunca, no hay límites y, mientras el pueblo no esté unido, todo está perdido. Yo creo que es muy sencillo de entender, pero los cabestros seguirán estrellándose contra castillos en el aire y todos lo pagaremos.


