De nuevo un episodio de violencia, esta vez en Álava y protagonizado por menores (MENAS) tutelados por la Diputación Alavesa, ha vuelto a suceder. Unos vecinos alertaron a la policía de lo que estaba ocurriendo en una céntrica calle de la capital alavesa. Unos menores estaban perpetrando una agresión hacia tres personas. Tres varones también jóvenes, a los que dejaron tendidos en el suelo con golpes de diferente consideración y algunas heridas propiciadas por un arma blanca que poseía uno de los agresores.
Este episodio no significaba el bautizo de la violación de la ley para alguno de ellos. No era el primer delito en el que se veía involucrado. Había sido protagonista de otro episodio de similares características. En un pasado reciente había sido autor de una agresión, con gruesos tintes homófobos, a dos personas. Una agresión que por lo que hemos podido comprobar no le ha pasado factura alguna.
Se le ha solicitado una orden de expulsión del país que es muy posible que no se ejecute ya que de una manera mecánica suelen ser rechazados por el país de procedencia y, en este caso, presuntamente es Marruecos. Pero a pesar de tener una orden de expulsión, debido a su comportamiento delictivo, seguía en las calles sin control ninguno y de ahí que ha repetido su violento comportamiento.
Lo que nos indica que es un individuo que tiene una gran carencia de integración y, sobre todo, madera de delincuente. Con un añadido muy grave y preocupante que, como he señalado, está tutelado por la institución foral. Una tutela que se ha confirmado que no se está llevando a cabo de manera eficiente por la institución foral alavesa. Este nuevo incidente de agresión, que han protagonizado dos MENAS, incrementa un grado más de preocupación al conjunto de la sociedad española. Una sociedad que ya ha mostrado en demasiadas ocasiones su gran malestar por la falta de seguridad.
Este episodio a buen seguro ha contribuido a un aumento del enfado de los ciudadanos, en este caso, vitorianos. Y no es para menos, sobre todo, cuando es la Diputación de Álava la que tutela a estos MENAS y se observa, claramente, que existe una gran negligencia y dejación de funciones de la institución responsable de su tutela. Este nuevo capítulo es la gota que colma el vaso y la sociedad merece un respeto. Un respeto que tiene que traducirse en asumir responsabilidades. El diputado de asuntos sociales, de la Diputación de Álava, es el máximo responsable de los centros de MENAS que claramente no han cumplido con su cometido.
Este no es otro que el exalcalde de vitoria, Gorka Urtaran, cómo no, del PNV. Este señor debe asumir las responsabilidades que se derivan de los hechos que he señalado y creo que ya está tardando. El señor Urtaran debe presentar su dimisión. Debe renunciar a su cargo debido a unos hechos que no es capaz de controlar. Ha mostrado que no está a la altura de las circunstancias. No es la persona más adecuada para el cargo, sobre todo, si en pocos meses se va abrir un macrocentro de refugiados en esta misma ciudad vasca.
Centro más grande del país
Parece que Vitoria es el adalid de la inmigración, porque el centro que comento será el mayor centro de refugiados del país. El edificio donde se van a establecer está dotado para más de 300 personas. Unos refugiados que no conocemos si en los países de procedencia han tenido y tienen problemas con la ley. No conocemos si serán individuos con antecedentes penales y viendo lo que ha sucedido con este caso, mucho nos tememos que episodios como el subrayado es muy posible que se repitan. Con un añadido preocupante. Los refugiados que tenemos que acoger no estarán tutelados por las instituciones ya que no son MENAS, lo que significa que mal futuro espera a la sociedad vitoriana, habida cuenta de lo que hasta ahora está sucediendo con individuos carentes de interés de integración.
No se trata de xenofobia el rechazar a personas extranjeras que no se comportan con arreglo a la ley. Se trata de velar por la seguridad de la sociedad. De que la ley se cumpla y no tener que salir a la calle con miedo a que te asalten, te violen o que te agredan por ser homosexual o lesbiana. En el episodio de agresión descrito, como he señalado, uno de los presuntos autores es reincidente. Es decir, la ley no ha servido para frenar esta segunda agresión. Lo cual indica que nuestro código penal tiene mucho que corregir porque existen varios culpables de la agresión a los tres jóvenes. Los dos agresores y los gestores políticos que, lejos de proteger a los ciudadanos les han dejado solos, en este caso, frente al delito y sin escudo para poder defenderse.


