En no pocas ocasiones se suele confundir la falta de experiencia con la inmadurez. Algo que es un error. Un ejemplo claro es que podemos haber cumplido muchos años, pero la madurez no la hemos alcanzado en consonancia con la edad. A pesar de que el tiempo que ha trascurrido nos ha proporcionado experiencia que, si no va acompañada de madurez, el resultado no es el más idóneo y está lejos de cumplir las expectativas que habríamos despertado. De ahí que solemos decir, coloquialmente, cuando vemos que no se lleva a cabo bien algún tipo de actividad: “Con la edad que tiene, de conocimientos como un niño”. Aunque también existen personas que a pesar de ser jóvenes tienen la cabeza sobre los hombros, bien amueblada. La falta de experiencia, causada por su corta edad, no significa que sea menos responsable. En ocasiones, estas personas jóvenes y maduras suelen demostrar que su falta de vida no impide actuar de manera adecuada.
El mundo de la política no es la excepción. Tal vez exista una mayor proporción de inmadurez que en otros colectivos. Tal vez podríamos decir que suele ser el denominador común. Al no haber ninguna prueba de acceso a la política, permite que se incorporen personajes singulares. Personajes que son infantiles, pero con una gran dosis de populismo en sus discursos. Y con una notable inmadurez.
Lo podemos comprobar casi a diario. Ignoro si es inmadurez disimulada y se debe a que hay que demostrarla de modo artificial, para no romper la disciplina de partido a la hora de votar o es que es una inmadurez real. Porque pertenecen al mundo de la ‘farándula’ de la política en una versión del peor teatro. Muchas veces, diría que demasiadas, los políticos demuestran ser más actores que verdaderos políticos. Asistimos en ocasiones a ruedas de prensa en las que el político de turno parece interpretar una obra de teatro, pero con un guion deplorable y una puesta en escena patética.
El hemisferio de la política española no se encuentra fuera de lo anteriormente descrito. Porque también hay personas con nombre y apellidos que, abiertamente, sin apenas disimular, exhiben su inmadurez a pesar de haber alcanzado la suficiente experiencia al cabo de un tiempo prolongado inmersos en el mundo del servicio público. Me voy a referir al líder de VOX, Santiago Abascal. Un hombre que lleva muchos años en el mundo político. Una persona cuyo currículo de supervivencia es muy amplio. Ha tenido que aguantar la presión de los asesinos de la banda terrorista ETA. La banda en varias ocasiones atentó contra los intereses de su familia en los negocios que tenían en Amurrio. Santiago Abascal y su padre, Abascal Escuza, ya desaparecido hace casi once años, tuvieron que aguantar, heroicamente, las amenazas continuas. El líder de VOX se curtió en mayor medida que el resto de muchos políticos. El haber superado las amenazas de ETA proporciona una piel dura y resistente. Pero todo ello, a pesar de tener un gran mérito, no ha ido en consonancia con la madurez.
Abascal ha arremetido contra el líder del otro partido de la derecha y del PP, Núñez Feijoo. Le ha criticado por el aceptar la invitación de Pedro Sánchez a la Moncloa. Una invitación que denomina como “invitación trampa”, que solo servirá, presuntamente, para que Sánchez la utilice en beneficio propio con el fin de blanquear su negra gestión de gobierno. Pero el líder del PP no ha considerado las exigencias de Abascal para rechazar la invitación a Moncloa. Núñez Feijoo ha optado por acudir, ya que el partido al que representa debe actuar como una formación con clara vocación de gobierno. Por tanto, el acudir a la residencia del Presidente del Gobierno no es cortesía, es una norma no escrita que podríamos interpretar como una obligación institucional, con independencia de cómo se quiera interpretar esa aceptación.
Abascal demuestra con esa crítica o exigencia hacia Feijóo que no ha alcanzado la suficiente madurez para ocupar el lugar que ocupa en el escenario político. En el lenguaje futbolístico podríamos decir que Abascal debe pasar algún tiempo más en el equipo filial o tener que recurrir a una cesión a algún equipo de categoría inferior, con el objetivo de que, en un futuro, pueda ocupar un puesto en el equipo titular con unas mínimas garantías de responder a lo que se espera de él. Abascal no parece muy consciente de que comparte los mismos objetivos que Feijóo, aunque no emplee las mismas estrategias para alcanzarlos. Lo importante es llegar a obtenerlos y el líder de VOX demuestra su inconsistencia política errando en su estrategia, colocando al PP en el centro de sus críticas. De este modo, delata su debilidad. Una debilidad que suele tener unas repercusiones muy negativas en el plano político.
Encuestas favorables
Destapar los defectos en política es empezar a cosechar fracasos. El señor Abascal se encuentra exultante porque las encuestas le sonríen, pero no parece ser muy consciente que eso no es un buen referente para diseñar una estrategia política. El considerar casi infalibles las encuestas en un pasado no muy lejano han demostrado que es un error. Precedentes hay que no han servido cuando se han abierto las urnas. Aun así, el crecimiento en Extremadura también podría extrapolarse a nivel nacional. El 23 de julio de 2023 y, un tiempo más atrás, un 14 de marzo de 2004, las encuestas daban como ganador a la derecha y resultó que la realidad se impuso a las encuestas.
En la actualidad Abascal no parece haber aprendido. No parece que la experiencia haya contribuido a su madurez. Un hecho que puede llevar a un nuevo revés electoral. Aunque el resultado en Extremadura no ha influido en sus decisiones, pero garantías no hay de nada. En resumen, los partidos de la derecha no deberían pelearse como niños. La política no es un espacio de recreo. La política es para personas con experiencia y muy maduras. En un anuncio para buscar trabajadores, escribiría como requerimiento: “Abstenerse personas carentes de madurez”.


