El Gobierno de España ha aprobado el anteproyecto de ley del derecho al honor y a la intimidad personal en el que se tipificará como delito el uso y difusión de imágenes o audios manipulados sin consentimiento, mediante el uso de la inteligencia artificial. Realmente, se protege de esta manera el derecho al honor y la intimidad de las personas, incluyéndolo como delito contra el honor. La IA ha supuesto una revolución imparable, pero ciertos usos son degradantes para las personas por lo que la medida tiene sentido.
Más allá de la nueva norma del derecho a la rectificación, lo que supone una medida de control a los ‘influencers’ para limitarles y restarles libertad, este decreto cobra validez en función del uso que se le está dando, a medida también que la inteligencia artificial avanza. En los últimos tiempos, se estaban viendo en redes sociales muchos usuarios que pedían desvestir, artificialmente claro, a mujeres. Si bien, las normas de las plataformas impiden desnudos, no es de recibo que se creen imágenes de mujeres en bikini que no lo desean.
Pero como pasa siempre, está el otro reverso de la moneda. Muchas usuarias que acostumbran a salir ligeras de ropa, utilizaban esta herramienta ellas mismas para pedir a ‘Grok’ que les despojara de la ropa. En definitiva, una perversión en redes sociales que debe ser controlada. De momento, en X, por ejemplo, han comenzado las limitaciones y solo se permitía realizar esta acción a usuarios que contaban con la marca de verificación. Casi más grave parece la edición de posibles audios en los que se puede colocar cualquier barbaridad delictiva en boca de otros.
¿Vídeos?
Los próximos meses y años dictaminarán hacia donde se dirige la IA, pero realmente esta tecnología ha causado un cambio repentino demasiado brusco y sus usos muchas veces no se pueden regulados, con el perjuicio que supone para las personas. Y eso que la tecnología no ha alcanzado su perfección en los vídeos, pero será un capítulo aún más farragoso, puesto que llegará el momento, y no está lejos, que no sabremos distinguir entre realidad y ficción, y el caos puede ser tremendo.


