Josué Cárdenas, tras su viaje a Irán: «Trump ha hecho que haya más fanatismo, más fervor religioso y más anti sionismo en Irán» (Parte 2)

El periodista aboga por la libertad de acción para el pueblo iraní: «Esta civilización debe seguir su curso sin coacciones, bloqueos ni bombardeos»

…Hay demasiados momentos en mi cabeza, difícilmente ordenables. Edificios destruidos por las bombas; iranís animando y loando a España en el Mundial, al igual que en Gaza, por la posición geopolítica del gobierno de Sánchez; una mujer velada consolando a su hijo pequeño porque llora desconsoladamente por la muerte de Jamenei; varias horas escuchando llantos y música tradicional en el funeral; responsables políticos o periodísticos vestidos como si fueran meros becarios, sin ninguna pomposidad; chicas mirándome con una sonrisa por mis rasgos absolutamente ajenos a la realidad de allí… Otro de mis compañeros del viaje, el famoso Mowlihawk en YouTube, visitó barrios de lujo de Teherán en los que ves coches y casas más lujosas que en Marbella…

Me llevo, ante todo, la duda de si toda esa gente actúa por fanatismo e imposición o por pura convicción profunda. Varios representantes, como por ejemplo un viceministro de Cultura o el jefe de la mayor agencia de noticias de Irán, me recalcaban que ellos no quieren utilizar su energía nuclear para hacer daño a población civil y aseguraban: «El Corán no nos lo permite». ¿Se imaginan en España a mandatarios que en lugar de apelar a la Constitución para adoptar una medida, lo hicieran a la Biblia o al Catecismo? ¿Les llamaríamos fanáticos religiosos o simplemente hombres y mujeres que tienen en cuenta a Dios?

Ellos tienen problemas económicos internos potentes. Una inflación difícilmente controlable y unas sanciones norteamericanas inasumibles para cualquier otro país.

Su punto álgido de crisis económica se produjo durante las protestas de enero por aquellas calles que he podido transitar. Esas protestas se saldaron, según cifras del Gobierno, con unas diez mil muertes. Extraoficiales hablan de incluso treinta mil muertes. Una barbaridad en términos cuantitativos y yo diría que morales. Los partidarios del actual Irán se defienden asegurando que cualquier país occidental también aplicaría severas respuestas a manifestaciones en las que se apele a la rebelión contra el Estado o que se porten armas de fuego que pongan en peligro la estabilidad de la nación.

Más si cabe si se descubre que están financiadas por servicios de inteligencia extranjeros directamente enemigos de tu país. Aun así, considero sinceramente inmisericorde e implacable la respuesta del Gobierno ante unas concentraciones que se convocaron por la vía legal, que fueron permitidas, pero que se convirtieron en el caldo de cultivo y yo diría la excusa perfecta, para el plan de los republicanos norteamericanos contra Irán.

Josué coincidió en Teherán con el creador de contenido, Mowlihawk

He podido llegar a la conclusión de que Trump creía que Irán era Venezuela. Que en este caso ni siquiera secuestrando a su líder, sino asesinándolo, se haría con el control de la zona e Irán sería otro Iraq, Afganistán, Libia o Siria. Y, sobre todo, Israel podría tener vía libre para su proyecto expansionista llamado «El Gran Israel. Desde el Nilo hasta el Eúfrates». Por el contrario, lo que ha conseguido Trump es más fanatismo, más fervor por el líder, más animadversión sumada a la ya preexistente hacia EE. UU. e Israel, más rencor y odio contra el sionismo y que Jamenei, más allá de los juicios de valor, se convierta en aquel que ha podido unir en su persona y entregar el testigo de la idea de la patria y la idea de la fe para millones de iranís, dos cuestiones mucho más potentes de las que pensamos en Europa. Ni por asomo se vislumbra un retorno de la monarquía del sah de Persia, aunque se respetan sus monumentos y palacios, amenazados por los constantes bombardeos, que a día de hoy se siguen produciendo al sur del país.

Sé que la etiqueta de blanqueador del régimen tiránico de Irán, para muchos que ni leerán este artículo, la llevo en la frente y os aseguro que no es mi intención llevarla. Simplemente quiero advertir de los peligros de las imposiciones de ciertos valores, por muy loables que nos parezcan, a base de sangre y fuego. No soy defensor de que cualquier cultura es abrazable y respetable. Tampoco me siento con el ombligo suficiente como para decir que los valores que EE. UU. establece desde su independencia hace 250 años y tras la victoria de la Guerra Fría me parecen asimilables por todo el mundo y deban ser los imperantes a base de armamento.

Esa civilización persa, a la que amenazó una noche Trump con borrar de un plumazo, debe seguir su curso y torear los vientos de la historia abrazando cada vez más la libertad, pero sin coacciones, bloqueos ni mucho menos bombardeos. Deben ser ellos mismos y seguir explotando sus propios recursos naturales y económicos, tan solo siendo sancionados cuando cometan una verdadera y objetiva agresión contra los derechos humanos, como por ejemplo cometen a diario sus máximos detractores.

Los funerales por la muerte del líder Jamenei

En mi último día de estancia en Irán, un poco sobrepasado por tanta imagen en las calles de Jamenei y un poco harto de tanto pistacho, un compañero periodista sudafricano me preguntó en un perfecto inglés: «¿Echas de menos tomarte una copa de alcohol?». Le miré fijamente a los ojos y en un inglés más macarrónico le respondí: «Por supuesto, cuando llegue a España tomaré una copa a tu salud». Y le añadí en español: «Si Dios quiere». No sé si entendió mi final; el iraní que nos escuchaba dijo: «Insha’Allah». Mi sorpresa fue cuando en el viaje de vuelta y después de hacer escala en Estambul, en la aerolínea turca, pude pedir sin temor un vasito de Red Wine. En ese momento pensé: «Qué bonito sería un Irán sin bombardeos en el que poder tomarse un buen vaso de vino».

Con este deseo acabo mi crónica sobre mi viaje a Teherán en 2026 y, por supuesto, lo complemento con un simple, pero alentador, «si Dios quiere». Irán no lo cambiará Trump con sus bombas, solo y, dado el fervor religioso de su pueblo, Irán cambiará solamente si Dios quiere.