Juan Carlos I muestra arrepentimiento por algunas de sus decisiones personales, se muestra dolido por su situación familiar, además de alabar la figura de Franco
En sus memorias tituladas Reconciliación, Juan Carlos I rompe su prolongado silencio ofreciendo una versión personal de su vida y reinado, decidida —según confiesa— para que “no le roben su relato”. El libro arranca con los recuerdos del exilio y la tragedia familiar que marcó su infancia: la muerte accidental de su hermano Alfonso tras un disparo suyo. Desde ahí traza su ascenso hasta la jefatura del Estado tras la muerte de Franco, a quien reconoce como el hombre que le colocó en el trono, aunque insiste en que su verdadera lealtad fue hacia la democracia. Es un relato para explicar su punto de vista sobre muchos asuntos que marcaron su reinado, aunque lo que deja entrever sobre todo es la vulnerabilidad de un hombre en varios aspectos. Se siente abandonado por su familia, puesto que la Reina Sofía no le «visita» en Abu Dhabi, está distanciado con su hijo, su relación con Letizia nunca ha sido buena, no ve a sus nietos y reconoce que fue «débil» cuando Corinna se cruzó en su vida, entre otras infidelidades.
Con un tono entre la confesión y la defensa, el rey emérito aborda los episodios más controvertidos de su biografía. Admite haber aceptado un donativo millonario del rey saudí, “un error grave”, y asume que la falta de transparencia en sus finanzas fue uno de los grandes fallos de su reinado. Habla sin rodeos de su relación con Corinna Larsen y de otras infidelidades, lo cuál siempre había sido un tema candente, a las que llama “debilidades de un hombre”, al tiempo que elogia con afecto y respeto a la reina Sofía, a quien describe como “irreprochable”, aunque reconoce que no le visita en su retiro, seguramente para «no molestar a su hijo«, del que está distanciado. Sobre su marcha a Abu Dabi en 2020, sostiene que fue una decisión personal para “no perjudicar la Corona ni a Felipe”, aunque confiesa que vive con nostalgia de España y desea volver algún día a morir en su tierra. Tampoco su relación con la reina Letizia Ortiz ha sido boyante, «nuestra relación nunca fue fácil«, aseguró, antes de lanzarle un dardo envenenado. «No ayudó a la cohesión familiar«.
El texto incluye pasajes de fuerte carga emocional hacia su hijo. Reprocha a Felipe VI la retirada de su asignación y su renuncia a la herencia paterna con la frase: “No olvides que heredas un sistema que yo he construido”. También deja entrever una relación distante con la reina Letizia, a quien responsabiliza parcialmente del enfriamiento familiar. Aun así, subraya que su prioridad es que la institución monárquica sobreviva a su figura. Sí que se quiso acordar de Francisco Franco. «Él me hizo rey”, y que sin su designación como sucesor en 1969 “la historia habría sido otra”. Sin embargo, insiste en que nunca fue “franquista de corazón”, pero resalta el papel de su antecesor. «una figura decisiva, sin la cual no puede entenderse la España moderna«.
«España no es muy monárquica»
El Rey emérito advierte en sus memorias de que la monarquía en España sigue siendo «frágil» y objeto de ataques pero asegura haber depositado toda su confianza en su futuro tanto en su hijo, Felipe VI, como en su nieta, la Princesa Leonor, de la que asegura que está «extremadamente bien preparada«. Sin embargo, sorprende la declaración de que «España no es muy monárquica» cuando el país lleva medio siglo sumido en una monarquía parlamentaria cuyo balance es bastante dudoso. Las escarceos amorosos de Juan Carlos, bien sabidos y callados por la prensa durante décadas, los escándalos de Urdangarin -‘el duque empalmado’ – la situación con Marichalar, la mala fama de Letizia, la falta de transparencia y el habitual inmovilismo de la Casa Real cuando el país se ha visto envuelto envuelto en tensiones internas que pedían cierta acción, han provocado un desapego gradual hacia la Casa Real.
Reconciliación se lee como un ejercicio de memoria y de autodefensa: un intento de restaurar su legado histórico y moral tras años de escándalos, un testamento político que mezcla arrepentimiento, orgullo y una reivindicación clara de su papel en la historia reciente de España. Y, sobre todo, un desahogo para un monarca que mira atrás consciente de que hoy le pesan los errores del ayer y al que le afecta su situación personal y familiar.


