Nadie podía adivinar, ni por lo más remoto, que un gobierno democrático en España, iba a estar envuelto en una acentuada crisis de credibilidad que está desembocando en una organización criminal. Desde que en 1975 se inició la Transición no habían sucedido episodios de corrupción de tanta trascendencia que están viéndose salpicados incluso, por personajes que han formado parte del gobierno como ha sucedido con el Ministro de Transportes J.L. Ábalos, que actualmente se encuentra en prisión.
Los jueces están desarrollando una tarea que, ni en sueños, hubieran pensado llevar a cabo. A pesar de que un sector de la sociedad representada por ciertos responsables políticos tratan de entorpecer su trabajo, están consiguiendo ejercer su cometido constitucional. La labor que, por otra parte, tienen encomendada, la están llevando a cabo de manera extraordinariamente notable y observando lo que sucede a su alrededor lo están llevando de manera muy valiente. A pesar de que se ha tratado de socavar su credibilidad tratando de buscar ‘errores privados’, están consiguiendo rescatar los delitos de las entrañas de sus protagonistas, los delincuentes.
Los jueces se están convirtiendo en verdaderos baluartes de la democracia de este país. Están demostrando estar dotados de una verdadera vocación de servicio a la democracia y a la libertad de nuestro sistema. Su oficio lo están transformando en auténtico flotador de la democracia que se encuentra amenazada.
Ese trabajo que están llevando a cabo los profesionales de la justicia, a pesar de ser zancadilleados, se ha traducido en que varios cargos públicos del PSOE están investigados por, presuntamente, haber cometido varios delitos. Desde algún ministro, como he señalado, hasta la familia del presidente del gobierno se encuentran cerca de ser acusados de varios delitos y algunos de ellos tiene una petición de prisión de hasta veinte años.
Nuestro país ha atravesado numerosos episodios de difícil resolución. Hemos hecho frente a un golpe de estado, 23-F. También hemos superado el mayor atentado terrorista de nuestra historia como fue el 11-M. Sin olvidar, el casi medio siglo que hemos sufrido a través del terrorismo de ETA con 856 asesinatos y cientos de heridos. Todo ello, con más o menos esfuerzo, lo hemos superado, aunque aún nos queda por resolver totalmente el capítulo de ETA.
La corrupción actual, que ha dado paso a una organización criminal, no me cabe duda que vamos a superarla. La democracia de nuestro país está tan sumamente consolidada que es prácticamente imposible su desarticulación. Los poderes del estado están fortalecidos de tal manera que si uno de ellos se encuentra amenazado o debilitado el resto sale de inmediato en su ayuda. Lo mismo que sucede actualmente.
Democracia con garantías
El poder ejecutivo se encuentra acosado por elementos que forman parte del poder ejecutivo y legislativo, pero no han calculado ni valorado suficientemente el poder de defensa que tiene la Justicia. Un hecho que a nadie le cabe duda de que se plasmará en la derrota de las amenazas que rodean a la justicia, aunque al frente de ese ataque se encuentre el que coloquial se le conoce como el “número uno» o “el puto amo”.
Contra una democracia consolidada como la española no cabe ningún proyecto de derribo por muchas cargas explosivas se coloquen. La sociedad española sabe que, más allá de nuestro sistema de libertades, hay un abismo y no está dispuesta a repetir errores del pasado. Ni Sánchez, ni Zapatero, ni los Iglesias, ni los Otegui, ni los Pradales, ni los Puigdemont….. podrán derribar los pilares de nuestro sistema de libertades. La batalla la tienen perdida desde que la iniciaron.


