En muchas ocasiones hemos escuchado que, a través de perfeccionados procesos de meditación, algunos monjes tibetanos podían llegar a abstraerse de situaciones como el dolor, la temperatura, la incomodidad, etc. No ya que puedan controlar su mente y los pensamientos que llegan a ella, sino que incluso pueden no padecer dolor. A la medicina seguro que le cuesta aceptarlo, pero es así. Muchos occidentales podrían defender en vista a su experiencia de vida que se trata de una quimera no padecer dolor o frío. Pero en 1963 algunos pudieron cambiar de opinión, al producirse la prueba más vívida a la par que desagradable. Thich Quang Duc era un monje tibetano que decidió prenderse fuego para alertar sobre las injusticias cometidas contra los budistas en Vietnam. Quang duc se colocó en la posición de loto, se prendió fuego y no se movió lo más mínimo hasta que se consumió. Nadie daba crédito.

Otro caso interesante es del famoso Win Hof. A raíz de la muerte de sus esposa buscaba una sanación… y la encontró en el frío. «Frío y respiración«, dice él. «Busca y encontrarás», dice la Biblia. Se convirtió en la persona que más tiempo podía aguantar en un baño de hielo y, entre sus proezas, destaca la subida al Everest en pantalón corto y sin camiseta, correr un maratón en el Ártico en pantalón corto o disputar una maratón en el desierto de Namibia sin beber agua. También ostenta récords por nadar bajo el hielo durante más tiempo, estableciendo una distancia de 57.5 metros en el año 2000. Y eso que él era uno más, no se entrenó durante años en un monasterio. Así, Win Hof creó una escuela para enseñar a otros a amar el frío. Sus análisis no mentían. A sus 66 años sus analíticas eran impropias de alguien de su edad y él asegura que lleva décadas sin enfermar y que nunca había sido tan feliz. Las analíticas de sus pupilos mejoraron igualmente.

Por tanto, algunas de las creencias acerca de las sensaciones del cuerpo distan mucho entre unos y otros. Lo que para unos es una tortura, para otros un placer. Es el caso de otro monje tibetano al que le gusta sentarse a meditar en alta montaña, donde las temperaturas alcanzan fácilmente los 40 grados bajo cero. Lo hace con unos ropajes muy ligeros y sin mangas en la camiseta. Unas imágenes que hielan hasta la sangre, al verse cubierto en nieve. Los límites del ser humano, a debate.


